“Agarraron a mi hermano con 10 gramos de marihuana de uso personal. Iba saliendo de la casa cuando lo revisaron. Lo acaban de trasladar a Chihuahua. No tiene antecedentes”.

“Me metieron por traer 13 gramos de marihuana y pues yo iba a comprar pero había operativo y pues no me dejé llevar y me echaron los 13
, pero no eran míos, yo iba a comprar”.

“Soy menor de edad y me detuvieron por posesión de (3 onzas) de marihuana, me citaron para esclarecer los hechos en la PGR de adolescentes, en el juicio. 
En la carta dice por comercio y que se me asignaría un defensor público. ¿Qué pasará?”.

Los anteriores son relatos que —principalmente— jóvenes han dejado en la página de internet de Espolea, una ONG que busca visibilizar temas prioritarios para los jóvenes. Los comentarios cuentan la historia de los consumidores criminalizados y acosados diariamente por la policía y por el sistema penal. Muestran la simulación que implica despenalizar el consumo sin despenalizar la posesión. En México el consumo no es delito, pero sí lo es la posesión, incluyendo la posesión para consumo.

Decir que el consumo no es delito cuando la posesión sí lo es, es como decir que en un edificio al que sólo se puede ingresar por unas escaleras no se discrimina a las personas que usan sillas de ruedas. Penalizar la posesión, como ocurre en México, es penalizar a los consumidores. Es exponerlos al constante acoso de nuestros policías, que con frecuencia buscan arrestos fáciles y una oportunidad para extorsionar. Es exponerlos a los fiscales que quieren lograr consignaciones rápidas para subir sus números de productividad sin perseguir los delitos más graves.

En cualquier país seriamente comprometido con la justicia, las instituciones penales tendrían que demostrar la intención de venta del poseedor como condición para procesarle y sancionarlo por el delito de narcomenudeo. Sin embargo, algunos sistemas, como el mexicano, han optado por el uso de umbrales para lograr procesar delitos de narcomenudeo. Por encima de los umbrales, se asume que la posesión es para venta y, sin requerir más pruebas, se sanciona con hasta tres años de prisión. El umbral tolerado de marihuana, sin embargo, raya en el absurdo. Si bien 5 gramos son suficientes para forjar un par de cigarros de marihuana, no toma en cuenta que los consumidores rara vez compran tan baja cantidad. Tal como un consumidor de tabaco no adquiere cigarros de tres en tres (de hecho, la venta por unidad está prohibida, pues lo hace más barato y por tanto accesible a menores) los consumidores de cannabis tampoco compran 5 gramos a la vez. El mercado negro no suele ofrecer paquetitos de a cigarro.

Para evitar la criminalización de usuarios, la iniciativa que envió el presidente Peña Nieto al Congreso incluye la despenalización de la posesión de marihuana sin fines de comercio de hasta 28 gramos. No se trata de una propuesta original o radical, otros países han establecido umbrales —más elevados— para evitar la criminalización de usuarios. Uruguay, por ejemplo, estableció un umbral de 40 gramos de portación; Australia, 50; España, 40; Dinamarca, 50. La ultima versión del dictamen sobre las reformas propuestas que circula en el Senado, sin embargo, suprime todo lo relacionado con la descriminalización de los consumidores, limitándose a regular la importación de derivados farmacéuticos de marihuana medicinal. ¿Cómo explican los senadores responsables la eliminación de la parte relativa a los consumidores? ¿Qué responderán estos senadores a los jóvenes que son detenidos y encarcelados? ¿Qué les dicen a sus familias? Nuestros legisladores simulan, nuestros policías extorsionan y nuestros jóvenes lo padecen. El (los) negocio(s) clandestino(s) queda(n) intocado(s) y la reforma a la política de drogas en México se posterga una vez más.

División de Estudios Jurídicos CIDE
@cataperezcorrea

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