Gabriel Medina, el protagonista de "" (Random House), la nueva novela de, el escritor venezolano afincado en México desde hace varios años, quiere lo que muchos latinoamericanos ansían, huir de la realidad de su país. “Esa idea de Gabriel Medina de que la felicidad consiste en no saber nada de la realidad y que cuando estés más lejos de la noticia más feliz vas a ser, es muy tentadora, pero es imposible escapar del presente”.

El autor de La enfermedad, que sitúa a su protagonista en la Venezuela actual, un país carente de institucionalidad y con una crisis económica y política brutal, habla de la fragilidad de la verdad, de la complejidad de las relaciones humanas, del suicidio, de los límites de la percepción de lo real y de la realidad venezolana y mexicana.

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¿Tu novela es el retrato de Venezuela y América Latina?

Un lector venezolano puede encontrar unas claves particulares, pero la novela se puede leer desde cualquier lugar y funciona para cualquiera de nuestros países. Es un retrato de sociedades donde el ciudadano ha perdido más poder y las instituciones ya no son confiables y el poder está en manos de gente que parece querer la violencia y las informaciones también ruedan sin ningún control; todo este contexto lo que produce es una mediocridad en la propia vida civil.

¿Nos hemos perdido?

Vivimos en sociedades donde el poder aplica una suerte de gaslighting sobre los ciudadanos; todos estamos desconfiando de nuestra percepción, no solo en los demás, sino en nosotros mismos.

¿Es nuestro destino como latinoamericanos tener estas sociedades?, ¿tenemos salida?

Me resisto a pensar que nuestros países son así y así es nuestro destino, pero hay que reconocer que nos ha tocado un tiempo difícil. En lo personal yo nunca renunció a la esperanza, hay países peores que otros y hay que fijarse en las cosas buenas que suceden, pero realmente la etapa que estamos viviendo es muy dura, difícil y oscura.

¿Así es la Venezuela actual?

Es el retrato de un país que está absolutamente desmantelado de institucionalidad, la única institución que parece existir en la novela es El Archivo, un lugar absolutamente inútil a donde van todos los documentos del país. Del resto, lo que funciona son cuerpos policiales, militares, gente armada y nada más, entonces es un país sin institucionalidad, movido más por la violencia que se ha normalizado un poco y donde los ciudadanos no tienen poder. Eso quiere decir también que es un país sin política porque no hay debate ni relación de fuerzas.

¿Es una obra tocada por la realidad mexicana?

Al menos no consciente ni deliberadamente, pero la escribí aquí, vivo aquí desde hace muchos años, estoy en contacto con las noticias de lo que sucede en México, que tampoco es tan distinto a lo que sucede en Colombia, en Perú, y algunos europeos piensen que están igual o peor, y en Estados Unidos piensen que todo está muy violento y de cara a las próximas elecciones el panorama es terrible. El escritor es como un espía, que va tomando de todo lo que oye, ve, escucha, y se lo roba y después eso aparece en sus libros.

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¿Hay esperanza para Venezuela y para los venezolanos?

En el análisis real de cómo está la situación hoy en día no se ve un claro un desenlace, no hay nada que indique que las próximas elecciones puedan ser confiables y transparentes, al menos no por ahora. Es una situación muy difícil, con una crisis económica, con una falta de institucionalidad, un partido controla todo, y además con muchas dificultades internacionales. Pero la esperanza es irracional, por suerte, uno siempre tiende a creer que las cosas deben mejorar.

¿En México te sientes en casa?

Estoy muy agradecido con México, es un país generoso, complejo, muy interesante, a mí me gusta mucho México y yo no soy de los que ve en México un espejo de lo que sucedió en Venezuela, creo que hay muchas diferencias, creo que México es un país mucho más grande, difícil y complejo que Venezuela en todos sus sentidos, y que más allá de lo que ambicionen o no cierta gente, la complejidad misma del país se impone y produce otro tipo de realidad, por supuesto que tiene sus problemas, pero yo nunca he establecido como esa especie de comparación directa entre el proceso venezolano y el proceso mexicano.

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