"", de T. S. Eliot, "poema reputado como uno de los más originales de la literatura occidental, es el menos original que puede encontrarse porque no tiene, prácticamente, una sola línea donde Eliot no esté traduciendo o citando directamente a otro poeta, ya sea Dante o Wagner", explica el ensayista y narrador, , quien tradujo la versión al español de "The Waste Land", publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en su colección de poesía internacional El oro de los tigres XII.

"En La tierra baldía hay mucho de traducción no citada, hay citas encubiertas e incorporadas al flujo del poema que ni siquiera están en cursivas. Hizo todo un empleo radical del pastiche, del collage como estructura compositiva del poema, un poco a la manera de la pintura cubista o del Libro de los pasajes, de Walter Benjamin, que era una obra no escrita por él en la que incorpora una serie de pasajes tomados de otros lados, de otros autores que iban conformando un discurso. Fuera de su contexto original adquirían una entidad diferente, propia y un devenir distinto. Esto también pasa en La tierra baldía".

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Otro de los grandes temas, continúa, es la disminución de la importancia del autor: "Es como si el poema, en realidad, se estuviera escribiendo a sí mismo", dice y recuerda ciertas discusiones con profesores de la universidad, tras afirmar que "La tierra baldía" no es un poema, sino algo más, para lo cual, aún no se tiene un nombre. "Desde luego que es un poema, pero no en el sentido convencional del término: es una crítica devastadora a esta noción convencional de poesía porque no hay prácticamente nada que se pueda considerar como lírico, bello o hermoso". En sus palabras, Eliot trabajó con el verso libre, pero también hay que rastrear otras influencias que le van quitando lastre al cuerpo del poema en el original, ya sea el jazz y la influencia de la música popular norteamericana; la educación que el autor tuvo en las calles de San Luis, Misuri; su enorme curiosidad; el desenfado; el desacato y la importancia que Eliot le dio al oído, pero no en un sentido tradicional o convencional.

"Siendo Eliot un hombre muy conservador, es curioso como su propuesta poética es inversamente proporcional a esa corrección política que él exhibía en lo público. Hay rupturas que tienen que ver con la coloquialidad y, sobre todo, hay un desmarcaje del poema respecto a la tradición; creo que eso es algo que no han terminado de entender los muchos traductores del poema y que quieren hacer de La tierra baldía una obra líricamente hermosa, líricamente bella, cuando lo que Eliot escribió fue todo lo contrario: La tierra baldía es un poema brutal, desenfadado y descarado".

El escritor Gabriel Bernal Granados se encargó de traducir "La tierra baldía".
Foto: EL UNIVERSAL / Eduardo Castañeda
El escritor Gabriel Bernal Granados se encargó de traducir "La tierra baldía". Foto: EL UNIVERSAL / Eduardo Castañeda

Bernal Granados, ganador del Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2021, recuerda que comenzó a leer "La tierra baldía" hace 30 años, y que a esas lecturas les sucedieron otras que se intensificaron hasta que hace algunos años se impuso la tarea de traducir el libro: "Es un poema violento, en un sentido formal, pero también lo es en cuanto a sus contenidos; es descarnado, desgarrador, frontal y directo. En él, no sólo están en juego los otros ritmos distintos a los clásicos, como la improvisación del jazz, el verso libre y cosas tan extraordinarias, en ese momento, como el teatro, la dramaturgia, para desvanecer las fronteras que había entre los géneros e incrustar, de repente, la conversación de dos mujeres en un bar al anochecer. Como si, en este momento, metiera en un poema de largo aliento la conversación entre dos personas en una cantina o bar de la colonia Guerrero. En un poema en español eso sería un sacrilegio; y fue algo que Eliot estaba haciendo en 1922".

Se trata de mujeres que hablan de relaciones sexuales no consensuadas dentro del matrimonio, explica el escritor: "El marido va a regresar de la Primera Guerra Mundial. Tras haber padecido todo tipo de privaciones quiere llegar a reincorporarse a la ronda de placeres mundanos con su esposa, con quien ya había tenido varios hijos e incluso un aborto. La amiga le responde: si tú no estás dispuesta a satisfacer los apetitos de tu marido, otra mujer lo hará por ti. Son temas actuales porque estamos hablando de la sexualidad de la mujer y de los encuentros machistas con los hombres".

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En uno de los poemas más importantes del siglo XX se cuenta esto —afirma— regulado por un oído finísimo respecto al idioma inglés, el inglés contemporáneo. No el inglés de la aristocracia británica, sino el del más bajo fondo. De forma paralela, en "La tierra baldía" se detecta la huella de Oriente: "Están los estudios sobre budismo que Eliot realizó. Me parece que se tomó muy en serio las posibilidades que el budismo ofrece para salir del laberinto donde nos encontramos, definido allí como el Samsara. Eliot fue un profundo conocedor de dicha religión que aparece, sobre todo, enhebrada con el misticismo católico cristiano en algunas de las secciones del poema, como la III, El sermón del fuego, capítulo que también podría traducirse como El sutra del fuego y en el que la figura de Buda se contrasta con un capítulo de las Confesiones , de San Agustín, en el que ocurre un éxtasis místico, la fuga de la realidad mundana que a Eliot le interesó".

Entonces, el poeta británico-estadounidense estaba casado con Vivienne Haigh-Wood, "quien tenía una esquizofrenia incipiente que comenzaba a manifestarse, así como una relación con estupefacientes como la morfina. A Eliot le interesaban también las posibilidades de expandir o alterar la percepción de la realidad a partir del consumo de ciertas sustancias. No sé hasta qué punto él sólo observó el comportamiento de su esposa o fue consumidor".

Otro escalón esencial, a la hora de diseccionar "La tierra baldía" es la huella de Ezra Pound, a quien Eliot le confía el poema que, "originalmente, tenía alrededor de mil versos y Pound le quita más de la mitad, dejándolo en 435 versos. ¿Quién hace eso? Los tachones y borraduras fueron radicales, y Eliot lo respetaba tanto que le hizo caso. Pound se da cuenta de las cualidades del oído de Eliot y casi podríamos considerarlo como un coautor del poema".

Cita, por último, entre los escritores con mayor influencia de Eliot en el ámbito latinoamericano, a los poetas concretos de Brasil —Bernal Granados tradujo a Haroldo de Campos— y resalta las afinidades entre la voz de Eduardo Lizalde en "El tigre en la casa" y "La tierra baldía".

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melc

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