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El día en que AMLO se convirtió en Caleb

21/02/2018
02:02
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Andrés Manuel López Obrador asumió ayer la candidatura presidencial del partido evangélico con que el que ha hecho alianza, el Partido Encuentro Social, PES. Durante el acto, el dirigente del PES, Hugo Eric Flores, le dijo a López Obrador:

“Usted para nosotros es Caleb a punto de conquistar el Monte Hebrón”.

En el texto bíblico, Caleb es uno de los hombres enviados por Jehová a averiguar si al pueblo hebreo le es posible entrar en Canaán: la Tierra Prometida. Los enviados regresaron afirmando que aquello era imposible: que el pueblo hebrero sería aniquilado por los pobladores de Canaán si seguía los designios de Dios.

Sólo Caleb y Josué, que habían vuelto cargados de higos, granadas y uvas, opinaron lo contrario. Intentaron convencer al pueblo hebreo de que siguiera las órdenes de Jehová y avanzara hacia la Tierra Prometida. Pero nadie les hizo caso.

El castigo cayó sobre los hebreos. Dios los hizo vagar durante 40 años por el desierto. A Caleb, en cambio, le entregó el Monte Hebrón.

“Mis hermanos hicieron desfallecer el corazón del pueblo, pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios”, dijo Caleb.

Ayer, en el acto en que convirtió a AMLO en candidato oficial de Encuentro Social, el dirigente del PES le dijo: “Vamos por la tierra que Dios nos prometió, Caleb”.

Y López Obrador no pudo contenerse. Llamó a detener “la mancha negra del individualismo, la codicia y el odio que nos ha llevado a la degradación”. Sostuvo que desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días “la justicia y la fraternidad han tenido un lugar preponderante en el ejercicio de la ética social”.

Refirió que la Biblia “señala que Jesús manifestó con sus palabras y sus obras su preferencia por los pobres y los niños”, y añadió que “para muchos, Cristo es amor”.

Luego advirtió que en caso de obtener el triunfo llamaría a la elaboración de una Constitución moral: dijo que convocaría a una asamblea constituyente, en la que habrían de participar filósofos, antropólogos, sicólogos, especialistas, escritores, poetas, activistas, “ancianos venerables de las comunidades indígenas” y líderes de diferentes religiones.

“Será un diálogo interreligioso, entre religiosos y no creyentes, para moralizar México… Hacemos el compromiso de convocar (…) a muchos ciudadanos, hombres y mujeres de buena voluntad, para la elaboración de una Constitución moral, de un Código moral: así como existe una Constitución política vamos entre todos a elaborar una Constitución moral”.

Hace seis años, la segunda vez que intentó alcanzar la Presidencia, AMLO propuso por primera vez la idea de la Constitución moral, como base de su “república amorosa”. En entrevista con Aristegui relató que la idea se le había ocurrido al leer la Cartilla Moral que Alfonso Reyes escribió a petición de la SEP en 1944.

“Alfonso Reyes habla en este documento de que es una especie de constitución moral, fíjate qué interesante: es una constitución, no como la nuestra, pero es una constitución que tiene que ver con la moral”, le dijo a Aristegui.

Para curarse en salud, el candidato declaró desde entonces que la Constitución moral sería redactada “desde una visión laica, porque cuando se habla de estos temas se piensa que se habla desde lo religioso”.

En aquella campaña, sin embargo, AMLO ingresó varias veces en el sendero bíblico. En marzo de 2012, en un acto en la mixteca, señaló por ejemplo que no bastaba con ir a los templos “si no existe la presencia del cristianismo” (en la vida cotidiana).

“La República Amorosa” fue motivo de escarnio. Se fue desvaneciendo del discurso obradorista, y el candidato hizo todo lo posible por ocultar todo rasgo de mesianismo.

Hasta que lo compararon con Caleb en el Monte Hebrón.

Entonces, el candidato de la izquierda mexicana no pudo contenerse y dejó aflorar lo que había tratado de ocultar a lo largo de seis años: su perfil religioso, de un autoritarismo sin límites, que le ha hecho rumiar en silencio, durante seis años, la idea de una Constitución qué le diga a la gente cómo actuar, qué pensar.

Una Constitución moral en la que, para colmo del juarismo, todas las iglesias incluyan “preceptos que sean aceptados y respetados por todos”.

“Entonces Caleb trató de acallar al pueblo para con Moisés y se puso a decir: “Subamos directamente, y de seguro tomaremos posesión de ella, porque ciertamente podemos prevalecer sobre ella…”.

 

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