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Foto: EFE.

Volcán Kilauea, un gigante hiperactivo

28/05/2018
00:21
Berenice González Durand
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Es uno de los más activos del mundo. Cincuenta hectáreas cubiertas de lava ha dejado hasta ahora su más reciente erupción, mientras la ciencia crece a su lado

Es densa y lenta. La lava fluye formando canales y caprichosas formas que se solidifican, pero en ocasiones revientan, brindando nuevos e inesperados caminos al material ardiente. Es un espectáculo tan hipnotizante como peligroso. El volcán Kilauea emergió del mar hace cien mil años, pero ha evolucionado junto con el desarrollo de la vulcanología, la rama de la geología que estudia los procesos involucrados en el flujo de magma y las erupciones a través de un agujero en la superficie de la tierra. La primera erupción documentada se produjo en 1823, pero El Observatorio de Volcanes de Hawai (HVO) fue fundado hasta 1912. Desde hace un siglo, este lugar se ha convertido en el epicentro científico de interesantes descubrimientos sobre su evolución.

 

Radiografía volcánica

En la actualidad, los volcanes son monitoreados con dispositivos sísmicos que rastrean los cambios mínimos en los movimientos que normalmente se asocian con las erupciones futuras. Los especialistas también buscan alteraciones químicas en la exhalación de los gases y siguen el curso de la lava con dispositivos térmicos que les ayudan a crear mapas de pronóstico sobre la dirección de su flujo.

La doctora Marie Noelle Guilbaud del Departamento de Vulcanología del Instituto de Geofísica de la UNAM señala que el volcán Kilauea es un volcán tipo escudo, muy ancho y con poca altura. La investigadora señala que este tipo de volcanes se caracteriza por las continuas coladas de lava que produce. “En cuanto a su origen se debe a la acción de un punto caliente. El magma sube desde gran profundidad del centro de la Tierra”.

Los llamados puntos calientes son áreas de alta actividad volcánica, en relación a sus entornos. A diferencia de otras áreas de vulcanismo, como las zonas de subducción, éstas no están necesariamente asociadas a las partes limítrofes de las placas tectónicas. En las placas oceánicas se pueden formar archipiélagos volcánicos, como es el caso de las islas de Hawai. En la llamada Isla Grande existen cinco volcanes: Kohala, el más antiguo pero extinto; Mauna Kea, inactivo; Hualalai, también inactivo; Mauna Loa, activo; y Kiīlauea: muy activo.

En su última etapa de actividad volcánica, Kilauea ha tenido erupciones continuas desde 1983. Su fase más reciente comenzó en abril de este año. Ha lanzado lava por alrededor de veinte fisuras a lo largo de la zona de ruptura que tiene al este. Algunos pequeños terremotos continúan sacudiendo toda el área, indicador del movimiento continuo del magma a través del área de la brecha. La lava llegó incluso al mar y la reacción con el agua salada comenzó a producir una nube tóxica de ácido clorhídrico.

El magma del kilauea es relativamente bajo en sílice, el elemento que vuelve más explosivos a los volcanes; tiene menos concentraciones de gas, por lo que se acumula menos presión dentro de él, sin embargo la salida de lava continuará, aún sin determinar su duración.

México y el mundo

En el mundo, hay alrededor de 50 volcanes que hacen erupciones actualmente. En México, hay dos volcanes activos que se mantienen en estricta vigilancia: el Popocatépetl y el Volcán de Fuego de Colima. Marie Noelle Guilbaud explica que Kilauea, tanto en su forma, como en su actividad, es muy distinto a los volcanes mexicanos. “El Kilauea tiene una actividad que denominamos efusiva que produce fundamentalmente lavas. El Popocatepetl se caracteriza por explosiones de material fragmentado”. Aunque en ambos casos hay producción de lava y explosiones, el predominio de uno u otro marca la diferencia.

Según el texto Geología e historia eruptiva de los grandes volcanes de México, de José Luís Macías, los primeros reportes sobre eventos de índole volcánica en México aparecen en los códices náhuatl; sus erupciones fueron representadas en estos documentos como cerros con un copete de humo en su cima y hay vestigios desde 1363. La principal forma de funcionar de los volcanes mexicanos, a diferencia de los hawaianos, está determinada en su origen: unos sobre territorio continental y otros en la mitad del Océano Pacífico, formando islas.

“Además de los dos volcanes mexicanos con actividad muy sostenida, existen otros que han tenido erupciones importantes en los últimos 100 o 200 años por lo cual son considerados como potencialmente activos, como La Malinche, el Pico de Orizaba y el Chichón, entre otros”. La investigadora subraya que el Volcán de Colima es, de hecho, considerado uno de los más activos de Norteamérica. Se calcula que desde hace 500 años, el volcán ha tenido más de 40 explosiones. Hace casi 30 años se instalaron y pusieron en servicio las primeras estaciones de la Red Sismológica de Colima (RESCO) y desde hace dos décadas, durante la erupción del 20 de noviembre de 1998, los miembros del Observatorio Vulcanológico forman parte importante del Comité Científico Asesor Volcán de Colima, que desde entonces adquirió la responsabilidad de informar a los sistemas de protección civil de las condiciones de la actividad volcánica.

La zona cercana al Volcán de Colima es una región en la que habitan cerca de 400 mil personas en áreas de alto y mediano riesgo, es por esto que el índice de población requiere detalladas investigaciones de su actividad volcánica y sísmica con el fin de realizar una buena evaluación del riesgo. La especialista señala que precisamente los riesgos de los volcanes activos dependen directamente de los focos poblacionales cercanos a ellos.

Marie Noelle Guilbaud señala que otro volcán de gran actividad en el mundo está ubicado en en el territorio francés de la isla La Reunión. Se trata del volcán Pitón de la Fournaise, situado en el Océano Índico. Otro gran protagonista es el Etna, un espectacular volcán en constante erupción, declarado Patrimonio de la Humanidad hace cinco años y ubicado en la costa este de Sicilia. Aunque los mencionados son muy conocidos en todo el mundo, la especialista explica que hay muchos otros activos en lugares como África y Alaska. Sin embargo, se sabe poco de ellos porque hay pocas comunidades establecidas en sus alrededores, así que a pesar de sus grandes erupciones, el efecto no se percibe de igual forma que cuando hay los riesgos que representan poblados cercanos.

“La actividad a de Kilauea empezó hace 30 años con varios episodios y es muy poco probable que ésta se detenga rápido por el gran registro de actividad sísmica que se detecta e indica cómo se mueve el magma. La población tendrá que adaptarse a los ritmos de su actividad”, señala la especialista y comenta que a pesar de que finalmente todos los volcanes del mundo siguen la inercia de los movimientos del calor al interior de la tierra, no hay conexión directa entre ellos, es decir, no hay forma de que uno despierte a otro.

“Con el Kilauea se tiene una idea de lo que podría suceder, ya que hubo una erupción muysimilar en 1920. Se sabe a donde podría ir este tipo de actividad, tomando en cuenta las referencias pasadas”. Es así que se está esperando un mayor tipo de explosiones en la entrada principal del volcán y también más actividad de producción de lava. “Es muy difícil predecir que pasará con exactitud, pero hay actividad mayor de la habitual en zonas que no había afectado, pero definitivamente no se espera que dañe masivamente la Isla Grande de Hawai”.

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