Con autosuficiencia la mujer puede poner límites a la violencia: Presidenta de ManpowerGroup Latinoamérica

Cuando la mujer es autosuficiente económicamente es más fácil que se le pongan límites a esta problemática; sin embargo, en México los avances son muy lentos, asegura

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“Vulnerabilidad a la violencia es por falta de empoderamiento"
En la foto: MÓNICA FLORES BARRAGÁN, Presidenta de ManpowerGroup Latinoamérica. BERENICE FREGOSO. EL UNIVERSAL

La violencia contra la mujer es una realidad que se padece de muchos siglos atrás, por cultura y también por la falta de empoderamiento en cualquier nivel: familiar, laboral y en los negocios, afirma Mónica Flores, presidenta de ManpowerGroup Latinoamérica.

“Lamentablemente la violencia contra la mujer se ve como algo natural y es algo escandaloso que oímos y vemos, pero hemos perdido la capacidad de enojo, más que de enojo, de indignación para actuar, para no permitirlo”, destaca en entrevista con EL UNIVERSAL, la directiva de una de las empresas más grandes a escala mundial en administración de recursos humanos.

En su opinión, una de las razones por la que las mujeres sufren la violencia en el terreno familiar es por la falta de independencia económica.

“Esto es debido a que las mujeres dejan de estudiar, se embarazan o se dedican a cuidar a la familia, y hace que padezcan situaciones desafortunadas”.

Cuando la mujer es autosuficiente económicamente es más fácil que le pongan límites a la violencia intrafamiliar; sin embargo, advierte que en México se ha avanzado poco al respecto.

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Explica que hay más mujeres trabajando, pero por necesidad no porque haya cambiado la cultura, porque hoy las familias requieren un doble ingreso, o porque hay más madres solteras, o porque hay más divorcios… hay muchas razones.

“Pero el verdadero cambio es cuando esas mujeres están en la economía formal, cuando empiezan a ascender y a tener igualdad de oportunidades en la toma de decisiones, ese es el verdadero cambio de cultura”, afirma.

Impacto de la pandemia

En el mundo del trabajo la mujer está en desventaja y más en tiempos de pandemia, asegura.

“Por un lado, estamos sobrerrepresentadas en sectores que más se afectaron por la pandemia, como alojamiento, entretenimiento, turismo y salud, pero estamos subrepresentadas en sectores que crecen, como e-commerce, tecnologías de la comunicación y la información o logística”.

Por otro lado, la mayoría de las mujeres que trabajan están en la informalidad o como dueñas de pequeñas o micro empresas que fueron también las más golpeadas por la cuarentena.

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“Por lo que las mujeres si somos un sector muy afectado”.

A lo anterior, agrega, se suma la violencia doméstica, “al estar en un departamento o casa, la familia completa con presiones, con estrés, con preocupación económicas, con niños tomando clases en línea, ha hecho que la violencia contra la mujer aumente”.

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Ámbito laboral

Sin embargo, este no es un fenómeno que surge por la pandemia, advierte. En el ámbito laboral persiste una cultura masculinizada que impide a la mujer acceder a puestos de mayor responsabilidad y mejor pagados.

“A medida que va incrementándose la autoridad, las mujeres no son tomadas en cuenta para la promoción o ellas no aceptan el reto, por tener otras responsabilidades con su familia, miedo a más horas de trabajo o viajes que no las deja hacer su pareja”.

Además, hay “otro fenómeno que sufrimos diariamente, y me incluyo, que son conductas micro machistas, porque no tienen que ver con golpes, sino con un uso del lenguaje discriminatorio y violento contra las mujeres. Hay conductas en las que la opinión de una mujer no es escuchada, es ignorada, por eso hasta hay dinámicas en las que más mujeres repetimos lo que otra dijo para que se le tome en cuenta”.

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Acoso en las empresas

Mónica Flores comenta que el acoso a las mujeres en las empresas es una triste realidad, una desgracia y que no se denuncian, por vergüenza o por la falta de claridad de procesos internos para no asumir las consecuencias de un señalamiento de ese tipo.

En su opinión, se deberían impulsar al interior de las empresas líneas de quejas, de apoyo sicológico o de denuncia para que esos temas sean castigados.

“Porque no es posible que un ascenso dependa de que tan bien trates a una persona en límites que tú no quisieras estar, y es de escándalo la cantidad de mujeres que por mantener a sus hijos sufren el micro machismo, violencia o acoso, y no denuncian por temor a las represalias”.

Considera que no sólo desde la política pública, sino desde las empresariales se deben contar con mecanismos claros y eficientes para disminuir estos casos.

“Como directiva yo no quiero un gerente de ventas que use un lenguaje misógino o sea un acosador; puede ser el mejor vendedor, pero no lo quiero, porque está mal, porque no es ético, si yo permito que haya un director de ventas que sea acosador, la cultura de la empresa está dañada.

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“Nadie me va a creer que haya un proceso de compliance (cumplimiento normativo) en el que puedan denunciar un abuso, no permitir lenguaje misógino o discriminatorio, son conductas no permitidas en la empresa, ¡punto, a nadie y nunca!”, enfatiza.

¿Qué hacer?

Desde su perspectiva es urgente que las empresas tomen cartas en el asunto, porque no sólo es un tema de ética o por igualdad de oportunidades, sino porque las empresas que más incluyen mujeres son más productivas.

Considera que una de las tareas de las empresas es generar confianza entre los colaboradores. Debe haber protocolos claros para que cuando alguien tiene denuncie un maltrato, un abuso o un acoso, tenga a quien llamar con estricta confidencialidad para llevar a cabo un proceso de investigación que desemboque en un sistema de consecuencias para el acosador o la acosadora.

Hay empresas que a lo mejor no tienen el mejor proceso documentado, pero la gente sabe las conductas no permitidas, y eso tiene que ver desde la cabeza de la organización, de ser alguien que predica con el ejemplo.

En este contexto, Mónica Flores advierte que el papel de las autoridades es vigilar el cumplimiento de la ley, porque no es algo que esté sujeto a la interpretación, la ley prohíbe el abuso, el trabajo forzoso y la violencia.

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Participación ciudadana

Flores Barragán comenta que la violencia contra las mujeres no es sólo un problema de las autoridades o de las empresas, sino de las propias personas, de poner un alto, de levantar la voz, de señalar al culpable, lo que implica un cambio cultural importante, pero acepta que es no es fácil.

“Si pudiéramos comenzar a cambiar lo que niños y niñas ven en su casa, en la televisión, en las películas, en la publicidad, en los medios, para que vean ejemplos distintos a la violencia. No es normal que la mujer sea golpeada
o acosada”.

“Se debe motivar a los niños y a las niñas para verse cómo iguales, con igualdad de oportunidades para que crean en sus talentos, para que no haya estereotipos de carreras de mujer y carreras de hombres, para que no haya barreras en el ascenso organizacional para las mujeres simplemente por ser mujer”, destaca.

¿Cómo ve el futuro?

Mónica Flores considera que ha habido avances, pero no lo suficiente. “Me gustaría pensar que le podríamos cambiar esta realidad a la siguiente generación, pero lo veo complicado por la cultura”.

“Las mujeres necesitamos quitarnos culpas, atrevernos, levantar la voz, ayudarnos entre todas, poner mucha más inspiración para las jóvenes, para que vean que si es posible”.

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Afirma que la violencia contra las mujeres no es un problema sólo de mujeres, sino de todos… de la sociedad. Además, es un tema de negocios, de competitividad, de innovación, de inclusión y
de bienestar.

“Tenemos que ver cómo incidir más en un tema de cuotas en las organizaciones; de apoyo a las empresarias y microempresarias, apoyo a aquellas que dejaron de estudiar por embarazo o por situaciones familiares, que se sigan preparando para que puedan ser más exitosas en sus propios negocios o en su vida laboral y profesional, y creérnosla”.

“Ojalá que, así como el mundo se reseteó por la pandemia, a la mejor se puede resetear en términos de género”.

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