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Escudos naturales para gestionar la volatilidad cambiaria

Cartera 23/12/2015 01:40 Nicolás Olea Actualizada 01:40

Al fortalecerse el valor del dólar estadounidense ante múltiples divisas del mundo, la volatilidad de la paridad cambiaria beneficia a algunos giros industriales que pueden aprovechar la situación —exportadoras—. Sin embargo, otros sectores son gravemente perjudicados, viendo erosionados su capital de trabajo, desempeño y capacidad de crecimiento e inversión.

La manera más eficiente de proteger a una empresa o entidad de los riesgos cambiarios es mediante instrumentos financieros derivados, transfiriendo el riesgo —cambiario en este caso— a una o más contrapartes, usualmente financieras. Al utilizarlos prudentemente, los derivados son eficientes para transformar el perfil de exposición y cubrirse de variables como la volatilidad del tipo de cambio, la variación de las tasas de interés y las fluctuaciones en los precios de las materias primas.

Sin embargo, existe un mecanismo poco explorado en México que permite mitigar parcial o totalmente los efectos contables adversos de la volatilidad cambiaria: los instrumentos financieros no derivados, también conocidos como instrumentos financieros primarios.

Los instrumentos financieros primarios conllevan una multiplicidad de beneficios. Una de esas ventajas es que las organizaciones que realizan cierto nivel de exportaciones denominadas en dólares ya cuentan con ellos de manera natural, en forma de activos o pasivos que ya están denominados en dólares y que se compensan entre ellos.

Sin embargo, las empresas no siempre hacen la designación formal de los mismos como coberturas naturales para compensar los efectos cambiarios en el desempeño futuro, para que el estado de resultados no se vea afectado cuando el dólar incrementa su valor ante el peso.

Derivados vs primarios. Los instrumentos financieros derivados son aquellas operaciones que brindan derechos u obligaciones sobre el precio de un subyacente, que pueden ser materias primas —agropecuarias, metalúrgicas, energéticas— o la paridad de una divisa con respecto a otra, las tasas de interés, los precios de acciones e índices.

Se trata de operaciones sobre una dimensión a futuro, que permiten asegurar a un comprador o un vendedor que podrá adquirir o vender los subyacentes a un nivel de precio dentro de un tiempo preestablecido. Los instrumentos financieros primarios denominados en dólares, por el contrario, son activos o pasivos para financiar exportaciones o adquirir maquinaria en el extranjero.

Puede tratarse de efectivo en cuentas de cheques, cuentas por cobrar, inversiones o pasivos en instrumentos de deuda o en instrumentos de capital, surgiendo de manera natural de la operación de una entidad.

Antes de buscar la contratación de instrumentos financieros derivados, es recomendable mirar hacia adentro de la organización, ya que en muchas ocasiones lo que identificamos como exposición al riesgo puede convertirse y designarse como el instrumento de cobertura —escudo natural— para ingresos contractuales o no contractuales denominados en dólares a ser reconocidos a futuro o, en su caso, para cubrir la exposición atribuible al efecto de conversión que tenemos al contar con subsidiarias operativas o incluso subtenedoras, cuya moneda funcional es el dólar.

Cada empresa es diferente y es posible que después de autoevaluarse se vea que no cuenta con escudos naturales, debiendo buscar coberturas en los mercados de derivados —listados u over-the-counter, OTC—. Aun así, llevar a cabo este ejercicio de introspección, asociado a exposiciones al riesgo, conlleva en sí un esfuerzo organizacional valioso que servirá como plataforma para dimensionar su efecto y decidir si debemos utilizar instrumentos financieros primarios, contratar derivados transfiriendo el riesgo, o combinar ambos para hacer más eficiente el escudo cambiario, acorde con el apetito al riesgo al cual decidamos exponernos.

Socio Líder de Asesoría en Administración de Riesgos Financieros de KPMG en México

*Nota: las ideas y opiniones expresadas en este escrito son del autor y no necesariamente
representan las de KPMG en México.

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