La educación del país sufrió tras la pandemia acentuando la caída que se ha registrado desde 2009 en las calificaciones PISA, la calificadora internacional. Si esta constante caída no fuera suficientemente alarmante, la falta de propuestas sólidas para la recuperación lo es más. El presupuesto que se tiene destinado en 2024 sigue muy por debajo de lo necesario y hay una falta de instituciones serias que evalúen correctamente el acierto que realizan las reformas educativas.

En las pruebas PISA de 2022, México cayó al lugar 51 entre 81 países, un descenso desde el puesto 39 en 2018. Considerando únicamente a los países de la OCDE México se sitúa antepenúltimo con un puntaje de 407 total, 78 puntos debajo del promedio de la OCDE. Este retroceso refleja las repercusiones directas del cierre del sistema educativo durante la pandemia y su falta de compensación efectiva con el modelo a distancia, así como cambios en políticas instrumentadas por el gobierno actual, lo que tendrá efectos de largo plazo al reducir la competitividad nacional.

La pandemia influyó en gran parte de la caída educativa a nivel global, desde 2018 hubo una reducción general en las calificaciones, con un desempeño estudiantil a la baja de 15 puntos en Matemáticas y 10 en comprensión lectora. México por su parte cayó en menor proporción, con 14 puntos en matemáticas y 5 en comprensión lectora.

El presupuesto para educación en México en 2024 es aproximadamente de un billón de pesos, el monto más alto del sexenio, lo que representa sólo 2.96% del PIB, por debajo del nivel de 5% recomendado por la OCDE para alcanzar estándares educativos adecuados. Esta cifra es insuficiente para abordar los retos educativos existentes, lo que nos lleva a reiterar la necesidad de una reforma fiscal que permita un incremento sustancial en la inversión educativa. Esta insuficiencia presupuestal impide enfrentar retos como la mejora en la infraestructura física y tecnológica, la capacitación docente adecuada, y la implementación de programas de apoyo a estudiantes en áreas desfavorecidas.

Si a todo ello le sumamos la politización y la ideologización de la educación, podemos sólo esperar deterioro y falta de calidad; la educación debe contener una visión de futuro sólida del país que aspiramos tener en el futuro, con herramientas de modernidad y de tecnología; nos seguimos confundiendo y confrontando con la historia y el pasado, ello nos lleva más que a la inmovilidad y el rezago.

Más de 1.3 millones de estudiantes se encuentran excluidos del sistema educativo en México; generando la matrícula en la educación primaria más baja desde el año 2000 y en la educación secundaria su menor nivel en la última década.

La eliminación del INEE en 2019 ha dejado un vacío en la evaluación de la calidad educativa en México. Sin una entidad independiente y rigurosa para evaluar y guiar las políticas educativas, las reformas necesarias son difíciles de implementar y monitorear el impacto de las ya existentes. La organización que reemplazó al INEE, la Comisión Nacional de Evaluación Continua (Mejoredu), recibe un presupuesto 62% menor en términos reales al que recibió el INEE en 2018, complicando una operación efectiva.

Con este nivel de calidad en la educación se corre el riesgo de reducir la capacidad competitiva generando consecuencias económicas graves para el país en el futuro cercano, si previo a la pandemia estábamos sin realizar mejoras, tras el preocupante rezago provocado por la misma es momento de volver a darle prioridad a la educación. El mundo entero sufrió el rezago, es nuestra oportunidad de recuperar la posición internacional; un presupuesto en educación inferior a lo necesario ya no es admisible, el cambio urge.

Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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