Todos recordamos aquella mañana del 9 de diciembre de 2005 donde se realizó el arresto de dos peligrosos secuestradores y la liberación de tres de sus víctimas. Todos nos quedamos impactados con la cara de la francesa Florance Cassez y los ojos de color de Israel Vallarta.

No hubo quien no mencionará aquel hecho. Existió la duda: ¿cómo los secuestradores, a pesar de la presencia de aquel medio de comunicación no huyeron? ¿Cómo la policía tuvo el tiempo necesario para llamar a la televisión y trasmitir en vivo? Y aunque tuvimos la duda, nos sentíamos aliviados de que aquellos criminales fueran detenidos y sentimos indignación con la liberación de Cassez en la administración de Peña Nieto.

Israel Vallarta, no tuvo la misma suerte. No había un gobierno extranjero apoyándolo ni su detención había causado una crisis diplomática. Esperó veinte años sin sentencia.

Me es complejo entender a quienes hoy escriben indignados por la liberación de Israel Vallarta, lo mismo que hicieron hace semanas con Juana Hilda, una víctima de la maquinación de Isabel Miranda de Wallace.

No es tema menor que ambos casos después de veinte años hayan regresado al debate público. Denuncian la politización de la justicia y los riesgos que esto puede traer para nuestro Estado de derecho.

Lo más lamentable es que la justicia se haya tardado años en aplicarse. Es preocupante que trabajos como Fabricación de Ricardo Raphael o Una novela criminal de Jorge Volpi presentaran un trazo más claro de lo que estaba pasando. La lentitud y la ineficiencia de nuestro sistema de justicia tienen a cientos de inocentes en la cárcel y a miles de delincuentes en las calles.

Cito a Jorge Volpi, siempre lucido e inteligente: “A punto de concluir esta novela sin ficción o esta novela documental, no tengo dudas de que, la madrugada del 9 de diciembre de 2005, Israel no tenía tres personas secuestradas en su rancho. También sé que, antes de convertirse en el involuntario actor de su propia historia, fue sometido a una tortura brutal. Y sé que la recreación aducida por García Luna jamás existió; como me confirmó Cárdenas Palomino, aquel día no ocurrió ninguna detención ni ninguna liberación que pudiesen ser repetidas a petición de los medios.”

La novela de Volpi apareció en 2018 y no pasó nada. Fueron siete años más que la justicia tardó en llegar para un hombre que no tuvo el debido proceso. García Luna se encuentra en una cárcel en Estados Unidos y su jefe Felipe Calderón está libre, sin hacerse responsable de lo sucedido en su sexenio. Quizá, nuestra justicia va empezar a funcionar cuando políticos de alto nivel estén en la cárcel y tenga una condena conforme a derecho. Cuando los acuerdos y componendas políticas no se encuentren sobre la ley.

Que veinte años después estemos hablando de Israel Vallarte es una oportunidad para corregir el sistema de justicia en nuestro país, teniendo como premisa a Juárez: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie.”

Y ya que estamos hablando de imparcialidad y hemos defendido la libertad de expresión de todo medio de comunicación. Yo lo hice firmando un desplegado en apoyo a Carlos Loret de Mola, sería prudente que él, quien se dice defensor del derecho réplica y la libertad de expresión le diera la oportunidad en su noticiero o su columna de expresar a Israel Vallarte lo que sucedió aquella mañana del 9 de diciembre de 2005. Eso hablaría de que es, enserio, un defensor de la libertad de expresión; de lo contrario estaríamos frente a un doble discurso que lo dejaría mal parado ante la sociedad.

Hasta aquí Monstruos y Máscaras…

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios