Trump tiene su primer triunfo: empieza a ser normal confundir “soberanía” con “poder de compra-venta”. Lo afirman lo mismo el presidente argentino de derecha Javier Milei, o el brasileño de izquierda, Luiz Ignacio Lula da Silva. ¿La soberanía reside en el mercado? ¿Es soberano imponer un precio? ¿La bolsa de valores mide la salud de sistema político y no los parlamentos? ¿Wall Street hará entrar en razón a Trump, antes que el Capitolio o la Corte Suprema? ¿Qué está entregando el gobierno de México al norteamericano, a cambio de gritar, como Lula y tantos otros, que somos “supremus”?
La soberanía es la capacidad de un Estado (suprema, real, inapelable, irresistible) para autoobligarse, autolimitarse, autodefinirse. ¿México es soberano cuando le aplican, en plena calle de Reynosa, con explosivos y balazos, sin previo juicio, la pena de muerte al jefe de los fiscales de la FGR en Tamaulipas, mientras los fiscales de Estados Unidos informaron que no buscarán la pena capital contra los capos mexicanos, Ismael “El Mayo” Zambada, Rafael Caro Quintero, y Vicente Carrillo “El Viceroy”? Sólo hay soberanía en la vida, no en la muerte.
La resistencia del gobierno mexicano a permitir el acceso al ejército estadounidense es retórica, bla-bla-bla mañanero, porque detuvieron a doce colombianos en Michoacán vinculados al asesinato de ocho soldados mexicanos, ¿cuántos más deambulan y delinquen?; y, también, por qué dos buques de guerra nos rodean, el USS Gravely en el Golfo de México y el USS Spruance en el Océano Pacífico. ¿Sabemos qué hacen? Son amenaza pura, no tenemos capacidad de defensa. ¿Cuál soberanía? Con esos misiles apuntando a México, la Presidenta afirmó antier que el acuerdo de seguridad con Estados Unidos “está listo”, y parte de cuatro principios, “el más importante: respeto a la soberanía”. ¿Neta? Con el abismo tecnológico ¿cuál acuerdo? ¿garantiza el convenio que no espían a los mexicanos en el Pentágono o en Silicon Valey?. El conocimiento científico de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez García, es equivalente al de Berkeley o Stanford. Ajá.
Las peroratas nacionalistas de Trump, Milei, Orbán en Hungría, Putin en Rusia, del castrismo en Cuba, o del mismísimo López Obrador en México, tienen una secuela: la soberanía está buscando un nuevo lugar en el mundo, ya no se expresa en el “libre mercado”, apertura de fronteras al flujo de capitales, comercio abierto sin restricciones arancelarias, mercancías sin trabas, etc. Toda esa “planetarización” se atoró, ahora naufraga en un mar de palabras soberanas, falsos nacionalismos, loas a Huitzilopochtli en el Zócalo, e “identidades asesinas”, diría Amin Maalouf. Ahora, sorprendidos porque renacen los impuestos a las exportaciones e importaciones, la vigilancia a los fondos de inversión, el control de cambios, las murallas aduaneras, los mercados monetarios y bursátiles controlados. A tragar camote nacional.
El obradorismo, en otra de sus contradicciones históricas, suplica no tocar la obra de Carlos Salinas de Gortari, el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá. ¡Vaya soberana paradoja! Transformación de reversa: nacionalistamente le rogamos a Trump, abra las puertas a lo “hecho en México”. Tan contradictorio, como los cubanos que se quejan del “bloqueo criminal”, por que no les venden hamburguesas Mac Donald´s, ni toman Coca-Cola.
¿Qué trozos de país están regalando a cambio de mantener ese mercado? ¿El Ejército mexicano está tranquilo? Los empresarios aplauden, aprietan los dientes y cierran los ojos. Los migrantes que se jodan. Del maíz transgénico ya no hablamos, tampoco de chips y semiconductores, las armadoras de coches empezaron a caer. El transporte de aviación sufre. Los agricultores y ganaderos que aguanten el temporal. Total ya todos lo saben: con Morena gobernar es regalar la Patria en pedacitos, a los mexicanos sus “apoyos sociales”, y a Trump: ¿qué otra cosa se le ofrece, Señor? ¡Piénselo bien! ¡Soberanamente le damos 90 días!
Diputado federal