Las causas de la tragedia

Viktor Koronelli

La imprevisión de algunos líderes europeos, la incapacidad de superar sus ambiciones y prejuicios resultaron en el alejamiento de los aliados eventuales en la lucha contra el nazismo

Hace 80 años, el 1 de septiembre de 1939, las tropas alemanas cruzaron la frontera con Polonia, iniciando así la Segunda Guerra Mundial que se llevó decenas de millones de vidas. En vísperas de este dramático aniversario sería conveniente reflexionar sobre las causas de la tragedia que cambió la historia mundial para siempre.

Retrocedemos a los años 30 del siglo pasado. En aquel entonces, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tenía una postura antinazi. Las relaciones con Alemania cambiaron únicamente después del vergonzoso Acuerdo de Múnich, que estipuló la desmembración de Checoslovaquia en septiembre de 1938, con consentimiento de Gran Bretaña y Francia.

Ya en marzo de 1939, la Alemania nazi otra vez sin resistencia alguna por parte de las potencias occidentales, ocupó todo el territorio de Chequia y estableció un Estado títere en Eslovaquia.

Pese a la política de “apaciguamiento del agresor”, realizada por Londres y París, en ese momento Moscú aún tenía esperanza en la creación de una coalición de la URSS, Francia y Gran Bretaña. Los dirigentes de la Unión Soviética se daban cuenta de que la estrategia de política exterior del Tercer Reich estaba vinculada a las quimeras sobre “el espacio vital” en el Oriente, en las tierras eslavas, como decía Hitler, por eso Berlín seguía siendo nuestro enemigo principal.

Sin embargo, no todos los países europeos tomaban en serio la amenaza nazi.

El 17 de abril de 1939, Moscú ofreció a Londres y París firmar un acuerdo tripartito de ayuda mutua, que desgraciadamente nunca se concretó debido a la postura de Polonia (a propósito, el primer país en firmar un pacto de no agresión con Hitler en 1934, que también aprovechó el Acuerdo de Múnich de 1938, cortando a su favor una parte de territorio checoslovaco) y la de los países bálticos.

En aquella época no existía frontera común entre la URSS y Alemania, pero dichos países rechazaron rotundamente la idea de autorizar el tránsito de las tropas soviéticas a través de sus territorios.

No obstante, las negociaciones entre la URSS, Gran Bretaña y Francia continuaron hasta mediados de agosto de 1939. Al darse cuenta de que Polonia no aceptaría la ayuda soviética y que no se lograría firmar ningún acuerdo, el Kremlin se vio obligado a normalizar sus relaciones con Berlín. En la situación del conflicto armado con Japón en el Oriente, los líderes soviéticos querían garantizar la seguridad nacional de su país.

El 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética firmó con Alemania el Acuerdo de no agresión, también conocido como el Pacto Mólotov-Ribbentrop. Este documento permitió ganar tiempo y prepararse para un enfrentamiento militar con el Tercer Reich, que ya se hizo inevitable.

Así, la imprevisión de algunos líderes europeos, la incapacidad de superar sus ambiciones y prejuicios resultaron en el alejamiento de los aliados eventuales en la lucha contra el nazismo, provocaron desconfianza mutua y sospecha entre ellos y, como consecuencia, finalmente desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. Recordamos bien el alto precio que tuvo que pagar el mundo por esos errores.

 

Embajador de Rusia en México

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