Liderazgo para la crisis: enfoque en la ejecución

Víctor Torres Pérez y José Luis Calderón

La acción directiva no quedaría finalmente consumada sin la ejecución. En tiempos de crisis las formas y métodos tradicionales de ejecución sufren disrupciones profundas. En nuestro entorno hemos sido testigos de interrupciones relevantes en las cadenas productivas, en la continuidad de los negocios y sus operaciones, entre muchas otras cosas que han motivado exigencias importantes en la capacidad de ejecución de los directores, empresarios y sus equipos de trabajo.

La toma de decisiones en el ámbito de la empresa siempre acarrea consecuencias en varias dimensiones. Precisamente, por ello la dirección implica una carga irrenunciable. Los actos de las organizaciones impactan a su entorno, a otras empresas y es evidente que su dirección conlleva también muchas consideraciones hacia su interior, especialmente en las personas que la integran.

Así como al diagnóstico del director le corresponden dimensiones interiores y exteriores —humildad y objetividad, respectivamente— y lo propio de la decisión es la audacia y magnanimidad; a la ejecución le corresponden la confianza y la fortaleza.

En el caso de la ejecución, la fortaleza refiere a la capacidad de mantener los esfuerzos individuales y colectivos hacia el rumbo decidido a pesar de los contratiempos y obstáculos en el camino. De otro modo los esfuerzos corren el riesgo de volverse infructíferos ante cambios en el entorno o al interior de la organización.

Lo anterior no significa que se deba perseguir la meta a toda costa; pues en algunas ocasiones es preferible abandonar el camino y replantear el rumbo; incluso en un sentido radical. Lo que sí implica es que durante la ejecución es necesario mantenerse fuerte y firme para adaptarse a los cambios y nuevas circunstancias, para adquirir nuevas capacidades y aprovechar al máximo el apoyo de los colaboradores.

La fortaleza entonces, y como ya hemos tenido que estar experimentado en carne propia, es una virtud relevante para la dirección de organizaciones en tiempos de crisis. No obstante, la confianza quizá tenga un papel más relevante aún durante la pandemia que enfrentamos. La delegación de tareas y los cambios en los lugares, métodos y herramientas laborales se han vuelto más complejas o al menos muy distintas a lo que usualmente estábamos acostumbrados a raíz de la crisis.

El proverbio ‘trust, but verify’ (‘confía, pero verifica’) es particularmente importante en nuestro contexto. Con el auge del trabajo a distancia y las adaptaciones tecnológicas a la nueva normalidad, las personas a cargo de la dirección de empresas tienen la responsabilidad y el reto de mantener la productividad mientras, simultáneamente, brindan el apoyo necesario a sus colaboradores.

Se han escrito miles de páginas sobre el liderazgo. Muchas de ellas se enfocan en lo que no se debe hacer como líder: limitarse a dar órdenes y exigir resultados, mantener distancia de los colaboradores y sus tareas, etcétera. Mientras tanto, la definición de lo que constituye el liderazgo efectivo se pierde entre las propuestas.

Convertirse en un líder implica la responsabilidad de cuidar los intereses de la empresa, sus integrantes y comunidades. Si bien no podemos ofrecer una receta para obtener siempre el resultado esperado, podemos recomendar el desarrollo de las virtudes-hábitos y competencias para sortear de mejor manera la crisis actual y los retos que se avecinan. Todos estos elementos muchas veces no se consideran, pero sin duda son tan o más importantes que la mera capacidad técnica del líder de organizaciones al ser inherentes a su persona y a su acción.

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