UNAM. Compromiso social

27/06/2020
00:14
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Por: Enrique Burgos García

 

Si bien es cierto que nuestra Universidad Nacional Autónoma de México encuentra sus orígenes en el ya muy remoto siglo XVI, fundada como Real y Pontificia Universidad de México, la primera en las tierras de América, también es cierto que sus alcances y significado se muestran claramente en momentos de gran significación, cuando se funda, en 1910, como Universidad Nacional de México, con el determinante impulso del entonces ministro de Instrucción Pública, don Justo Sierra Méndez, aún en el régimen de Porfirio Díaz; de hecho, la última institución relevante fundada en esa época y, muy probablemente, la única que transitó y se proyectó después de la Revolución Mexicana.

Hacia 1929, justamente en junio, superada una huelga estudiantil, la Universidad conquista su autonomía para asegurar la libertad de cátedra y de investigación y ser espacio de apertura al pensamiento universal.

No es extraño que así haya sucedido, porque la UNAM y sus rectores, en sus diversas etapas, tuvieron y han tenido el talento y la aptitud para asumir los retos de la evolución de los tiempos. Así, el perfil de la educación superior, de la educación profesional que ha alentado la Universidad, continúa siendo acorde con los principales objetivos de carácter social que inspiraron el movimiento revolucionario de 1910-1917. Dentro de esos objetivos, uno fundamental es el impulso a la movilidad social. La UNAM ha hecho posible a lo largo de 110 años que el acceso a la educación superior de excelencia y la gratuidad para el estudiantado se constituya en elemento fundamental de acceso a la igualdad de oportunidades a partir del aporte del pensamiento y el análisis crítico.

Todos los mexicanos debemos sentirnos orgullosos de los logros y tareas de la UNAM. En sus aulas se han forjado los tres mexicanos galardonados con el Premio Nobel. La UNAM refleja la muestra más excelsa de los beneficios de la formación universitaria. Claro, también de sus aulas han egresado para contribuir al desarrollo político, económico, social y cultural de nuestro país miles de profesionistas de las más diversas disciplinas y especialidades que han colaborado y colaboran en una amplia gama de actividades para que el trabajo académico y el conocimiento aplicado con inteligencia generen mejores niveles de convivencia en todos los sectores de nuestra sociedad.

Cuando fue presidente de la República, el Lic. Adolfo López Mateos aceptó una invitación de la Universidad Autónoma de Querétaro para hacerle un reconocimiento; en ese evento, dentro de su discurso, expresó: “La Universidad surge y se fortalece del pueblo. Por ello, la Universidad debe dar su mejor impulso al pueblo que la crea”. Ahí fijó la clara percepción del Estado y la Universidad, porque se advertía con nitidez que pensar en la Universidad implica asumir que ahí se conjuntan no sólo las vertientes de la transmisión del conocimiento sistemático de ciencias y artes, sino también la investigación que busca expandir los ámbitos del saber, así como de un programa vanguardista, amplio y libertario de la difusión de la cultura, lo que sumado al contenido de la fracción VII del artículo 3° de nuestra Constitución, que reconoce el alcance de su autonomía, nos permite recordar que también la Universidad es un fiel reflejo de la diversidad nacional y de los elementos característicos de nuestra nación. En la UNAM hay constancia plena de grandes logros y enormes aportaciones para el avance de México, sin que ello deje de significar la existencia de rezagos e insuficiencias que es necesario conocer y reconocer para buscar e identificar alternativas para superarlas.

Una población creciente, un segmento fundamental de ella, sin duda, descansa en la juventud que justificadamente busca oportunidad de acceder a la educación universitaria, lo que a su vez deriva en una necesidad creciente y urgente de recursos económicos. Ello ha justificado a plenitud la existencia y las actividades de la Fundación UNAM, como instancia no lucrativa, sino promotora de la búsqueda de instrumentos de apoyo económico y material ante la incesante demanda social de acceso a la educación superior.

Fundación UNAM ha contado con muy valiosos apoyos, orientaciones y promociones de mujeres y hombres con gran sentido de compromiso con nuestra Alma Máter. Aún así, los requerimientos en apoyos materiales, becas, equipamiento, etcétera, siguen siendo impostergables. Habría que agregar que el compromiso social de la UNAM tiene una acreditación presencial, material y académica con auténtico alcance nacional. Una muestra palpable de ello es la importancia que tan sólo en Querétaro tiene el Campus Juriquilla en distintas áreas, una de ellas lo es el Instituto Nacional de Neurobiología, que apoya a segmentos sociales de muy limitada capacidad económica y brinda atención médica y científica de primer orden.

Pero, de nuevo, el respaldo cada vez más demandante en el ámbito social hacia la UNAM, a través de Fundación UNAM, es una constante. Ello explica que Fundación UNAM haya impulsado la organización de “Capítulos”, que en el mismo sentido de colaboración operan en los distintos Campus UNAM que existen en la República, uno de ellos es el de Querétaro, cuyos inicios datan de hace 10 años, laborando bajo las mismas directrices y supervisión de Fundación UNAM y el cual tengo el privilegio de presidir. Todo ello explica y justifica la intensa labor de esta tan importante Fundación Universitaria de orden social.

Por ello es indispensable que en este tiempo emblemático de la pluralidad política de la nación y de la dificultad para concretar una auténtica convivencia democrática entre opciones diversas, la coincidencia en el reconocimiento a nuestra Universidad Nacional, y a todas las universidades por parte de los más distintos actores, se afirme, categóricamente, como una razón para articular entendimientos y concretar acuerdos útiles para que nuestro país edifique las vías que requiere para hacer frente a los graves desafíos de éste, nuestro siglo XXI.

Nación en momentos en los cuales cabe afirmar principios que dan identidad a nuestro país, pero que también vuelven la mirada al porvenir para identificar los nuevos paradigmas que den cauce a ésta y las siguientes generaciones. Aquí hay una enorme responsabilidad de los universitarios.

Los principios de libertad, soberanía, justicia, derechos sociales y democracia los estimamos, deben ser inamovibles e inspirados todos en la búsqueda del bienestar colectivo y de un digno horizonte para la nación. Así lo pensó el ilustre José Vasconcelos, pues sólo así hablará el espíritu para nuestra raza.

 

Presidente del Capítulo Querétaro de Fundación UNAM