Por: Tania Naanous

@tanianaanous

Asociado(a) del Programa de Jóvenes COMEXI

La ONU Mujeres publicó la semana pasada su Gender Snapshot 2026 y los datos deberían quitarnos el sueño: una de cada tres instituciones creadas para avanzar la igualdad de género en el mundo perdió poder en los últimos dos años. Una de cada cuatro sufrió recortes presupuestales. Al ritmo actual, la igualdad llegará en 171 años. El informe resalta algo que ya sabemos pero estamos viendo en la actualidad: estamos ante un "retiro político deliberado".

Lo que más me inquieta es la forma. Casi nadie está derogando leyes ni anunciando que la violencia contra las mujeres dejó de ser importante. Lo que parece ser más bien es que bien quitan los recursos, conservan la fachada y vacían de contenido profundo. Le quitan a la institución el presupuesto, el mandato, la titular, el lugar en la mesa donde se deciden las cosas. En Argentina se eliminó el Ministerio de las Mujeres. Suecia, que acuñó el término "política exterior feminista", abandonó la etiqueta. Estados Unidos desmanteló su cooperación internacional y una de cada tres organizaciones que atienden violencia contra las mujeres en el mundo suspendió o cerró programas por falta de financiamiento. Detrás de esa cifra hay refugios que cierran, líneas que dejan de contestar, mujeres que llamaron y no encontraron a nadie.

¿Y México? Presumimos credenciales que casi ningún país tiene, con razón: la primera presidenta de nuestra historia, paridad constitucional, una secretaría de Estado dedicada a las mujeres, una política exterior feminista pionera. Pero la prueba de una institución nunca está en el papel, está en lo que pasa cuando hay que elegir qué importa. Este año, la Secretaría de las Mujeres pasó de abril a junio sin titular, justo en la antesala del Mundial. Durante el torneo, las agresiones dentro de los hogares aumentaron entre 26 y 38% según el resultado del partido, y las organizaciones registraron alrededor de 50% más solicitudes de ayuda. México es uno de los países con mejores estándares internacionales en derechos humanos y de protección de las mujeres, pero le falta mucha aplicación de esta misma.

Marcela Lagarde nos enseñó que el feminicidio se llama así porque nombra la responsabilidad del Estado: su omisión, su negligencia. El vacío institucional funciona como la misma omisión. Internacionalmente estamos viendo cómo ese vacío genera problemáticas hoy en día, pero todavía no contabilizamos qué tan grande está ese hueco que dejaron.

En Lentes Púrpura, una asociación civil y consultoría especializada en perspectiva de género, sostenemos una tesis desde el primer día: la violencia estructural persiste porque el daño se normalizó y porque la gente asume que las instituciones no pueden cambiar. La apuesta de quienes desmantelan es más cínica: convencernos de que estas instituciones siempre fueron ornamentales.

¿En qué momento aceptamos que la igualdad puede esperar 171 años? ¿Cuántas instituciones más tienen que vaciarse antes de que lo llamemos por su nombre? ¿Dónde está el Estado que juró protegernos? Tantas preguntas y, por ahora, ni una respuesta.

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