LA TRAGEDIA COTIDIANA DE JALISCO

Paola Félix Díaz

A las mexicanas y mexicanos:

Los hermanos González Moreno (Ana Karen de 24 años; José Alberto de 29, y Luis Ángel de 32) fueron sacados de su hogar a golpes, empellones y amenazas, por unos ocho sujetos que portaban armas largas, uniformes color caqui y capuchas, alrededor de las 11 de la noche. Al menos uno de los agresores vestía un chaleco antibalas con las siglas del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Los cuerpos sin vida de los tres jóvenes fueron encontrados la mañana del domingo en el kilómetro 27 de la carretera Guadalajara-Colotlán, cerca de la comunidad El Pueblito, municipio San Cristóbal de la Barranca; sin embargo, hay que apuntar que inicialmente no se reveló que se trataba de los tres hermanos.

Sobre este terrible asesinato, es importante destacar diversos elementos que han sido dados a conocer por las autoridades y ampliamente difundidos por los medios de comunicación. Por un lado, la hipótesis presentada por el fiscal de la entidad de que posiblemente confundieron a los jóvenes se basa en que el viernes, media hora después de que los hermanos fueron secuestrados por el comando, en Tlaquepaque fue atacado un vehículo en el que viajaba un civil custodiado por personal de la Fiscalía General de la República, quien vivía en la misma calle que las víctimas.

Por otro lado, uno de los puntos que mayor polémica ha causado, es el hallazgo de una lona junto a los cuerpos de los hermanos con el siguiente mensaje: “Para el gobierno: esto les va a pasar a todos los del gobierno que estén mandando vestidos de civiles y en carros particulares, aprendan a respetar ¡No sean vendidos! Somos mexicanos, putos. ¡Vendidos vende patria! ¿Quieren respeto? Den respeto, usen uniformes y carros del gobierno porque a todos los que anden de civiles LES VA A PASAR LO MISMO”.

En este sentido, no podemos soslayar que la Fiscalía de Jalisco no haya descartado la posibilidad de que fuera un ataque directo contra los jóvenes. Pero, llama particularmente la atención que el lunes 10 de mayo, en su cuenta de Twitter, el gobernador Enrique Alfaro, escribiera: “La amenaza directa al Gobierno plasmada en una lona encontrada junto a los cuerpos de los jóvenes no nos va a intimidar. Es evidente que con estos ataques quieren someter al Gobierno. No lo van a lograr”.

También señaló que el asesinato de los hermanos es un golpe más del crimen organizado contra los jaliscienses. “Ojalá que todos entendamos que este es un golpe más de la delincuencia contra el pueblo de Jalisco. Ojalá que todos entendamos que el enemigo es el crimen organizado y que frente a ellos tenemos que estar unidos, sin mezquindades, sin politiquerías”.

Desafortunadamente el asesinato de Ana Karen, José Alberto y Luis ángel no puede ser visto como un hecho aislado; haya sido una confusión o no, es una realidad que la sociedad jalisciense ha sido víctima durante años, no sólo del crimen organizado, sino también de las autoridades estatales. La recurrencia y el tipo de violencia y asesinatos que han tenido lugar en la entidad revelan una historia de horror, impunidad, complicidades y negligencia.

A los lamentables hechos referidos, le anteceden, por ejemplo, el de los tres estudiantes de cine de Guadalajara, desaparecidos y asesinados en 2018, durante la campaña presidencial, cuyas investigaciones señalaron que se trató de otra “confusión”. El asesinato del exgobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, en diciembre de 2020 en Puerto Vallarta. El cadáver abandonado de un líder criminal en el centro de Tlaquepaque el pasado mes de marzo. La balacera en la colonia Chapalita, hace unas semanas, donde integrantes del CJNG intentaron llevarse a un policía durante un operativo.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana 2019, Guadalajara, Tonalá, Tlajomulco de Zúñiga y San Pedro Tlaquepaque, superaron la media nacional de 67.8% en percepción de inseguridad. Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad revelan que el nivel de violencia en Jalisco en 2019 superó el documentado en 2018 y, de acuerdo con la misma autoridad, por día, en promedio 8 personas fueron asesinadas en dicha entidad. Conforme a datos del documento La Guerra en Números de TResearch, de enero a diciembre de 2020, en Jalisco se cometieron 2,469 homicidios dolosos; asimismo, en lo que va de 2021, al 5 de mayo hay un acumulado de 511 y desde el inicio de la actual administración estatal suman 6,032.

Jalisco es una de las entidades, junto con Guanajuato, Baja California y Michoacán donde más asesinatos se registran, debido al narcotráfico y a las interacciones entre grupos criminales. La entidad tiene un trazo delictivo que involucra a personajes políticos con diversos ilícitos, y presenta una alta incidencia en delitos de alto impacto, como el robo de combustible, la extorsión a comercios y transportistas, narcomenudeo, feminicidios, trata de personas y desapariciones forzadas.

Jalisco figura en el primer lugar a escala nacional en desapariciones, con 12 mil 631, de ahí que la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) calificó de “desesperante la situación”, además de las ejecuciones, los feminicidios y otros homicidios dolosos, mismos que han “rebasado la capacidad de las autoridades municipales, estatales y federales”. Con acierto señaló la CEDH que se han alcanzado niveles alarmantes de sufrimiento colectivo. Lamentablemente, el miedo, la angustia y la incertidumbre de las familias jaliscienses, están presentes todos los días y a todas horas.

El departamento de sociología de la Universidad de Guadalajara señaló que el número de masacres en Jalisco es mucho más alarmante que las que ocurren en todo Estados Unidos. Basta señalar que en 2020, la tasa de masacres por cada millón de habitantes en dicha entidad fue de 23.4, en tanto que en el país vecino fue de 0.56; mientras que de enero a marzo de este año fue de 9.0 y 0.24, respectivamente.

Resulta innegable que los hechos ocurridos y la realidad que vive la sociedad jalisciense son el resultado de la corrupción, la impunidad y la negligencia con la que se han conducido a través de los años los gobiernos y las autoridades, tiempo en que el crimen y la violencia creció sin control, dejando al pueblo de Jalisco en el desamparo; sin embargo, tienen la valentía y la fuerza para caminar vestidos de blanco con velas encendidas como un recordatorio para nunca rendirse “ante la oscuridad de la violencia y la barbarie […] para recuperar la esperanza de que la justicia y la paz aún son posibles”, tal y como publicó en redes sociales la Universidad de Guadalajara (UDG).

Mientras escribo este artículo, no puedo dejar de pensar en la escena que relata en una entrevista con el diario El Occidental la novia de José Alberto, estudiante de Geografía en la UDG, quien al momento en que se los llevaron, estaba haciendo la tarea; Luis ángel terminaba unas tazas que le habían encargado (era serigrafista) y Ana Karen estaba cenando. Es una verdadera desgracia que una vida cotidiana padezca de una violencia igualmente cotidiana.

Mi solidaridad y más sentidas condolencias para la familia y amigos de José Alberto, Luis ángel y Ana Karen, así como para toda la sociedad jalisciense.

Paola Félix Díaz
Titular del Fondo Mixto de Promoción Turística de la CDMX;
activista social y exdiputada federal. @larapaola1

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