Moralina, puritanismo y corrección política

Los firmantes de la carta representan una excepción en la cultura norteamericana. Lo “bien visto”, lo “correcto”, es asimilar el ideario y manual de uso de la “corrección política” sin cuestionamientos ni análisis intelectuales. El mundo ha caído presa de una era emocional. La política ha sido arrebatada por la corrección política y la inevitable moralina puritana que conlleva. Todo es un escándalo, todos son escandalosos. La noción es sencilla, si todo se filtra bajo la óptica del puritanismo e

Hace unas semanas la revista Harper’s publicó una carta titulada “Una carta sobre la justicia y el debate público.” En dicha carta un grupo de intelectuales hacían frente al creciente acoso de la emocionalidad sobre la razón. La carta declaraba que “El libre intercambio de ideas es el alma de una sociedad liberal, pero cada vez es más restringida…por una moda de avergonzamiento público y ostracismo, y una tendencia a disolver problemas complejos en una ciega certidumbre moral”. Fue firmada por decenas de intelectuales incluyendo a Noam Chomsky, Malcolm Gladwell y JK Rowling, y causó revuelo en el mundo anglosajón. Irónicamente, fue vapuleada por la opinión pública anglosajona con esa misma moralina a la que la carta criticaba. Al final, si algo demostró la respuesta a este manifiesto es que los firmantes tienen razón.

Los firmantes de la carta representan una excepción en la cultura norteamericana. Lo “bien visto”, lo “correcto”, es asimilar el ideario y manual de uso de la “corrección política” sin cuestionamientos ni análisis intelectuales. El mundo ha caído presa de una era emocional. La política ha sido arrebatada por la corrección política y la inevitable moralina puritana que conlleva. Todo es un escándalo, todos son escandalosos. La noción es sencilla, si todo se filtra bajo la óptica del puritanismo entonces solo existen dos visiones; lo bueno y lo malo. Esta visión maniquea tiene una alta rentabilidad para una economía que se mueve desde el “show” y la cultura del entretenimiento.

En el fondo, rara vez se trata de las causas y los temas. Las causas suelen ser complejas y tienen muchas maneras de entenderse y construirse. La buena voluntad filtrada a través del “empoderamiento” acaba siendo utilizada por el sistema para generar entretenimiento. De esa forma, la política es deconstruida, a través de juicios y linchamientos mediáticos, y reconstruida como un show en busca de rating. Todos quieren ser parte de ese show, pertenecer a este nuevo mundo, sentirse parte de un halo de pureza, “conciencia” y lucha social. El problema es que bajo este modelo nuestra naturaleza humana no puede sostenerse; los altísimos estandares moralinos, son incompatibles con nuestra verdadera identidad, fragmentada, contradictoria, vulnerable. Ser humano significa muchas cosas, el nuevo puritanismo reduce todo al “bien” y al “mal”. Al final, todos acabamos volviéndonos víctimas y victimarios —al mismo tiempo— en una narrativa que ayudamos a construir pero que también nos va poco a poco destruyendo.

Europa continental tiene una tradición filosófica que lo vuelve más resistente a la narrativa norteamericana. A pesar de que las nuevas generaciones asimilan con más facilidad los conceptos estadounidenses, la construcción cultural europea filtra la reactividad con la que los temas son impuestos por EU. Donde el pensamiento americano es plano, la tradición europea funciona siempre en tres dimensiones.

En el México urbano es más difícil resistir la tentación de caer en la narrativa. Carentes de una tradición filosófica clara y alejados de los movimientos sociales de la periferia, las sociedades urbanas en México son vulnerables a estas “modas” o “corrientes” empujadas desde los Estados Unidos. Las clases medias altas han sido formadas en el vecino del norte o en escuelas mexicanas que buscan imitar su idiosincrasia y han construido una admiración con pocos filtros ante aquel modelo. A la vez, las clases medias se permean del concepto del “American Way of Life” a través del penetrante mundo del entretenimiento estadounidense. Mientras culturalmente México ha logrado ciertas resistencias a los Estados Unidos, intelectualmente no hemos logrado construir esas mismas barreras.

El éxito de la narrativa estadounidense tiene dos ejes; el empuje desde el monolítico mundo del entretenimiento y la facilidad de su uso; en redes sociales y en nuestro discurso público es más fácil adoptar este manual y unirse a un cauce de lo “correcto”. De alguna forma, hacerlo evita realmente tener que analizar las fuertes problemáticas sociales que se pretenden solucionar. En ese sentido, las “soluciones” que se plantean desde el mundo de la emoción, el escándalo y la corrección política revelan mucho de la identidad norteamericana que las construyó: se trata de respuestas superficiales que no buscan analizar y entender el problema, si no categorizar, encontrar culpables, generar linchamientos, construir discursos, imponer normas morales; elementos todos externos a los problemas. La manera de enfrentar las problemáticas acaba siendo más una solución a los problemas de rating que a las problemáticas sociales.

Mientras la sociedad esté permanentemente escandalizada, indignada y shockeada, los anuncios se venden, aunque los problemas que escandalizan sigan existiendo. Mientras la emoción gobierne sobre el intelecto, la cultura del entretenimiento podrá seguir generando riqueza.

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