Lectores de periódicos en medio de las calles: los inicios de la cultura vehicular

Mochilazo en el tiempo

Hace cien años el aumento acelerado de automóviles al entonces Distrito Federal causaba confusión y variados accidentes entre conductores y peatones, fue así que se revolucionó la normatividad vial capitalina; tanto los carros como los semáforos eran novedades. Las calles se llenaban de autos por la publicidad que se leía en los diarios; nacía una cultura vehicular.

Texto: Oscar Pérez Canjura

Pensar la ciudad de hace cien años nos remite a calles de tierra, de empedrados lodosos y varias asfaltadas con uno que otro excremento de caballo o mulitas que jalaban al tranvía. Era una capital con calles que durante cuatro siglos sirvieron a carrozas y caballos, y en la que los vehículos motorizados causaron estragos desde su aparición siempre ascendente.

Fue hasta 1927 que se prohibió casi totalmente el uso de los vehículos de tracción animal en la Ciudad de México.

Una fotografía de 1909 en la se aprecian carruajes por los alrededores de la dulcería y pastelería EL GLOBO, cuando se encontraba en la esquina de San Francisco y Coliseo, hoy Madero y Bolívar. Colección Villasana – Torres. Contrasta con el actual cruce del andador peatonal que es hoy Madero y la calle de aspecto antiguo transitada por carros del siglo XXI. Google Maps.

Se trató de un período de anarquía vial. Reportes de este diario indican que en 1922 la Comisión de Vehículos del H. Ayuntamiento del Distrito Federal enunciaba a los frecuentes accidentes viales como “nuevos problemas”, pues por las calles se movían, sin gran norma y sin sentido definido, autos de vapor, de gasolina, tranvías, trenes, carrozas y hasta trajineras por el canal de la Viga.

La capital transitaba a la globalización en términos de vialidades y medios de transporte, pero el sentido de las calles lo imponía cada conductor, y “las rutas quedaban al arbitrio de los conductores de camiones.”

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Pese a que ya habían transcurrido 20 años desde la instalación de los primeros semáforos en la capital, esta imagen de la esquina de Motolinía y Madero en los 40 prueba que el desorden en la circulación de vehículos y peatones es una constante. Colección Carlos Villasana.

El automóvil ganaba terreno a través de la publicidad

En enero de 1922 y con la intención de acercar los automotores a la población, la Cámara de Comercio organizó la segunda Exposición internacional en el Teatro Nacional para presentar al público las nuevas marcas y modelos de automóviles: Chevrolet, Star, Buick, Bergaman y Dodge brothers, entre otras, varias de ellas aún vigentes. La Durant Motors Inc. ofrecía su modelo “cupé con arranque y llantas desmontables con un precio de 589 pesos abonables.”

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La compañía de automóviles Durant Motors inició su producción sólo un año antes de la publicación del anuncio de este modelo con llantas de cara blanca en 2 mil 600 pesos de la época. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Las reglas de la exposición eran, entre otras, no tocar el claxon ni encender las farolas, ni cosa alguna que molestara al vecino expositor.

Decía la Capital Motor Studebaker: “Para vender automóviles hay que anunciarlos”.

Data de esa época que los diarios comenzaron a llenarse de publicidad de coches y neumáticos; empezaban las secciones dominicales dedicadas enteramente a la mecánica.

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La marca de automóviles que hoy conocemos como "Dodge" antes era "Dodge Brothers Company" en la década de los 20, hasta antes de ser adquirida por Chrysler. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Explicaba en su publicidad la marca Overland (que quebró pocos años después): “Desde que el automóvil fue lanzado al mercado se sintió cómo, inmediatamente, quedó llena una necesidad por la que desde hacía tiempo clamaba la gente de buen gusto y de buen juicio en las ciudades más importantes del mundo.”

Pero ocurrió un doble fenómeno en la Ciudad de México: a la vez que la Cámara de Comercio fomentaba la oferta y la demanda de automóviles, las calles se volvían peligrosas “pistas de carreras” en las que podían colisionar coches, caballos, peatones y tranvías.

Un reporte de noviembre de 1922 detallaba: “Se vieron casos de que algunos automóviles llegaron a arrasar las banquetas; otros, se incrustaban en los aparadores de algunas casas de comercio y otros más al aplicar violentamente los frenos haciendo con ello un fuerte derrapaje, quedaron con las ruedas hacía arriba.”

Las llantas Goodrich advertían en su publicidad: “evite el peligro”.

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La importancia que ganaron los automóviles en los años 20 se reflejó en la cantidad y tamaño de los anuncios de compañias de la industria automotriz. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

En septiembre de 1922 este diario registró una peligrosa “irregularidad para la expedición de licencias”. Precisamente frente al Teatro Nacional y 5 de Mayo:

“Un automóvil comenzó a hacer maniobras sin fijarse en que otros vehículos estaban en movimiento. Por más indicaciones que se hicieron al chofer con las bocinas, no hizo caso. Alguien le hizo notar su imprudencia y pudo convencerse de que el chofer era sordo”.

Al inicio hubo numerosos accidentes y atropellamientos

Las quejas y los accidentes se sumaban y llegaban hasta el Ayuntamiento, pues ni los automovilistas estaban familiarizados con los nacientes reglamentos viales, ni los peatones con los automovilistas.

Un reportaje de EL UNIVERSAL capturó el carácter neurótico de los conductores: “porque nadie quería quedarse atrás, todos querían pasar primero, aun cuando perdieran mayor tiempo con las disputas que surgían a cada instante, cada quien alegando sus derechos a su manera, silbándose injurias de uno a otro vehículo, sonando los claxons con intención insolente.”

Mientras se regulaban los cruces viales, se registraron numerosos accidentes y atropellos conforme los automóviles iban formando parte de la vida de la ciudad. 

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La importancia que ganaron los automóviles en los años 20 se reflejó en la cantidad y tamaño de los anuncios de compañias de la industria automotriz. Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Otro reportaje de este diario, de abril de 1922, titulado “La comisión de vehículos estudia la forma de mejorar el tráfico”, ofrece la perspectiva de un "chauffeur" quien dijo: 

“He visto cómo un hombre ya entrado en años cruzó una calle leyendo el periódico… otros se detienen en la mitad de la calle y se ponen a hablar con algún amigo.”

Las calles, se observa, no eran todavía del dominio exclusivo de los coches y los peatones las transitaban libremente, acaso cuidándose solo de las carrozas.

El mismo "chauffeur" comentó: “Los niños, es natural, salen siempre de la cátedra con ganas de jugar. Por eso no pueden evitar que salgan corriendo: los automóviles deben reducir la marcha a la velocidad mínima para que puedan, en cualquier momento, detener su coche y evitar la desgracia.” Estamos, pues, cumpliendo en este 2022 unos cien años de los legendarios letreros: “Precaución, zona escolar”.
 

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