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La manipulación planetaria

Miguel Sabido

Para entender el rarísimo clima político que todos estamos padeciendo es obligatorio y urgente ver el magnífico documental Nada es privado que se acaba de estrenar en Netflix

Es un reportaje de la extraordinaria periodista de investigación inglesa Carole que desenmascaró las eficientísimas y aterradoras técnicas de comunicación que al través de las redes sociales, especialmente Facebook, llevaron a que, sorpresivamente, Inglaterra abandonara la Unión Europea, y con ello debilitara enormemente a todo el continente europeo y lograr el sorprendente, y para muchos aterrador,  triunfo de Donal Trump en los Estados Unidos.

Para entender lo que está pasando en el mundo de la comunicación masiva electrónica  en todo el mundo es necesario regresar, por un momento, a las investigaciones sobre la fisiología del cerebro del Dr. Paul Mac Lean que realizara en la década de los setenta en la Universidad de Virginia. Mac Lean demostró (aunque sus seguidores han llevado mucho más lejos sus investigaciones) que dentro de nuestra cabeza se alojan tres enormes acumulaciones de neuronas. En la más antigua de ellas -a la que denominó cerebro reptil --porque lo hemos heredado de ellos- se encuentran las cuatro pulsiones fundamentales (drives) que rigen nuestras conductas instintivas y que compartimos con todos los animales:

1.- Búsqueda de pareja sexual o fraternal (responsable del “amor fou” pero también de las porras de los estadios, las agrupaciones religiosas fanáticas y las pandillas delincuentes urbanas.

2.- La búsqueda de alimento que en ocasiones puede llevar al ser humano a saqueos y vandalismos aparentemente inexplicables.

3.- La huida ante la señal aversiva que puede producir los pánicos multitudinarios que terminan en masacres.

4.- La agresión intraespecífica. Y ésta es la más terrible de todas ya que puede generar las guerras, los crímenes salvajes, los feminicidios sádicos, las brutales conductas de odio y destrucción del semejante.
Lo que Carole Cadwalladr destapó fue la manipulación masiva que despertó las pulsiones de los trabajadores menos preparados intelectualmente del Reino británico para propiciar el gravísimo Brexit y de sus iguales en los Estados Unidos para darle el triunfo a Trump.

No hay vuelta de hoja, la periodista desenmascaró este tipo de comunicación basada en la pulsión agresión intraespecífica manifestada en mensajes de odió y falsas noticias (fake news). Inclusive ante el escándalo mundial  el Senado norteamericano se vio obligado a intervenir, e infortunadamente y a pesar de que se descubrió plenamente la manipulación no pudo  hacer nada.

La técnica usada en principio es sencilla: en toda elección electoral el electorado se divide esencialmente en dos (aunque puede haber otras facciones pequeñas), los que apoyan al candidato A y los que apoyan al candidato B; pero en medio quedan grupos indecisos.  La agencia de comunicación Cambridge Analytica  diseñó mecánicas específicas (mensajes en Facebook  y twiter mandados por robots que llegaran directamente a esos indecisos para generarles reacciones de agresión intraespecífica  en contra de alguno de los dos candidatos . A la Agencia le daba lo mismo trabajar para Trump o Hilary Hilton.

 ¿Quién paga más? Así, el primer paso de la metodología es analizar, gracias a la asombrosa base de datos de Facebook,  quiénes son esos electores capaces de sucumbir ante los mensajes de odio. Dividir al país de manera tajante para que lleguen a odiarse unos a otros. Después comprar cientos de millones de dólares en Facebook[MS1]  (y probablemente en Instagram, Twiter y YouTube). Estas, aparentemente inofensivas, redes sociales han logrado organizar gigantescas bases de datos con la información pormenorizada de cada uno de nosotros. No nos dimos cuenta al abrir nuestro perfil en Facebook que estábamos entregando todos nuestros datos, nuestra intimidad y la de nuestra familia. Carole Cadwalladr revela en su reportaje que Facebook tiene alrededor de cinco mil puntos de información de cada uno de sus usuarios y que el uso de la red social, que todo mundo pensaba que era gratuito, en realidad tiene un precio terrible: el disponer de nuestros más íntimos datos y poder manipularlos y venderlos al mejor postor. Solamente piense usted en el encantador mensaje que nos llega todos los días “Este es tu aniversario de amistad con tu tía Maritoña ” ¿Cómo lo supieron?

No importan ya la filiación política o moral. Y mucho menos ética. La agencia, cuya sede estaba en Londres podía extender sus tentáculos a todo el planeta mediante el Internet. Y lo hizo. A través de las llamadas “Granjas de bots” (Enormes computadoras instaladas secretamente en remotos puntos del planeta manejados por unos cuantos a los que se les compra su silencio con altísimos salarios y que manejan diariamente, con enorme eficiencia,  miles y miles de mensajes a favor o en contra de cualquier candidato y que responden a sofisticadísimas estrategias de comunicación.  Claro que la población más proclive a dejarse seducir por estos mensajes es la que de menor escolaridad dispone. Y en países con antecedentes coloniales (como toda Latinoamérica) los deficientísimos sistemas educativos públicos han creado esas enormes  audiencias susceptibles de ser manipuladas con las  especializadísimas  técnicas de agencia del tipo de Cambrige Analytics . Y cada uno de esos receptores tiene un voto. Y son millones. Y esos millones lograron que Inglaterra cometiera la locura de abandonar la Unión Europea, que Trump triunfara en el último momento y que Bolsonaro (De extrema derecha) se apoderara de Brasil. Aquí ya no se trata de geometría política sino de ansias desmedidas de poder.

Urjo, de la manera más gentil pero enérgica, urjo a todos los analistas políticos de mi país, a los estudiantes y maestros de las Facultades de comunicación y a mis colegas de la Academia mexicana de la comunicación a observar con cuidado y alarma este extraordinario reportaje. Y asombrarse, y asustarse.
En las apretadas tres cuartillas de esta nota no puedo explayarme y analizar, utilizando mi Teoría del tono (UNAM, 2000) las sofisticadísimas técnicas de comunicación que llegó a desarrollar Cambridge Analytica; pero prometo hacerlo en otras ocasiones.

Ahora, quizás lo más grave del asunto no es que Cambridge Analytica se haya declarado  en quiebra y cerrado  apresuradamente su sede en Londres evadiendo todo castigo. No, lo más grave es que hay indicios rotundos   que existen en la sombra  otras agencias de comunicación que están utilizando esta metodología tan inmoral y poco ética que vende la democracia de los países y el libre albedrío de los electores. Y por muy ricos y poderosos que sean los Estados Unidos también sucumbieron cuando Trump nos eligió como sus enemigos (Por supuesto ficticios y desarmados) y llevó la agresión intraespecífica hasta el delirio de construir su muro.
Suena el timbre angustioso de la alarma ¿Cómo podemos detener esta brutal amenaza para cada uno de nosotros?

 

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