El miedo a El Salvador

Gerardo Velázquez de Léon

El miedo de la Selección Nacional es la hostilidad de una ciudad que generalmente se paraliza para ir a presionar a los mexicanos

En El Salvador, entienden el futbol como si fuera una guerra, no diferencian lo que representa, que nada tiene que ver con la patria. Por eso, es tan incómodo jugar en el vetusto estadio Cuscatlán. Pero han cambiado los tiempos y la gran ventaja de jugar ahí para los salvadoreños se ha modificado; ahora, les imponen horarios nocturnos; claro, la televisión manda y eso le baja considerablemente las condiciones “peligrosas”. Por lo menos, ya no se derriten, porque hace algunas eliminatorias los partidos se programaban al filo de las 3 de la tarde, con temperaturas imposibles para jugar.

La gente en San Salvador es muy entregada a La Selecta, pero futbolísticamente tampoco han sido la octava maravilla en sus partidos eliminatorios contra la Selección Mexicana; de hecho, solamente le han ganado dos partidos en el Cuscatlán, porque el más doloroso de todos, el que dejó fuera a la Selección de un Mundial, fue en 1981, en el estadio Tiburcio Carías de Tegucigalpa, Honduras, cuando se jugabn en una sola sede el Hexagonal final. Esa noche, claro que fue dolorosa para el futbol mexicano, pero —en los últimos tiempos— el dominio ha sido tricolor, y debería seguir siendo así, por la diferencia futbolística entre estos dos equipos.

El Salvador, en toda la historia contra México, tiene —además de esas tres victorias en eliminatoria— otras cinco en amistosos u otro tipo de torneos. En 1954, en Juegos Centroamericanos, y cuatro amistosos, uno en Texcoco, uno más en el otrora estadio llamado Flor Blanca (hoy Mágico González), otro más en el Cuscatlán y el más reciente en Estados Unidos, en la casa del Galaxy.

Por eso, el miedo de la Selección Nacional es la hostilidad de una ciudad que generalmente se paraliza para ir a presionar a los mexicanos, desde jugadores, directivos, cuerpo técnico y hasta aficionados y periodistas.

La irregularidad de la zona de Concacaf, en todos los equipos —incluido México—, debería ser la más alta preocupación, no solamente las serenatas y mentadas de madre, no una tribuna encendida entre el odio al futbol mexicano y litros de cerveza que circulan desde muy temprana hora en el exterior e interior del Cuscatlán.

Gerardo Martino encontrará en Andrés Guardado, Héctor Moreno, Guillermo Ochoa, Alfredo Talavera, Raúl Jiménez, Héctor Herrera y Orbelín Pineda, a los futbolistas que ya conocen el entorno; insisto, muy manejable en estos días con futbol simple. Jugando y anotando se acaba todo para los salvadoreños, porque nunca reaccionan ante un “golpe” de autoridad en el campo.

Así que el miedo, ese que tanto se siente cuando hay partido en San Salvador, es fuera del estadio, es mucho más hostil el ambiente con el entorno que con la propia Selección Mexicana, a la que custodian y cuidan como si fuera la delegación de un jefe de Estado.

@gvlo2008
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