La nostalgia del adiós

Gerardo Melín

Escribo esto a propósito del retiro del gran Iker Casillas, un guardameta como pocos. Cuesta trabajo entender que no lo veremos más en el sitio que lo encumbró

Difícil asimilar que te vas, que el tiempo te alcanzó, que ya no harás lo que tanto te gusta, que tu rutina cambiará, que nada será igual, que todo se terminó. Qué complicado tomar la decisión de retirarte. Nos va a llegar a todos ese momento.

Deberíamos estar preparados, pero es en lo que menos nos preocupamos cuando estamos en plenitud. Lo dejamos pasar, porque “no hay tiempo para pensar en eso”. Cual sea la profesión, trabajo u oficio, el golpe es muy fuerte cuando se deja.

Nadie nos enseña a lidiar con esto. Difícilmente, tenemos un guía para trabajar “el final”. Cuánto no pasará por la mente cuando llega el día del anuncio: recuerdos, anécdotas, fracasos, victorias. Debe ser muy doloroso el instante en que empiezas a visualizar el famoso “todo tiene un principio y un fin”.

Esto va más allá de cambiarse de escuela, trabajo, casa o de tantas cosas que tenemos en nuestra existencia; es, literalmente, perder toda una vida. Se muere parte de ti. Ojalá nunca nos alcanzara esta circunstancia, pero es inevitable. Hay que pasar por un duelo, muchos no lo logran, se quedan en el camino por tristeza o falta de fortaleza para enfrentar la “nueva vida”.

Escribo esto a propósito del retiro del gran Iker Casillas, un guardameta como pocos. Cuesta trabajo entender que no lo veremos más en el sitio que lo encumbró. Es cierto, estaba alejado por un problema cardiaco, pero él tenía la esperanza de volver. No fue posible.

Se terminó una carrera repleta de títulos, de victorias —también de descalabros—. Ganó todo lo que puede dar la competencia europea y los torneos más importantes a nivel mundial.

¡Ánimo!, que venga lo mejor para él y para todos aquellos que pasan por este complejo proceso. Besos y abrazos para todos.
@elmagazo

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