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¡Bah!, no pongan esa cara

Se titula el divertido, acuciante y revelador, libro de Toño Malpica, que es un astronauta, y de Alejandro Magallanes, que en asuntos de astronautas nomás no, publicado por Alfaguara del grupo editorial Penguin Random House, en septiembre de 2019, en la Ciudad de México. Por supuesto que es un libro para niños y sobre todo para niñas, pero si usted es una persona que se ha dejado absorber por su profesión, aunque no le guste tanto, y está dispuesta a probar aunque sea por algunas horas eso que r
09/01/2020
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Se titula el divertido, acuciante y revelador, libro de Toño Malpica, que es un astronauta, y de Alejandro Magallanes, que en asuntos de astronautas nomás no, publicado por Alfaguara del grupo editorial Penguin Random House, en septiembre de 2019, en la Ciudad de México. Por supuesto que es un libro para niños y sobre todo para niñas, pero si usted es una persona que se ha dejado absorber por su profesión, aunque no le guste tanto, y está dispuesta a probar aunque sea por algunas horas eso que realmente en su niñez pensó hacer, este libro le abrirá una puerta que quizá no tenía completamente clausurada. Sólo para alimentar su curiosidad, les cuento que Alejandro es el ilustrador y Toño el que escribió el texto. Y de verdad, de todo corazón, no demore en leer este libro; es de los que uno quisiera que no terminaran.

Déjenme confesarles que me da mucho gusto iniciar el 2020 comentando un libro que me ayudó a recordar y a explicarme algunas conductas personales, que me dio la pauta para sugerir a mi esposa Leonor ciertas maneras para comprender su importante trabajo, y para atreverme a contar al Presidente que en este libro tiene un colega que trata de trabajar para todos los habitantes de su país y que jamás tiene otros datos. Como ven, es un libro para todos. La personaje principal se llama Genoveva, una chica superdotada que saca puros dieces. Sus profes siempre la ponen de ejemplo, algo que no a todos les cae bien. Todo marcha sobre ruedas hasta que un día la maestra del salón les dejó una tarea en la que contaran qué querían ser de grandes y por qué. Si a usted le dejaron una tarea parecida, ya sabe lo que se siente. A la mañana siguiente, todos leyeron sus deseos: 1.- Presidente, opción de varios niños y niñas; 2.- Centro delantero del mejor equipo del mundo, varios niños, una niña; 3.- La estrella fílmica con más Óscares de toda la historia del cine mundial, varias niñas y un niño, y así; ¿dije todos? Pues no, todos menos Genoveva, quien pidió prórroga para el día siguiente, ¿por qué? Aquí es donde no me atrevo a despojarlos de ese privilegio tan singular que hace las delicias de los lectores: descubrir por qué el personaje principal siempre sale con algo inesperado. Imaginen, una niña que “resuelve ecuaciones de segundo grado con una mano atada a la espalda mientras conjuga los verbos irregulares en inglés,” ¿qué deseará ser de grande?

En esta parte es donde Malpica y Magallanes consiguen que la ternura se convierta en una caricia al corazón. Por ejemplo, no solo recordé mi niñez tan poblada de deseos, sino la de un médico que me contó que su sueño de niño era ser mecánico. En ese tiempo, con más de 80 años encima, lavaba su viejo carro todos los días y lo disfrutaba a más no poder. Genoveva, una niña que vive con su papá, cimbra con su deseo al país entero, incluso el presidente la busca, conversa con ella y la escucha sorprendido. Gran parte de nosotros son los recuerdos. Este par de amigos, logran que volvamos a evaluar lo que somos, lo que hacemos y cómo ha sido nuestra vida en relación con la actividad que desarrollamos. Es un libro encantador. Les fascinará Genoveva, que es una niña decidida que convierte sus dudas en acciones, que trata de entender a los adultos y que se asombra de que tanta gente quiera ser lo mismo y tan pocos lo consigan. El diseño del libro es extraordinario. Las palabras de Malpica crecen en algunas de las páginas y la interpretación plástica del ilustrador es verdaderamente genial.

No me van a creer pero cada página que leía me impulsaba por ese universo particular que no pocas veces he creído desaparecido. Era cuando me desprendía de mi estudio y buscaba a Leonor para leerle una frase o enseñarle un dibujo, o una página de otro color, o un recuerdo del violín de Paganini que aparecía en una esquina como si nada. Mil veces he dicho que leo como niño y 990 he repetido que no me arrepiento. Y es así porque esa manera primigenia de disfrutar una historia, ese espíritu que descubre, ese misterio que me envuelve, no es otra cosa que un gran placer y un orgullo de ser un lector de libros que lo hace porque tiene todos los motivos. Sobre todo aquellos que vienen de mi infancia en que un libro de 400 páginas y un ciclón de tres días eran primos hermanos que convivían perfectamente. Y bueno, no pongan esa cara, ya me contarán su experiencia. Van nuestros mejores deseos: un 2020 donde le abran la puerta a la imaginación.

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programas y conferencias para fomentar hábito de la lectura.