El significado de “pertenecer a la UNAM”

09/11/2019
00:48
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Por: Álvaro Edgar González Aragón Pineda

Hay un antes y un después en la vida de toda persona que ha tenido la oportunidad de convertirse en parte de la UNAM. Para mí, ese punto crucial ocurrió cuando ingresé a la Escuela Nacional Preparatoria (plantel 9 “Pedro de Alba”). El decir que formas parte de la Máxima Casa de Estudios te confiere de un estatus del que uno disfruta sin entender los verdaderos alcances. Después de presentar el examen único (ahora COMIPEMS), mis familiares y amigos me preguntaban sobre mi resultado. Con aire de satisfacción respondía: “Pertenezco a la UNAM”. Pero, ¿qué significa “pertenecer a la UNAM”? Trataré de dar respuesta a esta pregunta con la descripción general de mi paso por ella.

Al grito de mi primer ¡Goya!, durante la bienvenida a la Prepa 9, emprendí este camino en 1996; el cual me ha llevado hasta el día de hoy, en que me he convertido en profesor con ya casi 15 años de antigüedad. Desde entonces me alimento día a día de la vida universitaria y asumo el gran compromiso que implica formar parte de ella. Precisamente este fuerte sentido de pertenencia se lo debo a mi paso por la preparatoria. Las vivencias y enseñanzas que tuve ahí ampliaron mi cosmovisión y me permitieron visualizar el camino por el que quería avanzar dentro de la Universidad.

Mis intereses siempre estuvieron en las ciencias de la salud. Por lo que, en 1999 ingresé a la carrera de Cirujano Dentista, en la que en aquel momento era la Escuela Nacional de Estudios Superiores Iztacala (ahora Facultad). Desde ese momento agradecí por hallar “mi lugar en la vida”, no sólo por encontrar la disciplina que sería mi pasión, sino el lugar propicio donde formarme.

Mi estatus de universitario evolucionó al de estudiante de nivel superior. Disfruté infinitamente de ese nuevo cambio, pero no entendía en su totalidad los alcances de tener la oportunidad de estudiar una licenciatura en la UNAM. Gradualmente descubrí el potencial de las unidades de documentación científica, laboratorios, clínicas, espacios deportivos y culturales, entre otros recursos de infraestructura. Lo más importante lo encontré en la riqueza de sus recursos humanos, representado por profesores, trabajadores y directivos. Todo ello te da apenas una ligera idea de la estructura sólida con que cuenta la Universidad de la nación.

Es obvio que esa fuerte estructura no se dio de la noche a la mañana, sino durante el transcurso de varios años. Para el caso de la ahora FES Iztacala, estamos hablando de una de las áreas académicas descentralizadas de la Ciudad Universitaria (igual que las Facultades de Acatlán, Aragón, Cuautitlán y Zaragoza), la cual, en la época cuando ingresé, estaba por cumplir apenas 25 años (el pasado 19 de marzo cumplió 44 años). Menciono esto porque cualquiera que haya visto el campus en aquella época y lo compare con el actual se dará cuenta del desarrollo que ha tenido. Si llevamos esta analogía de la capacidad de desarrollo a cualquier otro espacio universitario nos damos cuenta que es un entorno que nos ofrece todos los elementos para tu desarrollo y te empuja a seguir creciendo junto con ella.

A la UNAM le debo mucho de mi formación, pero también le debo mi estabilidad laboral. Me titulé como Cirujano Dentista en 2004 y un año después ingresé como ayudante de profesor en la misma FES Iztacala. Este nuevo estatus, además de impulsarme en mi crecimiento personal, me abrió el panorama para que en 2011 tomara la decisión de ingresar a la maestría y después al doctorado dentro del Programa de Maestría y Doctorado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud (perteneciente al PNPC con nivel de competencia internacional). Entonces, como estudiante de la División de Estudios de Posgrado e Investigación (DEPeI) en Odontología, agradecí encontrar en la investigación otro ámbito donde poder desarrollarme y una pasión más en mi vida.

Cada nuevo nivel ha significado un reto, los cuales tuvieron sus dificultades. En cada uno se me exigió siempre el máximo y sería falso decir que en todo momento tuve la certeza de llegar a cada una de las metas. Le debo mucho a las exigencias que me ha dado la UNAM en cada nivel. Me ha llevado a los más importantes logros de mi trayectoria, como pasar de ser ayudante de profesor a lograr ser profesor de tiempo completo y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Me brindó las oportunidades para pasar de ser un joven preparatoriano con ilusiones y aspiraciones, a hacerlas realidad.

La Universidad nos deja al alcance muchas oportunidades para desarrollarnos académicamente, especialmente en otorgamiento de becas y estímulos, donde Fundación UNAM (FUNAM) tiene una labor primordial. En mi caso, tuve la oportunidad de tener durante mi trayecto en el nivel superior, la beca PRONABES (actualmente Bécalos-UNAM). Fue un apoyo invaluable para mi avance y crecimiento. Recientemente, cuando en 2017 obtuve el grado de Doctor, la FUNAM junto con el IMSS, pusieron a mi alcance la posibilidad de participar por el premio a la Investigación en Prevención para la Salud 2018, el cual me fue otorgado en la categoría de Tesis.

Las posibilidades son incontables y la Máxima Casa de Estudios no nos pone límites. Lo que más valoro es que me sigue presentando retos, exigencias y nuevos caminos por recorrer. Cada que tengo la oportunidad de gritar un nuevo ¡Goya!, lo hago con plena convicción. Cada que leo la frase: “Por mi raza hablará el espíritu”, siento en la piel el genuino significado de que “la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libérrima”, como los describió José Vasconcelos. La Universidad es parte esencial de nuestro México. Tiene una labor primordial en el empuje de la vida, no sólo de cada universitario, sino del país mismo. Forma a millones de universitarios para que, a través de su granito de arena, aporten algo para mejorar nuestro México. Eso es lo que ahora significa para mí “pertenecer a la UNAM”.

 

1er. lugar Licenciatura-Premio FUNAM-IMSS-UNAM a la Investigación para la Salud