Dirigirse para dirigir: consideraciones ante la pandemia

Por: Alejandro Salcedo-Romo

Después de más de un año de pandemia de Covid-19, y conscientes de que todavía nos queda un tramo por recorrer, resulta conveniente reflexionar desde distintos frentes de la empresa: la aceleración de la transformación digital, la relación con nuestros equipos de trabajo, la flexibilidad del formato de trabajo, la vinculación con nuestros proveedores, por mencionar solamente algunos.

Especialmente cuando la situación es crítica, la reflexión sobre el ser humano se nos presenta con una gran riqueza, pues detrás de cada empresa y sus retos se encuentra el rostro de las personas que integran esa comunidad y que hacen frente en el día-a-día a los cambios a los que nos encontramos sometidos.

Ha transcurrido más de un año: el cansancio, el hartazgo, el cambio constante, noticias difíciles de pérdidas de personas cercanas, dificultades de salud, la necesidad de disminuciones de sueldos, de redimensionar nuestras empresas, de frenar proyectos, de incertidumbre. ¡Estamos desgastados!

Es indispensable mitigar los efectos del camino recorrido, para lo que sugiero –apoyándome en Tomás de Aquino y la ciencia moderna– acciones elementales, incluso obvias, pero necesarias y muchas veces olvidadas:
a) Practicar algo que nos guste, e incluirlo en agenda. Se trata de “reposar el alma” ante el desgaste, por lo que estos espacios de recreación nos permiten tomar un respiro.

b) Desahogar, platicar cómo nos sentimos, cómo estamos, qué nos preocupa, qué nos entristece; se trata, por un lado, de superar la “soledad del director”, y por otro lado nos permite sacar estas emociones, compartirlas y dejar que nuestro interior se centre en cosas mejores, nos enfoca.

c) ¡Duerme! Este punto nos parece más obvio, pero es crucial para las mujeres y hombres de empresa. No dormir debilita nuestro psiquismo, nos expone a malas decisiones y reacciones. Tenemos que defender el tiempo de dormir, pues disminuirlo no nos hace más eficientes, sino que nos entorpece, poniendo en riesgo la acción directiva.

d) Contemplar la belleza, un paisaje, una obra de arte, el jardín, nuestro cónyuge, nuestros hijos. En la contemplación es posible encontrar, además de descanso, motivos de gratitud y esperanza que nos permiten seguir avanzando.

Ahora quiero compartir tres puntos o habilidades que están vinculadas a la mejor dirección de cada uno de nosotros en el entorno actual:

1. La paradoja de Stockdale. Es la habilidad de conjugar realismo-sentido. Aceptar las cosas tal y como son, con sus claros y sus oscuros y tener un punto de partida realista que nos permita avanzar. Con este realismo, plantearnos el porvenir, ¿cómo queremos que sea nuestra empresa al terminar la pandemia? ¿Cómo queremos ser nosotros? ¿Qué esperamos desarrollar en nuestro equipo? Tan pronto como tengamos las respuestas, es momento de comenzar el camino en esa dirección.

2. El concepto del erizo: es decir, ante la complejidad es momento de sencillez, de tener muy claro ¿cuál es mi fundamento? ¿En qué soy muy bueno? ¿Cómo puede aportar esto en el escenario actual?

3. Serenidad: es un tiempo de aceleración en el que es fácil precipitarnos y desesperar por no obtener los resultados esperados. Ante ello, conviene ejercitar la serenidad, tomar perspectiva diferenciando aquello que no depende de mí de aquello que sí, aceptando nuestros límites y actuar con valor y fortaleza lo que podemos cambiar.

Toda reflexión sobre el ser humano queda inconclusa sin la consideración de los otros, lo que es también un aspecto esencial para la mujer y el hombre de empresa. Todos necesitamos de los demás y todos podemos hacer algo por los demás. La solución ante esta pandemia y ante el mundo que nos espera, se conjuga en plural.

 
*Profesor del área de Factor Humano de IPADE Business School
 

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