De la tiranía de la corrupción

Con el Caso Lozoya, sea cual fuere el desenlace que tenga, apuntaría a terminar dos viejas prácticas que sostuvieron y recrearon el sistema de dominación de un siglo. Por un lado, podría llegar a su fin la corrupción, con cuyo dinero como lubricante, todo funcionaba como una maquinaria perfecta; por otro, dejaría de regir la máxima de “te tapo para que me tapes”, que se traducía en complicidad, impunidad, continuidad y saqueo de los bienes nacionales por parte de una pútrida clase política. La p

Con el Caso Lozoya, sea cual fuere el desenlace que tenga, apuntaría a terminar dos viejas prácticas que sostuvieron y recrearon el sistema de dominación de un siglo. Por un lado, podría llegar a su fin la corrupción, con cuyo dinero como lubricante, todo funcionaba como una maquinaria perfecta; por otro, dejaría de regir la máxima de “te tapo para que me tapes”, que se traducía en complicidad, impunidad, continuidad y saqueo de los bienes nacionales por parte de una pútrida clase política. La preparación y experiencia; honradez y eficiencia del fiscal Alejandro Gertz Manero, será la piedra de toque para alcanzar ese objetivo.

La intención presidencial de contener la prevaricación, se escucha a diario. Ese fenómeno estaba tan enquistado en todos lados, que prácticamente no había un ámbito institucional que se pudiese referir exento de él. La mayoría de quienes ocuparon los cargos públicos por décadas, los utilizaron para formar lo que se conoció como “comaladas de nuevos ricos”. Se fueron ahítos y su voraz apetito jamás se sació. Establecieron y gozaron una larga tiranía del dinero.

Aquí, todos los poderes público-políticos se edificaron, se consolidaron y rigieron por años gracias a la corrupción; ésta comenzaba en la cúspide, donde se ubicaba al Presidente, capaz de hacer los negocios más turbios y rentables, y permeaba hasta el último servidor público. Sería una temeridad aventurar que esas “reglas del sistema” han terminado, sobre todo en algunos niveles.

Lo que intenta hacer el presidente, apenas permite tener una idea de la colosal tarea que se propone. Su empeño es demoler una estructura completa, soldada con autógena, en la que cada pieza se sostiene y se apalanca con todas las demás. Dinamitar ese edificio, esencia de la 4T, es una transformación histórica, un cambio de régimen que lo abarca todo y que no se hará de un día para otro. Mas, asumiendo que las pretensiones de López Obrador cristalizan y que, al cabo de su sexenio ya no hay dinero corrupto ni complicidades para que funcione todo como en el pasado, ¿con qué se van a sustituir esos dos factores de control y dominación sociopolítica?

Un cambio, un régimen, un gobierno, un poder, se construyen inicialmente sobre un discurso, que primero es prometedor, pero se afianzan con la creación de instituciones y leyes; se refuerzan con acciones que se corresponden con los ofrecimientos primarios, y se reafirman con el ejercicio ético del mando, que debe reflejarse en el mayor bien posible para los gobernados, empezando por la garantía de su integridad y sus bienes.

En este sentido, AMLO esbozó hace meses su propósito de establecer una Constitución Moral y una Cartilla Moral, que serían la base de la cultura de una nueva sociedad, pero todavía no hay nada al respecto. En paralelo, problemas como la inseguridad, la violencia y la criminalidad; la pandemia de coronavirus y el desastre económico que esa enfermedad está produciendo y que sigue sin resolverse, siguen siendo sus mayores asignaturas pendientes. La inesperada nueva realidad, puede ser la oportunidad para que demuestre el talento, la visión y la grandeza del político que millones eligieron como la única opción capaz de provocar el vuelco.

Sotto Voce…Los monstruos que está generando la pandemia, como el desempleo y un mayor empobrecimiento de millones de mexicanos, deberían preocupar profundamente a quienes están obligados a visualizar y prevenir las catástrofes. Cuando la sociedad empieza a mendigar comida, algo muy grave se podría estar gestando…Alfredo del Mazo ha demostrado sencillez y sensibilidad; inteligencia y experiencia en el correcto manejo de la contingencia sanitaria, concientizando a la población para que guarde las medidas sanitarias, sin descuidar las muchas tareas adicionales que reclama su cargo.

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