El regalo de cumpleaños y el presupuesto

Carlos Matute

El viernes 12 de noviembre a las 23:50, el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna, citó a sesión para el día siguiente para continuar con la discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2022 y con esto dio oportunidad a que los legisladores de la coalición Juntos Hacemos Historia tomaran la tribuna con globos, pancartas y pastel para cantar las mañanitas y enviar una felicitación al presidente López Obrador con motivo de su cumpleaños número 68. El coordinador de Morena, en una improvisada representación presidencial, apagó las velitas en su nombre y media de la frase “es un honor luchar con Obrador”. (El Universal, 13-11-21)

Horas después, el domingo, tras desahogar más de dos mil reservas y sin modificarle ni una coma al proyecto presentado por el Ejecutivo Federal, la Cámara de Diputados aprobó el presupuesto en lo general y en lo particular con el voto en contra de la oposición en un clásico mayoriteo, sin negociación alguna, ni más compromiso político que el asumido con el Presidente de la República, quien festinó y agradeció a sus correligionarios su apoyo.

Esta victoria legislativa supuestamente se opacó porque el retraso de un día en el proceso de aprobación no permitió que el presidente recibiera su regalo, el presupuesto sin cambios, el mero día de su cumpleaños. Nada más alejado de la verdad. El presidente si recibió un regalo: la sumisión evidente de la mayoría de la Cámara de Diputados.

Este fin de semana asistimos al retorno de la llamada presidencia imperial sexenal. Todo se decide en las oficinas del primer mandatario. No hay espacios políticos abiertos más allá de los pasillos del Palacio Nacional donde se asignan los recursos públicos federales. Los dirigentes de los diputados de la mayoría legislativa retoman su papel de pastores del rebaño político. Las prácticas nocivas de concentración del poder en una persona se reproducen veinte años después de la alternancia en el ejercicio del poder.

En este contexto, la distribución del presupuesto pasa a un segundo plano. Los 7 billones de pesos, que representan alrededor de la cuarta parte del Producto Interno Bruto, supuestamente son repartidos en los capítulos de gasto, según y conforme el deseo del presidente y con el propósito de financiar su proyecto y alianzas políticas. Nada más alejado de la realidad. Lo único distribuible es el presupuesto programable que se aplicará casi en su totalidad a la construcción de las obras emblemáticas del sexenio y el restante sólo alcanza para aumentar el gasto en los programas de apoyo directo a la población, que no es significativo si se compara con los rezagos en materia de pobreza y desigualdad social que padecemos.

El presupuesto aprobado no es estructuralmente distinto a los anteriores. La mayoría del gasto se destina al pago de pensiones, servicio de la deuda y transferencias a los estados. El presupuesto asignado en salud, educación y vivienda sigue siendo insuficiente -incluso menor en términos relativos a gobiernos anteriores- y muy por debajo de los índices internacionales de países similares al nuestro.

El presupuesto de 2022, como los de la última década, no tiene una visión intergeneracional, sin establecer las bases para una atención universal de la salud, ni la expansión efectiva de la educación gratuita en todos los niveles, ni alcanza para aumentar significativamente el mínimo vital para grupos vulnerables o adultos mayores. Pocos recursos para los niños y jóvenes. No puede tener un sustento financiero efectivo para una política amplia de apoyos sociales cuando no ha habido una reforma fiscal profunda en los últimos 25 años.

¡Feliz cumpleaños al líder natural de la 4T!, pero hay que recordarle que el apoyo incondicional en una presidencia imperial sexenal es interesado y breve y empieza a declinar cuando inicia el proceso de selección del sucesor y se acaba con la “unción” del bueno o la buena para dirigir el cambio transformador. El regalo de la sumisión sólo es por dos años más, pero las insuficiencias que se deben atener y superar con el presupuesto no se van, ahí van a quedar. El gasto no es suficiente para mejorar la productividad y competitividad de la economía, incluso está mal orientado por una apuesta no razonable a un sector energético oficial agonizante, incapaz de obtener utilidades en un mercado internacional.

El aumento presupuestal es sólo para cubrir el servicio de la deuda y el creciente pago de pensiones. El déficit operacional se incrementa porque ya se acabaron los guardaditos y el Banco de México no tuvo remesas. La economía sólo se dinamiza por las remesas de los paisanos y se tiene la esperanza puesta en la reactivación de la actividad turística. El crecimiento económico se proyecta a la baja y la inflación al alza. ¿De veras hay algo que celebrar?

 

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