La inmensa mayoría de los gobernadores de oposición están muy contentos con la presidenta Sheinbaum. Coinciden con las cifras oficiales de que los delitos van a la baja, sienten apoyo de la presidenta, aplauden la nueva estrategia comandada por el secretario García Harfuch, tienen una excelente interlocución con él y les ha funcionado no confrontarse con la doctora Sheinbaum: la reciben de maravilla cuando visita sus estados, la elogian abiertamente en público y le están sinceramente agradecidos.
Repito: son gobernadoras y gobernadores de oposición.
La melodía que tocan es una muy diferente a la de sus dirigentes nacionales y coordinadores parlamentarios. El discurso de los gobernadores de oposición es muy diferente al de las principales figuras de sus propios partidos en las dirigencias y el Congreso. Es como si estuvieran viendo dos países diferentes. A nivel nacional, los opositores hablan de un país sumergido en la violencia. A nivel local, los opositores festejan los grandes resultados en el abatimiento de los delitos. A nivel nacional, los opositores denuncian el desdén de una presidenta que no tiene diálogo y manda sus iniciativas autoritarias sin escuchar siquiera a los que piensan diferente. A nivel local, le agradecen el apoyo y la coordinación institucional.
¿Qué dicen las figuras nacionales de los partidos? Que hay que ser una oposición firme a Morena. Que hay que denunciar la narcopolítica y frenar el avance del régimen autoritario. ¿Qué dicen sus gobernadoras y gobernadores? Que lo que les ha funcionado muy bien es no confrontar con la presidenta: les intimida su popularidad en las encuestas, llevarla en paz con ella los posiciona bien en sus propios niveles de aprobación, ella a cambio les brinda apoyo en seguridad (que es central para todos) y gracias a eso, casi todos los gobernadores de oposición vaticinan que van a ganar sus elecciones locales en el 2027: alcaldías, diputaciones, gubernaturas.
Para el electorado, este doble mensaje que emana de la misma oposición es profundamente confuso: ¿Le creo a Alito o a Manolo Jiménez? ¿Le creo a Tere Jiménez o a Jorge Romero? ¿Le creo a Mauricio Kuri o a Ricardo Anaya? ¿Le creo a Samuel García y a Pablo Lemus, o a Clemente Castañeda y a Máynez?
Y quizá no sólo sea importante, sino fundamental, uniformar el discurso opositor de cara a una competencia electoral cada vez menos pareja contra Morena.
SACIAMORBOS
Los empresarios le pidieron a la presidenta que echara para atrás la reforma del amparo para el tema fiscal, y por lo que me dicen, ella ya aceptó, y hasta instruyó a Ramírez Cuéllar para que opere en la Cámara de Diputados para que ese asunto se quite del camino.
historiasreportero@gmail.com
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