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Educación superior y pandemia: ¿innovamos, dilatamos el riesgo o perecemos? Reflexiones desde América Latina

Axel Didriksson T., Freddy Álvarez, Carmen Caamaño, Célia Caregnato, Bernardo Sfredo Miorando, Damián del Valle y Daniela Perrota

Axel Didriksson T. (1)
Freddy Álvarez (2)
Carmen Caamaño (3)
Célia Caregnato (4)
Bernardo Sfredo Miorando (5)
Damián del Valle (6)
Daniela Perrota (7)

INTRODUCCIÓN
No hay un escenario seguro frente a la actual pandemia provocada por el virus Covid-19. Se le vea por el lado social o por el económico, por la respuesta de la ciencia o de la educación, del personal de salud, o tan solo por las acciones de cada gobierno. Todo lo que se conocía, tiene que revisarse a fondo y tener la capacidad de ver lo que se viene. Habrá que construir desde ahora lo que será un futuro alterado. 
Lo que puede verificarse, y que está metido hasta el fondo de la actual tragedia pandémica, es que quienes más la padecen son los pobres, los trabajadores que viven al día, quienes no cuentan con ninguna protección laboral o de salud. En su gran mayoría, son los jóvenes quienes tienen que hacerse cargo de las precarias condiciones de la familia, cumplir con las absurdas tareas de un sistema, de salud y educativo, que no piensa en ellas ni en ellos. También son los estudiantes que no tienen acceso a una computadora, o que sus teléfonos móviles no tienen el crédito suficiente para pasar las horas de clases que se les están imponiendo.
El mayor cuidado y en donde debe de enfocarse, de forma articulada e integral, una salida, desde una distinta política pública que no ahonde en los actuales niveles de desigualdad, es hacia los dos sistemas sociales más grandes que tienen todos los países en tales condiciones de deterioro, que ahora han salido a la luz de forma dramática : en el de la salud y en el de la educación, y ambos dependen de la actual crisis económica que se ha provocado por efecto de la generalización, mundial y nacional del virus COVID-19. 
En estos sistemas, no habrá una solución verdadera, en el corto y mediano plazos, tan solo equipando física y humanamente al primero, ni dando clases a distancia en el segundo. Se requiere una estrategia económica y de aprendizaje social que pueda garantizar un salario universal para los trabajadores, y la organización de un sistema educativo paralelo al formal. 
El confinamiento de quienes no pueden quedarse en casa, no podrá sostenerse en el tiempo. Los y las trabajadores, los y las estudiantes tendrán que decidir salir o entrar en circuitos de clandestinaje o violencia, si es que no se les ofrece una solución desde un Estado social, y no desde uno carcelario. Para ello, se requiere que se aplique un régimen fiscal con mayores impuestos hacia el sector de los más ricos para orientarlos hacia la sanidad y la educación. No hay opción distinta.
En este trabajo, los autores disertan respecto de la pandemia provocada por el COVID-19 en la educación y la educación superior, en cinco países de América Latina. El abordaje es crítico y no se repara en falsa expectativas, reconociendo que se ha ingresado a una nueva fase histórica en donde habrá diferencias, salidas emergentes, pero también nuevas conformaciones sociales y grupales alternativas. Este abordaje va desde el cuestionamiento de un sistema educativo que se ha volcado hacia lo virtual, dejando de lado a millones de personas, estudiantes y profesores que no cuentan con las condiciones para mantenerse activos y partícipes en estas plataformas, pero que ha sido la salida pragmática y tecnocrática que sigue alentando las ganancias de los grandes corporativos tecnológicos (y para el sistema de salud, de las farmacéuticas transnacionales), sin que se imaginen o se produzcan alternativas que se sustenten en nuevos conocimientos, en la innovación académica, en la inclusión social más amplia, en la incidencia y mejoramiento de las comunidades más marginadas y desplazadas por estos sistemas de TICs que se ensalzan como la mejor alternativa. Aquí se cuestiona esta salida limitada y buena para una minoría, y se subraya que esto está apuntalando la tendencia hacia la universidad empresa, hacia la mercantilización de la educación superior, hacia una mayor exclusión y desigualdad.
También se presentan abordajes de coyuntura que ocurren en países de América Latina (en orden alfabético), como en Argentina, Brasil, Costa Rica, Ecuador y México, relacionados con las políticas que se están llevando a cabo frente a la crisis sanitaria, económica y educativa. La autoría del caso Argentina es de Damián del Valle y de Daniela Perrotta; la de Brasil, de Célia Caregnato y de Bernardo Sfredo Miorando; la de Costa Rica, de Carmen Caamaño; la de Ecuador, de Freddy Álvarez; y; la de México, de Axel Didriksson. 
Al final, los autores presentan propuestas y elementos que pueden llegar a componer una estrategia de futuro para una salida que tome en cuenta a las mayorías, sobre todo a los más pobres y desplazados del sistema educativo y universitario.

LAS SALIDAS TECNOCRÁTICAS PROFUNDIZAN LA DESIGUALDAD SOCIAL Y EDUCATIVA
Las transformaciones sufridas por la educación superior en América Latina desde los años ochenta han ido produciendo la segmentación y estratificación del modelo Latinoamericano que surgió de la Reforma de Córdoba de 1918. La universidad republicana que había sostenido las bases aristocráticas del modelo colonial fue desafiada en ese momento y, en el contexto del Estado desarrollista que surgió a partir de los años de 1930, se declaró libre, autónoma, capaz de autogobernarse y de estar en vínculo estrecho con la sociedad para, desde una base humanista, promover la emancipación. Si bien esos objetivos más o menos se mantienen en muchas universidades de la región, lo cierto es que, con el cambio hacia un modelo neoliberal de acumulación, el humanismo quedó desfasado en muchos países. El nuevo tipo de universidad, más acorde con las necesidades del mercado, es la universidad-empresa o corporativa de Estado, las cuales se han ido imponiendo a punta de crisis financieras, que han venido cuestionando cada vez más el financiamiento a las universidades públicas y el derecho universal a la educación superior, con algunas pocas excepciones.
La universidad empresa -pública, privada o de Estado-se caracteriza por tener el lucro como fin último. Para ello, acorde con la inclusión de la educación como un servicio en el contexto de la Organización Mundial del Comercio, y sobre la base del gran desarrollo de las tecnologías de la información y los procesos de globalización, las instituciones de educación superior compiten en los mercados internacionales. La competencia es llevada así a todos los espacios y se rige por criterios establecidos en las universidades de los países más poderosos, con lo cual se reproducen relaciones neocoloniales entre el centro y las periferias. 
Este sistema se impone a través de las pautas economicistas establecidas por organismos internacionales en asocio con gobiernos nacionales, redes de universidades y personas dentro de la academia que imponen la privatización, la mercantilización, la desregulación, la flexibilización y la gerencialización a través de cláusulas de financiamiento, capacitaciones, asesorías, recomendaciones y compromisos por financiamiento a través de mecanismos de evaluación y la medición por rankings.
Como resultado de estas medidas, en conjunto con ataques y recortes del financiamiento estatal en contextos de crisis financieras globales, encontramos universidades más necesitadas e interesadas en la venta de servicios, la generación de patentes y la competencia internacional a través de publicaciones, asesorías o de productos de investigación. Así, las y los académicos se ven compelidos a moverse en este ámbito que les separa de las comunidades locales y nacionales y, en muchos casos, les aleja de la docencia, en tanto esta no produce réditos y reconocimiento dentro del mercado universitario. 
Se producen así dos clases de docentes, aquellos que pueden dedicarse a la investigación por la cual pueden competir y obtener un mayor estatus, y aquellas personas que dedican toda su jornada al trabajo educativo. Entre este último personal, encontramos a una mayoría que, además, se encuentra vinculada a la universidad mediante contratos definidos por la precariedad y un control laboral excesivo. 
La precariedad laboral es un medio en que la Universidad reduce costos de producción, de ahí que la universidad corporativa haya aumentado de manera impactante este sector que ya forma parte del precariado, junto con el personal terciarizado de los servicios llamados “no esenciales”, como los de limpieza y seguridad, cuyas condiciones laborales y salarios no se igualan a los que ostenta el personal contratado directamente por las instituciones de educación superior.

LA GLOBALIZACIÓN SE DESGRANA
¿Qué significa educar en tiempos de Pandemia? ¿Cómo podemos educar a distancia? Estas dos preguntas proponen un estado del arte impensable para los gobiernos actuales, perdidos en su ineptitud neoliberal que con su pragmatismo disolvió la política en la economía con la correspondiente manipulación y violencia para su implantación, que se convirtieron en eficaces, con la mentira y la propaganda, e ineficaces con la vida, la muerte y su duelo; no fue extraño para muchos gobiernos dejar pasar la advertencia de los científicos sobre las pandemias: debilitaron los sistemas internacionales de acción conjunta, los sistemas públicos de salud, los sistemas de educación, y por eso ahora hablan de lo impredecible, para evitar cualquier responsabilidad, como lo será también seguramente con el fenómeno ya presente del   Cambio Climático y sus catastróficas consecuencias. Este discurso neo-fascista ya está presente en algunos gobiernos de la región, desde sus constantes ataques a la educación y a la ciencia porque creen que  la investigación es un privilegio sin sentido y una pérdida de recursos y de tiempo; se protegen en el conservadurismo de la moral y las iglesias; sus seguidores son los oportunistas, la clase media y arribista que no quiere perder sus privilegios. Son los racistas, xenófobos y nacionalistas, que se buscan legitimar por la política del miedo, antes contra el comunismo y ahora contra los migrantes, los pobres, los negros o los latinos,  sin darse cuenta, como lo señala David Harvey, que el Capitalismo es un crucero a la deriva, donde los pocos  invitados de la primera clase siguen en sus fiestas burguesas creyendo vivir en una normalidad bajo custodia, que exige que la economía se reactive cuanto antes, no importa a qué precio, mientras que los que están más abajo y trabajan en el cuarto de máquinas, saben que los motores se han colapsado. 
Las dos preguntas iniciales se cuelan por la ventana del pensamiento y las prácticas educativas e ingresan en la vida de las maestras y maestros. La escuela globalizada que venía siendo disciplinada por las evaluaciones, es ahora obligada a cancelarse. Indudablemente, la educación digital será una buena noticia para los neoliberales. Su deseo, se hace realidad: la computadora eliminara las futuras inversiones en la infraestructura educativa, el profesor no será más que un tutor, un Coach, que prepara videos, PDFs, organiza los contenidos de acuerdo a estándares, porque las plataformas virtuales harán lo demás y mientras estas mejoran, el profesor, tal como hasta ahora lo conocemos, ira desapareciendo como tal para volverse un trabajador a contrato. 
Aprender a aprender habrá alcanzado su cara más siniestra: si no aprendes es porque no quieres. Las desigualdades no tendrán su causa en el mercado, porque no faltará la tecnología y el internet como factor fundamental para la posible salida de la crisis: el capitalismo digital. La escuela de los mejores no tendrá más opositores, pues el acto educativo y pedagógico se reducirá a una acción individualista que privilegia a los que sí tienen todas las oportunidades para educarse, dejando intactas las desigualdades. El más fuerte sobrevivirá, los excluidos, migrantes, pobres, afrodescendientes, mujeres, caerán más abajo, mediante la continuación de la misma fórmula de la crisis del 2008: más austeridad, dejando intactas dos preguntas: ¿qué nos enseña la Pandemia?, y ¿cómo educar para garantizar la vida de todos, todas y todos ahora y en el futuro? 
La pregunta sobre qué o por qué de lo inevitable, ha sido aplazada desde que el capitalismo se convirtiera en el único y posible modelo económico a partir de 1991 con la caída del muro de Berlín. De una parte, los Estados y gobiernos de derechas o progresistas, o aceptaban las reglas o estaban condenados a quedar fuera; de hecho, no había que entrar al sistema, siempre habíamos estado dentro, por eso teníamos tanta dificultad en criticarlo, es como estar viviendo en el fatalismo de Layo, provocado por el Oráculo de Delfos con respecto a su hijo Edipo. 
En el siglo XX, lo real fue el dominio de la economía, y la utopía del siglo XIX fue archivada porque no había otra salida: cada uno debería intentar, progresar, con la misma fórmula, como si lo único nos llevara dialécticamente a lo otro, y no a la implosión del sí mismo. Ante los múltiples fracasos, en el siglo XXI nos encontramos con la desaparición de la política, la profunda crisis de la economía y la consiguiente emergencia de la decadencia populista y fascista de Trump, Bolsonaro, Vox, Marinne LePen, Salvini, Orban y otros.  
Por otra parte, hombres y mujeres libres y visionarios fueron perseguidos con la falsa narrativa de la corrupción, y porque se estigmatizaron las experiencias socialistas, de ahí el miedo a ser “Venezuela”, “Nicaragua” o “Cuba” promocionado por la derecha internacional; al mismo tiempo movimientos sociales comprometidos con las diversas emancipaciones, vienen siendo asesinados como en Colombia, o caen en el pesimismo que los coloca en la inactividad. 
La crisis mundial le ha colocado al capitalismo en la obligación de divorciarse cada vez más de   la democracia, aun representativa, luego, solo ganara las elecciones mediante la manipulación virtual, la compra de votos, y el uso del fraude.  La democracia ya no será solo un asunto fallido de los que gobiernos progresistas, como lo señalan los medios de información que sirven al capital. Con el capitalismo rompiéndose, la hegemonía Norte-americana se va disolviendo, y ahora más porque el humanismo que demostraron en la Segunda Guerra Mundial ha sido reemplazado por la cara de: solo pienso en salvarme yo: “América First”.  Ahora son tres los sistemas mundiales que se disputan la hegemonía mundial, así, tenemos el cierre nacionalista de Boris Johnson y Donald Trump, y que seguro va a tener algunos adeptos después de la Pandemia; el estado de bienestar social casi extinguido de la Unión Europea, que es probable ingrese en cuidados intensivos; y el emergente autoritarismo asiático, con un capitalismo de Estado y sistemas de control efectivos para una nueva fase de la bio-política y el bio-poder al estilo de  Michel Foucault.
No podemos olvidar que en el imaginario de la educación contemporánea se encuentran los modelos de Finlandia, Shanghái y Singapur. Norte-américa no tiene un modelo de educación para exportar o imponer, pues el camino de la privatización no es viable para América Latina y el Caribe y la innovación educativa ya tiene otros competidores más fuertes. No obstante, sus universidades siguen siendo todavía atractivas para la formación en posgrados. ¿Hasta cuándo?, no lo sabemos, lo que sí sabemos es que China supera las patentes a nivel mundial, por consiguiente, las publicaciones científicas. Luego, ¿quién venderá los dispositivos electrónicos para una educación a distancia que se coloca como la única salida, antes por la narrativa democratizadora, y ahora necesaria para evitar el posible contagio? Sin lugar a dudas, ya hay una respuesta asiática tecnológica, tecno-científica y bio-tecnológica amplia en los ámbitos de la nanotecnología, la inteligencia artificial, la robótica y los Big Data, disciplinas que hacen parte de la gobernanza del siglo XXI. Luego, algunas cosas ni siquiera entraran en disputa. La decadencia de Norteamérica y el fracaso europeo, es incontestable.

ES VIABLE GENERALIZAR LA EDUCACIÓN A DISTANCIA
¿Qué podemos hacer los educadores? Un desafío clave es educar para que la educación no nos haga depender de un gran Otro. La educación forma para la autonomía y tal objetivo no se contradice con la construcción de lo común. Nos educamos con otros y por medio de otros, la educación no es un acto aislado como pretende hacernos creer el totalitarismo digital. La educación es un acto político en la medida que combate la política del Gran Otro que nos hace creer que es indispensable para que nosotros vivamos. La emancipación no está en pasar del dominio occidental al dominio asiático. Walter Benjamín siempre pensó que la política era profundamente un asunto teológico, porque nos desprendemos de Dios para pasar al culto de líderes carismáticos. Zizek dice con acierto que el proyecto filosófico y político emancipador es lograr la destitución del Gran Otro. Tener buenos maestros es aprender a vivir sin su dependencia, porque nos ayudan a ser nosotros mismos. Solo aprendemos cuando nos separamos de quien nos enseñó. No obstante, el acto educativo cae en la tentación de la omnipotencia lo mismo que la política. El Gran Otro cree, que el estudiante llega a ser alguien por él, lo cual justifica algo que es central en el acto educativo y es que la educación debe permitir la resistencia a educarse como parte de la misma educación, sin jamás abandonar el deber de educar. 
La tarea de enseñar y aprender a pensar cada vez cobra más importancia en nuestra sociedad y se convierte en un objetivo central en nuestras escuelas. El pensar intenta llenar el vacío del ser, en Descartes, cogito ergo sum. Ese vacío nunca será llenado, y quizás la proliferación de las matemáticas pretende hacernos creer que ya está lleno, cuando en realidad lo que existe es un enorme agujero. Matematizamos lo que no podemos comprender, como en la Pandemia, pretendiendo tener un control que no tenemos. 
El pensar no es un asunto de hilo democrático. Por el contrario, tenemos que desconfiar de las mayorías sin por ello abandonar el gesto democrático pues aprender es aprender con otros y partir de otros. Sin embargo, no podemos caer en la democracia como autosuficiencia que nos tumba en el comportamiento de masas. Un auténtico demócrata experimenta constantemente la carencia del Gran Otro, por eso sabe que la revolución se justifica por sí misma y no en las mayorías. Aunque Claude Lefort coloca el vacío en la democracia y no en el ser, tenía razón al decir que la democracia es necesaria porque no existe una certeza, y al mismo tiempo el poder, el saber y la ley no se encuentran coagulados. La democracia es aprender a vivir en la incertidumbre porque el rey murió, y lo que queda es el lugar vacío que no puede ser llenado por nadie. Pero, uno de sus grandes peligros es que en las catástrofes y los momentos de violencias transgresoras busca un chivo expiatorio a fin de hacer catarsis, pretendiendo, con ello, un regreso a la normalidad. 
Los maestros están para enseñarnos a emanciparnos del Gran Otro, de la familia, la religión, la economía, la política y la cultura.  Por lo tanto, la pluralidad debe ser reducida al antagonismo, de lo contrario, caemos en una tolerancia equivalente a la hipocresía. La substracción y no la saturación por exceso es la que nos pone en la tensión subyacente a todo acto de emancipación  pues nos permite tomar parte, por los que no tiene parte. Como diría Ranciere, por las mujeres que luchan para no ser violadas o asesinadas dentro de todavía sociedades patriarcales; por los migrantes que viven muriendo en el mar o en las fronteras; por los afrodescendientes que mueren en las periferias junto a las fábricas contaminantes o en las cárceles construidas para que los blancos vivan tranquilamente explotando a los negros; por los niños, las niñas y adolescentes que no tienen internet, pero antes por los que no tienen las condiciones para educarse; por los viejos que mueren en soledad del abandono dentro de una sociedad infantilizada y que busca eternizar la juventud mediante la adoración de la buena vida; por los miles millones de personas que viven en las villas, los tugurios, las favelas, las colonias , fuera del capitalismo y en las manos de las mafias y las iglesias evangélicas; y por los pueblos y nacionalidades  indígenas condenadas a la eliminación desde la conquista y ahora por el capitalismo extractivista que los desplaza y mata.  Ellos son, como dice Badiou, los muertos vivientes generados por el capitalismo global, antes de que llegara la pandemia. 
La pregunta, ¿qué educación queremos?, la hacemos desde la pura impotencia. Una máquina delirante, sin control ni regulación, creada por las grandes corporaciones que dieron origen a la globalización, y nos arrebató lo infinito, con su lógica de monopolios de expansión sin límites y su modelo de financiación usurera, por medio de la fascinación de los mismos letreros de Neón, música, personajes famosos, en Times Square, Tokio, Moscú, Bejín, Hong Kong, Londres, Paris, Buenos Aires, México, Bogotá o Rio de Janeiro. Tal fantasía no estaba afuera, pertenecía a los imaginarios que nos habitan, pretendidos ciudadanos del norte y del sur, urbanos y rurales, ricos y pobres. 
No olvidamos la pregunta por el ser, como lo pretendió Heidegger, y caímos en el olvido de la pregunta: ¿qué es vivir?, al mismo tiempo que la naturaleza se convirtió en un objeto que lo experimentamos por el turismo, o lo necesitamos solo para hacer deporte, salir con nuestros hijos y mascotas de la cárcel moderna que construye el urbanismo, para des-estresarnos gracias a uno de los últimos gestos de caridad de la modernidad capitalista. 
En tal condición de ciudadanos sonámbulos, consumidores frenéticos e individuos  aburridos y culpabilizados en  la inmediatez del acto y la pulsión, dentro del capitalismo tardío como único e insuperable modelo de vida, a pesar de su eterna crisis y anulación del futuro, y con el aspecto seductor  de un capitalismo pulsional, como lo señala Bernard Stigler, los derechos humanos están encadenados a no sacar su rostro fuera del sistema.
Por lo anterior, el derecho humano a la educación no se pregunta sobre ¿qué educación se requiere, en esta crisis?, gesto que se  repite en el obligatorio mandato de una educación a distancia, del mismo modo que los derechos de las minorías se reducen a la inclusión dentro de un sistema que los expulsa por inercia, como sucede igualmente con el añadido respeto la naturaleza, sin poner de frente la brutalidad en la que el capitalismo se expande, destruyéndola y los estados débiles y cómplices lo experimentan como inevitable aunque guarden en su constitución o enuncien en sus políticas los derechos de la naturaleza. 
Algo totalmente distinto se encuentra en la pretensión del encariñamiento con la naturaleza, de los pueblos indígenas del mundo.   
El derecho a la educación, debe ir acompañado con respuestas simples, posibles y comunitarias, a partir de qué entendemos por vida; sin ello, seguiremos educando para la selección y la competencia en un mundo que no solo mata a otros, ahora sabemos que también nos mata, porque desde antes ha reducido la vida a la transacción entre el valor de uso y el valor de cambio. La necesidad vital se transa, con ella se especula. Las vidas no son iguales, ella, la vida, está sometida al valor que le da el capital y que corresponde con las Bolsas de New York, Londres, Paris, las cuales operan dentro de la aceleración matemática y el cálculo, que nos gobiernan pero que son ingobernables. 
Proponer como solución inmediata, la educación a distancia, son dos preguntas de fondo: ¿qué significa lo que estamos viviendo?, ¿qué es educar a distancia?, es igual a mantener el auto a alta velocidad, y en la misma dirección del abismo que está al frente de nuestra mirada, o ahogarnos en las aguas gélidas del cálculo, como decía Marx.  Echar mano de las soluciones anteriores es lo único que tenemos cuando la ciencia esta tan perpleja y angustiada como nosotros, así el agua y el jabón y la distancia responsable y obligatoria, son soluciones sensatas; pero querer hacer de magos, sacando del interior del sombrero un conejo que ya estaba allí, ante el frenazo –expresión usada por Walter Benjamín-, es creer que, en la catástrofe, hasta el derecho a pensar ha sido clausurado. 
La educación a distancia profundizará las brechas, porque ellas existen desde antes de la Pandemia,  y porque la educación cada vez hace más diseños para los mejores, es disciplinada por las evaluaciones, asediada por la pérdida de la gratuidad y  la privatización y mercantilizada implacablemente  por el capitalismo y sus tecnologías, por consiguiente convertida en destino, incluso por el relato antipedagógico de las neuro-ciencias y de la inteligencia artificial que pretende hacernos creer que ya no necesitamos pensar, cuando olvida de forma fundamental que la inteligencia es un asunto biológico tal como lo señala Gabriel Markus. 
La “cancelación” de la Escuela y de la educación formal, por el confinamiento y el distanciamiento social, responsable y obligatorio, nos ha colocado en la práctica digital que se convierte en única y necesaria, virtualidad no extraña para nosotros porque su presencia ya lleva décadas, tanto como el Estado de Excepción. 
Hasta ahora, somos testigos de sistemas educativos virtuales que hacen costumbre con el mercado y por consiguiente con la casi nula democracia, profundizan la individualización, aunque se amparen en el acceso mayoritario. La ecuación, acceso-democracia, no es real, pero de lo que no hay duda es que sea una buena noticia para el mercado y para la democracia del número. En cualquier caso, pareciera que no tenemos opción, la llamada “presencialidad” debe ser suspendida, probablemente se extienda; antes el afuera ya era inseguro, ahora es amenazante, terrorífico; incluso tenemos que impedir que otros vengan a contagiarnos, parece decir el estado de excepción, por fin, hay una “buena razón” para matar a los migrantes, el sueño fascista se está cumpliendo amparados en que la distancia es cuestión de “sanidad”, “prudencia”, y mejor, de “supervivencia”; así, “bendita sea” la virtualidad. 
El mundo virtual ha sido diseñado por el paso de lo analógico a la digital. La famosa y repetida pregunta de todo coloquio y seminario sobre educación: ¿hacemos apagar los celulares en el aula o no?, ya nos indicaba que en el aula no estábamos solos, que había entrado alguien al aula, sin invitación, y comenzamos a cuestionarnos sí la comunicación no era tan amable con la educación, ¿acaso el aferrarse a la prespecialidad va acompañada de nuestra ignorancia digital?, o, ¿qué hay en la educación que no puede ser virtualizado?
La existencia es real, comemos, trabajamos, dormimos, amamos, tenemos sexo, todos estos aspectos conforman un espectro que podemos llamarlo real; sin embargo, cada uno de ellos está atravesado por la fantasía en la que se inscribe la virtualidad.  En otras palabras, nuestro aparato psíquico, -real/simbólica/imaginaria-, siguiendo a Lacan, es revestido por la experiencia de lo virtual.   Poner distancia entre el maestro y el estudiante, entre el jefe y el empleado, tiene una carga ambivalente. La distancia virtual es positiva porque evita el contacto, garantiza la continuidad. La distancia virtual es negativa porque no es real.  Sin embargo, las respuestas anteriores son simples. No tenemos duda que evita el contacto, pero ¿cuál es la continuidad que prolonga, en clave educativa y pedagógica?; ¿qué nos permite, y qué no nos permite la virtualidad? ¿cómo hacer del vínculo de la virtualidad algo educativo?; ¿hay educación en la exclusividad de la virtualidad? 
Hay un consenso entre los educadores y pedagogos en admitir que la educación es una relación. En consecuencia, la nueva pregunta es saber sí la educación a distancia, ¿puede ser considerada una relación? Indudablemente que sí. ¿qué tipo de relación garantiza la educación a distancia? Aquí, se abre una discusión, primero por la brecha digital, luego por la poco o casi nula formación de los maestros y maestras para dicha modalidad, y después por algunos aspectos críticos que nos hace ver la pedagogía. Algunos de ellos es la anulación de la Escuela que tiene muchos otros sentidos más allá del aprendizaje, y otros que son la anulación de la contextualidad, el cuerpo, la institucionalidad por medio de convertir en central algo que tenía el carácter de aleatorio. Entonces, la pregunta por la relación nos obligaría a definir qué tipo de relación se necesita para que haya aprendizaje virtual, luego aprender con, y permitir la continuidad del futuro, el cuidado de la vida, y la institución de la humanidad.  
La educación como relación en la educación a distancia desconoce la diversidad de los contextos, precisamente por la negación de la virtualidad. No es lo mismo educar en una familia de clase media, que en una familia popular donde los datos del celular hacen parte de la economía del trabajo. No tiene en cuenta la diversidad de los aprendizajes. No es lo mismo ser maestro de educación básica, a ser maestro de educación especial o educación inicial. 
Al eliminar el cuerpo, elimina también la importancia de la motivación, del acercamiento, del seguimiento, de la escucha, precisamente porque la individualidad del mercado se multiplica para la masificación. Los resultados guían su manera de operar. Una educación sin cuerpo hace realidad el sueño de Descartes, el cogito determina el ser. No es extraño que entre más estudiemos a distancia, las desigualdades adentro y afuera se reproduzcan por el grado de abstracción en el que transitamos. 
La educación a distancia hace saltar por los aires la institucionalidad. La mayoría de proyectos On Line, On Fly, no necesitan de un lugar, el lugar puede ser cualquier lugar, el tiempo puede ser cualquier tiempo. Ahora, en el confinamiento el trabajo, la vida conyugal, el ocio y la educación lucha entre sí, por los espacios, los tiempos, la afirmación de las individualidades, precisamente porque lo no institucional no reconoce que la vida se encuentra institucionalizada y que la pedagogía por si misma tiene un componente importante de institucionalidad. 

EL VIRUS EN SU TERRITORIO: 5 CASOS

Las universidades argentinas ante la pandemia de la COVID-19
El primer caso confirmado de COVID-19 en Argentina data del 3 de marzo y se trató de una persona que había ingresado al país proveniente de una zona de circulación del virus. El Ministerio de Salud de la Nación informa que el país se encuentra en etapa de contención con el objetivo de lograr la detección precoz, el estudio, el aislamiento de un eventual caso y el seguimiento estricto de sus contactos . A partir de esa semana, con la aparición de nuevos casos, se ponen en marcha una serie de medidas de diferente índole, que involucran a todas las áreas de gobierno, implican la participación de diferentes actores (gubernamentales y no gubernamentales) y se van aplicando en etapas. Al momento de escritura de este trabajo nos encontramos en la fase de “cuarentena administrada”. Tal como lo anunció el Presidente Alberto Fernández, el objetivo principal es garantizar el derecho a la salud y preservar la vida; y que, en el marco de las medidas de aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) tomadas -y que impactan fuertemente en la actividad económico-productiva del país- se brinde asistencia a la población vulnerable del país, así como a las pequeñas y medianas industrias, trabajadores y trabajadoras informales, etc.
Las diferentes medidas sanitarias que fueron tomadas por el gobierno durante cada una de las fases incidieron en el sistema educativo, en general, y en el universitario, en particular. Puntualmente, desde el día 21 de marzo el país se encuentra en ASPO y esto implica el cierre de los establecimientos educativos y la suspensión presencial de las clases. Vale destacar aquí que el calendario académico de Argentina estaba a punto de comenzar (ya que se desarrolla de marzo a diciembre) motivo por el cual varias instituciones no pudieron dar inicio sus actividades de manera presencial y se comenzaron a poner en marcha un conjunto de iniciativas para garantizar la continuidad de la enseñanza-aprendizaje por medio de las herramientas de la educación a distancia. Así como también la gestión cotidiana de cada institución pasó a la modalidad de trabajo en el domicilio. Tanto la educación como el trabajo a distancia no eran actividades que se desarrollaban de manera regular; por lo que requirió de esfuerzos creativos y novedosos para poder acompañar los desafíos que la situación excepcional de emergencia sanitaria genera.
Las universidades públicas en ejercicio de su autonomía han decidido cómo proseguir con sus actividades en este contexto. El sistema universitario en su conjunto conforme su tradición pública y el principio del derecho a la universidad, tiene un rol protagónico en las medidas de apoyo a la situación generada por la pandemia. Puntualmente, las universidades como parte de los sistemas educativo, de salud y científico-tecnológico, han generado iniciativas integrales que van desde los desafíos de la provisión de educación a distancia, la investigación colaborativa en el marco de redes globales de conocimiento científico para la búsqueda de vacunas y la continuidad de su función social territorial.
En primer lugar, de cara a la suspensión de clases presenciales, en líneas generales , la continuidad del vínculo pedagógico y los procesos formativos se migró de manera rápida a la educación a distancia. Esto significó comenzar con la virtualización de las aulas en un sistema que no se encontraba estructuralmente preparado para semejante hazaña. En este punto, es menester incorporar una salvedad que da cuenta de la heterogeneidad del sistema universitario argentino. Respecto de la enseñanza a distancia, algunas instituciones contaban con experiencia en este campo porque contaban con plataformas y regulación para el dictado de sus programas bajo esta modalidad. Sin embargo, la mayoría de las universidades utilizaban estas herramientas tan solo como apoyo pedagógico a la enseñanza presencial. Por lo tanto, pese a estas dificultades, se logró una respuesta efectiva por parte de las instituciones, tanto en aquellas que contaban con plataformas para la enseñanza virtual como las que no. Ha sido clave el apoyo del Sistema de Información Universitaria (SIU) y la Red de Interconexión Universitaria (RIU) bajo la órbita del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) que nuclea a las universidades e institutos universitarios públicos del país. El SIU y la RIU aportaron conocimientos e infraestructura para lograr equilibrar las desigualdades en materia educación virtual. También es clave mencionar el trabajo de los y las docentes universitarios, que comenzaron a desarrollar estrategias de continuidad pedagógica por medio de diferentes softwares disponibles –para algunos de ellos y ellas, eran sus primeras experiencias en este tipo de herramientas–.  
En esta línea se comenzaron a generar distintas instancias de apoyo, además a las implementadas por cada universidad. El Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD), está acompañando con medidas destinadas al necesario acompañamiento en materia de desarrollo de capacidades docentes para la educación virtual en todos los niveles educativos, incluidas las universidades. También los sindicatos universitarios están asistiendo en esta nueva forma de ejercicio del trabajo docente, brindando herramientas de capacitación y compartiendo información. Las carreras de educación y los posgrados virtuales sobre docencia, algunos de ellos financiados en su totalidad por sindicatos docentes, han abierto sus clases sobre uso de tecnologías educativas y han desarrollado cursos específicos. Sobre la base de un diagnóstico de que, a corto plazo y con posterioridad al ASPO, una parte importante de su estudiantado tendrán serias dificultades para regresar a las aulas por múltiples razones, pero principalmente sociales y económicas, las universidades afrontaron el desafío de garantizar el derecho a la educación superior haciendo uso de la tecnología y sosteniendo de distintas formas el vínculo y la idea de comunidad. 
Frente al desafío que implico el pasó a la modalidad virtual y los riesgos muy importantes de ampliar los efectos de la brecha digital, se logró un importante acuerdo con compañías que brindan servicios de telefonía para que los dominios EDU.AR estuvieran exentos de cargos en el consumo de datos.
La actual coyuntura, por otra parte, ha permitido poner en el centro del debate una cuestión largamente postergada de las discusiones tanto macro como micro políticas de la educación superior. La educación virtual, salvo en el segmento de la educación pública (aunque no exenta), es el sector que más ha guiado su crecimiento por la lógica mercantil. Y se manifiesta en una tendencia de largo aliento con tasas de crecimiento realmente importante en relación con el crecimiento de la matrícula total de la educación superior. De esta manera, vale la pena reconocer que la pandemia puso al sistema público casi en su totalidad frente al desafío de reconocer que la educación virtual no puede ser liderada por el sector privado y que tiene un importante potencial democratizador cuando su desarrollo se encuentra guiado por los principios de la educación superior como un bien público y un derecho humano.
En este sentido, de continuar con los procesos de enseñanza-aprendizaje en contextos de aislamiento social por medio de la utilización de las herramientas de la educación a distancia, se abren un conjunto de interrogantes que merecen consideración y que están siendo objeto de debate de los múltiples actores del sistema. Mencionamos algunos:
a)    La reproducción de asimetrías y desigualdades interinstitucionales regionales y sociales a partir de brechas tecnológicas que limitan no solamente las posibilidades de acceso a conexión sino además a recursos tecnológicos. Esta situación también visibiliza el sistema meritocrático sobre el que se sustentan nuestras universidades y que reproduce otras desigualdades. Por eso, a priori, no podemos confiar en que la virtualidad llegó para modernizar nuestras anquilosadas estructuras y maneras de enseñar y aprender en la universidad y sucumbir a la tecnopromesa, porque se corre el alto riesgo de montar nuevas formas de exclusión sobre las preexistentes.
b)    El abordaje integral de las cuestiones de géneros, que afectan tanto a estudiantes, como a docentes-investigadoras y personal administrativo. Las situaciones de aislamiento social impactan con mayor énfasis en las mujeres que realizan tareas de cuidado, generando mayores presiones sobre ellas y reproduciendo las brechas de género en el campo de desempeño profesional. Asimismo, también se ven exacerbadas las situaciones de violencia machista.
c)    La regulación de la provisión de educación a distancia, mayoritariamente de capitales privados transnacionales. Si bien la emergencia de la COVID-19 implica que se utilicen todas las herramientas disponibles, éstas son mayoritariamente de grupos empresariales con fines de lucro con sobrada experiencia e incidencia en el mercado global de servicios educativos. El sistema público ha de encaminar estrategias para poder disputar este segmento a partir de la generación de plataformas públicas orientadas al ejercicio del derecho a la educación superior.
d)    Las discusiones en torno a la calidad universitaria y las políticas y procesos de evaluación se tensionan con la modalidad a distancia y con el aumento de la brecha tecnológica y otras formas de desigualdades socioceonómicas (que impactan en el proceso de enseñanza-aprendizaje). La evaluación de la calidad, en tanto resultante de un proceso político por la definición misma de esa calidad, no es la instrumentalización de procedimientos orientados a la calificación. Al contrario, estas formas creativas de dar respuestas a la continuidad del vínculo pedagógico para la formación de nuestros y nuestras estudiantes, coloca en primer plano la idea de la evaluación como una herramienta reflexiva y de acompañamiento, que no ha de ser punitiva sino que ha de contemplar esta situación de excepcionalidad.

En segundo lugar, las universidades en Argentina, como actores con un importante anclaje territorial en todas las regiones del país, ampliaron sus capacidades de intervención socio-comunitaria para cumplir con su función social también desde actividades de investigación como de diversas y variadas formas de extensión y transferencia de conocimientos producidos por las actividades científicas, tecnológicas y artísticas. De esta manera, junto a la ya tensionada actividad docente, una parte importante del profesorado ha redoblado esfuerzos en materia de investigación, por una parte, y de extensión universitaria, por otra. De esta manera, entre una muy amplia gama de acciones, las universidades argentinas:
a)    Dispusieron sus infraestructuras para la puesta en marcha de hospitales de campaña (en vistas a ampliar la cantidad de camas por habitantes, contando con zonas para el aislamiento de pacientes de bajo riesgo), la entrega de alimentos para las poblaciones más vulnerables, la producción de insumos (como alcohol en gel, máscaras y tapabocas, otro material de uso preventivo) en sus laboratorios, entre otras.
b)    Colocaron sus infraestructuras de investigación en ciencia, tecnología e innovación al servicio de las necesidades de conocimiento básico y aplicado sobre la COVID-19. Esto implica la generación de diferentes proyectos de investigación (con apoyo de los organismos nacionales de apoyo a la ciencia: CONICET, MINCyT y Agencia – generando una Unidad COVID-19 que movilizó cuantiosos recursos en este contexto) en el marco de redes nacionales, regionales y globales; así como la realización de análisis de test en sus laboratorios. Vale destacar, asimismo, que los principales centros sanitarios del país son parte del sistema científico tecnológico argentino y corresponden, incluso, a hospitales escuela de las universidades públicas. Algunas universidades están trabajando y/o en colaboración con el CONICET en acelerar investigaciones en busca de una vacuna y de medicamentos paliativos. 
c)    La mayoría de las instituciones están desarrollando campañas de promoción de medidas de prevención en comunidades cercanas a sus campus y colaborando con organismos del Estado. 
d)    Junto a las actividades de investigación vinculadas a la crisis, existen múltiples áreas requieren de las capacidades de la educación superior para producir nuevos conocimientos y desarrollar renovadas herramientas.  Una de ellas, entre otras, es precisamente la educación en tanto formación y ya se mencionó al respecto. También el caso de las ciencias sociales y humanidades, que han contribuido con informes para el gobierno nacional sobre la emergencia social y mecanismos para enfrentarla. Este tipo de información contribuyó a ampliar la base de conocimiento para la generación de políticas públicas basadas en evidencias, identificando situaciones emergentes del aislamiento -desde cuestiones psico-sociales, hasta situaciones de vulnerabilidad, violencia de género, condiciones de trabajo y derechos de niños y niñas, entre otras-. Finalmente, también desde el sistema científico en conjunto con medios de comunicación, se lanzaron campañas para hacer frente a las noticias falsas que circulan en torno a la COVID-19.
e)    Generaron contenidos artísticos y culturales para acompañar a la población durante el aislamiento, contribuyendo así con la mejora de las condiciones psico-sociales y las diferentes formas de malestar que genera el aislamiento. Se dejaron en acceso abierto no comercial diferentes productos culturales y artísticos. Es posible mencionar también que las universidades nacionales son actores protagónicos en la generación de contenidos educativos que se encuentran en el canal Paka Paka, Encuentro o Deportv.

Tercero, la internacionalización universitaria fue “sacudida” a partir de la situación de pandemia global. En función de cómo fue realizándose el contagio del virus por el mundo, afectando a diferentes países que pasaron a ser catalogados como zonas de circulación de la COVID-19 (por la Organización Mundial de la Salud, OMS), esto implicó una tarea fina de identificación de estudiantes, docentes e investigadores que estaban en estas zonas o que habían ingresado al país procedentes de estas zonas y se debían atender. El Ministerio de educación a través de su área de cooperación internacional concentró y coordinó la comunicación con las universidades y da seguimiento permanente, articulando con el Ministerio de Relaciones Exteriores (que ha puesto en marcha un plan comprehensivo para la repatriación). Por otra parte, las instituciones decidieron la interrupción de los programas que se ejecutarían este año, así como convocatorias que debían abrirse. Sin embargo, aún resta una revisión integral de las problemáticas que el COVID-19 supone para la internacionalización universitaria y las posibles respuestas a nivel sistémico. Algunos de los desafíos son:
a)    El apoyo quienes se encuentran ejecutando programas en zonas de circulación de la COVID-19 o bien en nuestro país: desde cuestiones sanitarias hasta humanitarias, para luego pensar como saldar los procesos formativos o investigativos interrumpidos.
b)    La generación de estructuras de respuesta ante situaciones excepcionales como éstas, pero que se cimientan sobre la base de las redes ya existentes (redes gubernamentales, redes interinstitucionales y redes de agencias de apoyo a la internacionalización).
c)    El desarrollo de protocolos de contención psico-social y afectiva a becarios internacionales, un tema que no se encontraba en agenda de políticas.
d)    La discusión sobre el reconocimiento de títulos: buena parte de las acciones de cooperación internacional consiste en el apoyo con personal médico, quienes, en algunos países, han sido cuestionados, desde posiciones xenófobas, por su “falta de credenciales” para el ejercicio de la profesión. El reconocimiento de títulos ha sido un tema “tabú” durante mucho tiempo porque implica tensionar intereses corporativos en torno a quién reconoce qué y de dónde, así como discutir en profundidad el mercado global de provisión de servicios educativos. La situación de emergencia sanitaria habilita la maduración de un discurso regulatorio conducido por el Estado en conjunto con los actores públicos (universidades) sobre la gobernanza de la educación superior estructurada en el principio del derecho a proteger la vida y la salud.
e)    Fortalecimiento de mecanismos de cooperación basados en las múltiples redes académicas preexistentes para afrontar los múltiples desafios sociales, económicos, de salud, culturales, educativos, etc., que abren importantes interrogantes sobre el futuro que deben ser más que nunca pensados con una mirada regional.
f)    El desarrollo de una agresiva política nacional y regional con incidencia global en torno a la generación de repositorios públicos-abiertos para el acceso y difusión de los conocimientos producidos por los complejos científicos-tecnológicos y artísticos de nuestros países

LA SITUACIÓN BRASILEÑA ANTE EL COVID-19 Y LA EDUCACIÓN SUPERIOR
El primer caso de Covid-19 en Brasil se confirmó en febrero de 2020, siendo un caso importado de Italia a São Paulo, la ciudad más grande del país. El 16 de marzo, cuando se detectaron casos de Covid-19 en las universidades, las clases comenzaron a suspenderse. Los gobernadores y alcaldes emitieron posteriormente decretos que restringían la circulación pública. La propagación del virus en la comunidad se detectó a fines de marzo.
La población brasileña está siendo golpeada fuertemente, especialmente en algunos estados de la federación, como São Paulo, Río de Janeiro, Amazonas, Ceará y Maranhão. Pero pese a esto, el presidente se dirigió al país diciendo que la enfermedad era solo una "gripecita" que no justificaría la interrupción de las actividades escolares y laborales, entre otras, y pidió a la gente que continuara trabajando "para apoyar la economía". 
Todo esto creó una situación de ambivalencia y crisis en la gestión nacional para enfrentar a Covid-19. El Ministerio de Salud emitió instrucciones en línea con los estándares internacionales para prevenir el contagio y garantizar la fuerza laboral necesaria, tanto en los proveedores de servicios de salud públicos como privados. El resultado, fue la deposición del Ministro de Salud y su reemplazo por alguien más alineado con los intereses del presidente. Varias disputas políticas y caídas de ministros ocurren en Brasil, al mismo tiempo que cada vez es más claro para la población que su mayor gobernante, establece disputas que no son compatibles con los intereses públicos o con las necesidades urgentes de la población brasileña.
La población brasileña está dividida frente a la pandemia de Covid-19. Hay personas que siguen la guía de las autoridades de salud para hacer aislamiento social y también muchas noticias falsas difundidas a través de las redes sociales, lo que lleva a la desconfianza. Parte de la población desobedece las pautas sanitarias que promueven las aglomeraciones en las calles.
Los segmentos universitarios de las áreas de salud, principalmente en instituciones públicas, pero también en algunas universidades privadas sin fines de lucro, han colaborado de diferentes maneras con actividades para enfrentar la crisis. Desde el principio, con la primera detección de la presencia del virus, científicos del Instituto Adolfo Lutz, en colaboración con la Universidade de São Paulo (USP), mapearon el genoma del virus. Existen iniciativas directamente relacionadas con la comprensión y el tratamiento de la infección. Por ejemplo, la Universidade Federal de Pelotas (UFPel) conduce una investigación epidemiológica, y la USP lleva a cabo investigaciones para producir vacunas. Además, en las universidades públicas de todo el país, grupos de investigación han convertido sus actividades de laboratorio y de campo en la producción y manutención de equipos de protección personal y tecnologías hospitalarias, como respiradores. Por su parte, los hospitales universitarios han sido una referencia en la atención de pacientes con Covid-19. Estos hospitales atienden a los pacientes de forma gratuita, como parte del Sistema Único de Salud (SUS), un sistema universal de salud pública instituido desde la Constitución de 1988. En muchos casos, las universidades formaron asociaciones de salud con otros organismos públicos.
Las actividades de investigación y posgrado, que involucran análisis de datos sin tener que ir al campo, están funcionando como trabajo remoto. Las decisiones sobre la continuidad o la interrupción de la investigación de laboratorio se toman caso por caso. Las actividades presenciales de extensión se interrumpieron principalmente, con la excepción de aquellas relacionadas con la mitigación de la crisis de salud. El contenido cultural se pone a disposición en formato digital, ya sea a través de repositorios o mediante eventos virtuales. Las reuniones y la toma de decisiones por parte de los órganos colegiados y los grupos de trabajo sobre temas de gestión de procesos de investigación y político-administrativos se llevan a cabo por teleconferencia.
Con la interrupción de las clases, los calendarios académicos preparados por cada institución fueron comprometidos. Hubo diferentes respuestas con respecto a la continuidad o no de la ejecución los currículos, en general, organizados en semestres. El gobierno recomendó que las instituciones de educación superior cambiaran sus clases presenciales a educación a distancia.
El Consejo Nacional de Educación y el Ministerio de Educación emitieron regulaciones que flexibilizan el número de días escolares obligatorios (200 por año o 100 por semestre), manteniendo la necesidad de cumplir con las cargas de trabajo curriculares. En el caso de la educación superior, no hay consenso general o determinación sobre cómo proceder con este tipo de cambios. Por lo tanto, se están practicando y diseñando diferentes alternativas.
La educación superior brasileña ocurre principalmente en instituciones privadas, con un contingente expresivo de cursos de pregrado en la modalidad educación a distancia (EAD). Los cursos EAD mantuvieron sus actividades, suspendiendo solo reuniones presenciales ocasionales. Las instituciones privadas de educación superior, en general, adaptaron las asignaturas presenciales a la modalidad de aprendizaje a distancia. Este cambio se produjo sin una planificación adecuada, utilizando de manera improvisada los recursos que ya, de alguna manera, se empleaban en algunas actividades de aprendizaje a distancia que ya ocurrían en los cursos tradicionales. Esto sobrecargó el trabajo de docentes, discentes y personal administrativo y el apoyo institucional adecuado para esta transición está todavía en construcción. En las instituciones públicas, la tendencia general fue suspender el calendario académico, mientras que el debate sobre las alternativas para compensar el currículo no cumplido, comienza apenas a organizarse.
La oferta de cursos EAD, sin embargo, no significa que todos los estudiantes estén siendo incorporados. Los estudiantes de bajos ingresos, un segmento social que recientemente se integró a la educación superior, tienen un acceso deficiente a las tecnologías de información y comunicación, ya sea en términos de dispositivos o en términos de conexión a internet. Después del advenimiento de acciones afirmativas para el acceso a la educación superior, este contingente se volvió más expresivo en la composición de la población estudiantil. Además del acceso a los contenidos curriculares, muchos estudiantes dependen de la infraestructura física de la universidad para obtener recursos tales como alimentación subsidiada y otras formas de asistencia social y atención.
La situación de pánico inducida por Covid-19 generó excepcionalidades que condujeron a la inmovilidad en algunos procesos institucionales. Esto incluyó la dificultad de producir y movilizar mecanismos amplios de consulta y deliberación en la comunidad universitaria. La crisis pandémica impone una discusión sobre prácticas pedagógicas alternativas, potencialmente cuestionando los formatos tradicionales. En este abril de 2020, nuestra perspectiva es que la reactivación de las actividades presenciales no se podrá dar de manera integral y estará sujeta a una intermitencia, de acuerdo con la propagación de las nuevas ondas de contagio. Esto significa que los problemas de salud, tenderán a ganar preponderancia frene a las decisiones pedagógicas y educativas.
Sin embargo, la crisis planteada por la pandemia en la sociedad brasileña expone no solo un problema, de por sí enorme y desafiante, de salud, sino la desigualdad de acceso a los bienes sociales y las posibilidades de hacer frente a la crisis. El Sistema Único de Salud (SUS) es un instrumento importante en este momento, pero tiene límites. Los líderes comunitarios en barrios marginales, como Paraisópolis en São Paulo, lograron desarrollar una auto-organización para el control y la asistencia de la población amenazada. Además, la situación de los pueblos indígenas, quilombolas y personas sin hogar es muy preocupante. Es importante señalar que los trabajadores rurales en los asentamientos de reforma agraria se han dedicado a proporcionar alimentos orgánicos a las personas necesitadas, practicando diferentes formas de solidaridad. Las propias universidades y los institutos de investigación en Brasil desarrollan acciones para apoyar la respuesta a Covid-19 con recursos financieros que han sido sucesivamente reducidos en los últimos años. Sus respuestas incluyen planes para suministrar alimentos a comunidades pobres, actividades educativas en línea, acceso a cultura y recomendaciones de políticas. La intensa desigualdad social brasileña impone además la preocupación con las dificultades de propiciar igualdad de condiciones para que los estudiantes de diferentes grupos sociales participen en el retorno a las actividades.

LA PANDEMIA DESDE LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA
La Universidad que enfrenta ahora a la pandemia en este país, no está preparada para el cuidado de la vida, y dista mucho de ser humanista, democrática o autónoma. 
Según datos oficiales, el 5 de marzo de 2020 apareció el primer caso sospechoso por Covid-19 en el país, de una mujer costarricense que había viajado por Italia y Túnez y se procede a dictar aislamiento y seguimiento de contactos. El día 6 de marzo se detectó el segundo caso y, para el 7 de marzo ya eran cinco, por lo que, el 7 de marzo, se declaró alerta amarilla, mientras que el 9 de marzo la Comisión Nacional de Emergencias entró en sesión permanente. Ese día, con nueve casos confirmados, el gobierno instruyó al sector público para que realizara teletrabajo a partir del 10 de marzo y se cancelan eventos y actividades de concentración masiva. Al mismo tiempo se informa a la población sobre las medidas requeridas para evitar el contagio: lavado de manos frecuente y protocolo de estornudo.  El 12 de marzo, de declaró una segunda fase de alerta amarilla que implicaba cierres preventivos de centros educativos en riesgo, reducción en 50% de la capacidad aprobada de espacios de reunión pública y suspensión de viajes al extranjero para empleados públicos, y al día siguiente se activó la línea 1322 para casos de consulta. Para el 15 de marzo se declaró cierre total de bares, discotecas y casinos y, el 16 de marzo el Estado de Emergencia Nacional, con cierre de las fronteras al ingreso de personas extranjeras y suspensión de lecciones en todos los centros educativos del país.
El 18 de marzo se informó del primer fallecido, el 19 de marzo el segundo y el 23 de marzo se endurecieron las medidas con cierre de playas, restricción vehicular entre las 10 pm y las 5 am, cierre obligatorio de templos y cultos religiosos, pérdida de estatus migratorio a quien saliera del país, entre otras medidas para el cierre de actividades masivas. 
El 27 de abril se iniciaron medidas más flexibles de apertura de cines, lugares para práctica o entrenamiento de deportes sin contacto, gimnasios y escuelas de natación, aunque se siguió promoviendo el teletrabajo como prioridad.
Al día del cierre de este trabajo, 1 de mayo de 2020, se contabilizan 725 casos confirmados, con un rango de edad de 1 a 87 años, de los cuales 346 son mujeres y 379 hombres. 651 son costarricenses y 74 extranjeros; 649 son personas adultas, 38 adultos mayores y 38 menores de edad; 355 personas ya están recuperadas, y hay 6 personas fallecidas, todos hombres entre 45 y 87 años. Se han descartado 8849 casos a los que la prueba ha salido negativa y actualmente hay 16 personas hospitalizadas, siete en cuidados intensivos.
En general, la infraestructura hospitalaria de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) ha permitido enfrentar la crisis, con la cooperación de otras instituciones estatales. Así, la Fábrica Nacional de Licores suspendió la producción de bebidas alcohólicas para dedicarse a la producción de alcohol para el uso de hospitales y de la población, la Oficina de Correos implementó mecanismos para el traslado del mismo, el Instituto Costarricense de Electricidad estableció plataformas gratuitas para la conexión telefónica y el internet, el Instituto de Acueductos y Alcantarillados suspendió el corte de agua por falta de pago y se implementaron medidas de apoyo a personas en condición de vulnerabilidad económica.
A la par de un manejo sobresaliente de las instituciones del Estado y, en particular, de la CCSS y el Ministerio de Salud, intervenciones por parte de las empresas afiliadas a la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP), de la organización Academia de Centroamérica, de diputados de las fracciones del Partido Unidad Socialcristiana, Liberación Nacional, Restauración Nacional y otros diputados independientes, junto con el Partido Acción Ciudadana del gobierno, gestaron una respuesta amenazante contra las instituciones públicas, incluida la CCSS. La crisis financiera que precede a la pandemia puso a estos sectores en posición de ataque para profundizar medidas de privatización, desregulación y flexibilización en las instituciones estatales. Asimismo, medidas afines a las grandes empresas facilitaron el despido o reducción de jornadas laborales de trabajadoras y trabajadores del sector privado. Mientras tanto, los sectores del turismo y el comercio, especialmente en el caso de las pequeñas y medianas empresas, han debido cerrar. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) en el tercer trimestre del año 2019, había una tasa de desempleo abierto de 11,39%, con un 20,98% de pobreza total, del cual el 5,84% estaba en pobreza extrema. Se espera que estas cifras hayan aumentado como resultado de las medidas tomadas a raíz de la pandemia. Sin embargo, sectores sumamente poderosos a cargo del equipo económico del gobierno pugnan por evadir el pago de impuestos y otras medidas de control, como el alto a los intereses de usura para paliar en alguna medida la crisis. Son sectores que siguen atacando a las Universidades públicas, a las cuales ya han castigado previo a la pandemia, con recortes en el presupuesto y ataques mediáticos.
La pandemia en las Universidades
A partir del 12 de marzo, las Universidades debieron acatar también las medidas definidas por el gobierno para controlar la pandemia. De esta manera, con poca claridad, muchas contradicciones y pugnas internas, se determinó el trabajo virtual durante esa misma semana en que, en el caso de la Universidad de Costa Rica (UCR), daba inicio el semestre lectivo. 
Cada universidad debió organizarse según sus condiciones y recursos, de manera que no hubo una respuesta coordinada entre las 5 universidades estatales de las cuales solamente la Universidad Nacional Estatal a Distancia (UNED) se dedica fundamentalmente a la enseñanza en línea. Si bien esta modalidad se ha implementado en las otras universidades, no toda la población académica tenía instrucción, habilidades, o posibilidades para desarrollarla. Sin embargo, de un día para otro, sin haber conocido siquiera al estudiantado matriculado en sus cursos, ni tener los contactos, las y los docentes debieron trasladar todos sus cursos a plataformas virtuales. Estas ya existían, pero no estaban preparadas para enfrentar la gran demanda que en cuestión de dos días se incrementó en más de un 100%, por lo que los sistemas colapsaron durante las dos primeras semanas en la UCR. Sin embargo, algunos cursos son imposibles de virtualizar, de manera que hay docentes y estudiantes que todavía no han podido iniciar con sus clases.
Por otro lado, encontramos el caso de estudiantes y también de docentes, que no cuentan con equipo, acceso a internet, o una conexión estable que posibilite la educación virtual. Mes y medio más tarde, la Universidad Nacional logró comprar 3000 tarjetas Sim y equipos para sus estudiantes, mientras que la Universidad de Costa Rica ha anunciado que implementará medidas similares. Mientras tanto, las y los profesores han debido ingeniárselas de manera individual para resolver las necesidades que siguen apareciendo conforme avanza el semestre.
Todo esto ha generado que se extienda de un día para otro la jornada laboral, se aumente el control sobre las y los trabajadores de la educación, se les traslade los costos de producción y se les obligue a unir el plano laboral con el doméstico. Esto afecta especialmente a las mujeres, quienes ven aumentada y en un solo espacio-tiempo su triple jornada laboral. Al mismo tiempo, el personal docente con contrato temporal se ve amenazado frente a la posibilidad de perder el trabajo, y el personal terciarizado, como el de limpieza, ante la posibilidad de que la universidad suspenda el contrato con la empresa para la cual trabaja.
De la misma manera, al menos en la Universidad de Costa Rica, cuando es tiempo de regresar al trabajo presencial, este debe realizarlo el personal de limpieza y el personal administrativo, exponiéndose al contagio, en un espacio académico que, utilizando la necropolítica, decide a qué cuerpos expone a la enfermedad y a la muerte.  
Cuando se trata del estudiantado empobrecido y rural, la universidad que se autodenomina como inclusiva y equitativa, cerró de un día para otro las residencias estudiantiles, obligando a las y los estudiantes a tomar autobuses para regresar a sus lugares de origen sin considerar el peligro del contagio, redujo el monto de las becas en ese preciso momento de emergencia, y excluyó a quienes no tenían acceso a internet de calidad o a quienes no tienen condiciones económicas y psicosociales para asumir desde sus casas los cursos virtuales al abrir posibilidades de retiro de materias sin costo, pero bajando o eliminando las becas al hacerlo. Con esto, ha aumentado la brecha socioeconómica entre estudiantes.
Y es que la universidad que compite a nivel internacional, que aparece arriba en rankings internacionales, si bien colabora con su desarrollo científico a enfrentar el virus de diversas maneras, pues se ha participado desde el Área de Ciencias de la Salud con personal y medicamentos, desde la Ingeniería y la Física con la creación de equipo, y desde la Psicología con brigadas de apoyo psicosocial, entre otros esfuerzos, no parece tener la misma capacidad para atender desde los cuidados necesarios a sus propios docentes y estudiantes o a generar condiciones adecuadas al personal de apoyo, aumentando el desgaste y la tensión en un momento en donde más bien la estructura institucional debería ser fuente de protección y seguridad.
Frente a un discurso omnipotente que lleva a exagerar las bondades de la virtualización y a descalificar las desigualdades que esta potencia, será necesario seguir luchando por una universidad realmente humanista, que retome los principios de democracia, autonomía, autogobierno y cercanía con la sociedad para una nueva transformación institucional.

EDUCACIÓN SUPERIOR EN ECUADOR Y COVID -19
El COVID-19 llegó al Ecuador en avión, se propagó en una fiesta en Samborondon (Calcaño, E. 2020: pp.1), lugar  donde vive la clase alta de  Guayaquil, la ciudad con las desigualdades más profundas y vergonzosas del país;  se propagó entre sus sirvientes, que viven en barrios, muchos de ellos sin los servicios públicos básicos, quienes viven en pobreza extrema, y ha matado, hasta ahora, a más de 8000 personas, de acuerdo con las cifras que hizo públicas, después de casi dos meses de negación y de mentira, el mismo Secretario de Gobierno del presidente Lenin Moreno, a un noticiero de Miami el 29 de abril, lo cual ha  develado la criminalidad del Neoliberalismo, la ineptitud e indolencia del gobierno actual; Guayaquil, por tal motivo,  lleva el nombre de la Wuhan de América Latina. 
Las cifras van creciendo sin ningún control, por eso la comunicación y la info-demia es un campo de lucha encarnizada en las redes sociales, porque desafortunadamente, los medios de comunicación públicos y privados están al servicio del poder dominante y del gobierno articulado con los banqueros dueños de esos medios, por lo tanto, reproducen el engaño dentro de la desgastada narrativa ya puesta en el imaginario político y conservador del correismo y anti-correismo. 
¿Qué está pasando con la Educación Superior en Ecuador? Las soluciones “provisionales” hacen parte del cajón de costurero posmoderno. La fantasía del capitalismo tardío ha pretendido instalar la digitalización como el sueño del futuro inmediato: un estudiante educándose en cualquier lugar con una computadora”. En consecuencia, el profesor que enseña en el aula tiene ya su decreto de desaparición, de igual manera, la universidad física deviene un lujo. El mensaje es claro, la educación pública es un despilfarro, luego pasamos a la era en que la educación se convierte en una mercancía. En consecuencia, un gobierno con menos del 10% de aprobación debe cumplir con los compromisos antidemocráticos firmados con el FMI, justificados por la obligatoriedad de la austeridad, línea política impuesta para intentar salvar a un capitalismo que viene dando tumbos desde hace algunas décadas. En consecuencia, el 10% de las maestras y maestros del sistema nacional de educación y el 30% de los profesores universitarios serán despedidos y los salarios de los que permanezcan serán reducidos entre un 30 y 50%, pues, la burocracia del Neoliberalismo quiere terminar con lo que han llamado el paraíso educativo del Ecuador. 
La educación superior pública está contra la pared. No ha sido interés del gobierno durante estos tres años. Los presupuestos aprobados por la Asamblea Nacional, nunca fueron respetados por el Ejecutivo, pues la política comenzó a ser regularmente bloqueada por la visión neoliberal de la economía. Por el contrario, los organismos de regulación como la Senescyt, el Ces y el Caces, abrieron nuevamente las puertas a la mercantilización de la educación superior, porque, según ellos, Correa había hecho las cosas mal, es decir, había quebrado el negocio de este mercado. 
El presidente del Ecuador ya lo había dicho en semanas anteriores: la realidad está por encima de las leyes, como una premonición de la normalidad que nos espera después del Covid – 19.  Sin duda que las medidas de austeridad que afectan a la Educación Superior rompen con la Constitución, la Ley Orgánica de Educación Superior, la Ley Orgánica del Servicio Público, y sabiéndolo el gobierno, lo hacen justificados en la histórica emergencia. 
La Asamblea del Sistema de Educación Superior ASESEC  el 25 de abril en una carta dirigida al Ministro Martínez denuncia la intromisión del Estado en la planificación de los gastos de la universidad, la abstención de los ingresos de personal, la abstención de prórroga de contrato de servicios ocasionales y nombramientos provisionales programados hasta el mes de marzo del 2020, la abstención del uso de fondos de inversión para la recontratación del personal desvinculado, la abstención de creación de puestos, la suspensión de gastos de capacitación y consultoría y la renegociación de contratos de arrendamiento de inmuebles, servicios de limpieza, seguridad y transporte. Pero ¿basta la lógica cultural ecuatoriana de no sea malito para que escuchen a los rectores? Muchas situaciones anteriores que suspendían la autonomía han tenido silencios largos, por ejemplo, la toma del gobierno de la Universidad nacional de Educación –Unae- y el cierre del programa nacional de profesionalización. A nivel nacional, el gobierno decretó una reducción del 18% general para todas las instituciones públicas del país.
Parece ridículo que la Secretaria Nacional de Educación Superior del Ecuador haya resuelto el problema de las matrículas con un diagnóstico plano y mediocre que arrojo resultados como los de un 68% de estudiantes con internet y solo un 32% sin el mismo. Contrasta esta mirada neoliberal con el comunicado de la Federación de Estudiantes Universitarios de Ecuador  -FEUE (carta abierta dirigida al CES), que pide la declaratoria de un año académico extraordinario, la entrega de bonos solidarios a las estudiantes, la entrega de computadoras y tabletas a los estudiantes, el pedido para que el gobierno negocie con la empresa privada y pública el acceso a internet gratuito, la construcción de un nuevo modelo de educación basado en la igualdad y la relación con la naturaleza, reajuste de las mallas curriculares y la garantía a la estabilidad laboral docente administrativa  y el respeto al salario. 
Las medidas que se vienen tomando con respecto a la educación superior atentan contra el derecho a la educación como un derecho humano, y se colocan en contra de la gran lección de la Pandemia: la salud y la educación no pueden ser privatizadas, tenemos que mejorarlas porque son indispensables para el presente y el futuro de la vida de todas y de todos. 

Los meses que cambiaron a México
En el caso de México, de acuerdo a recientes datos, la población que no cuenta con conectividad ni con computadoras llega al 56% del total, mientras que para la población de bajos ingresos esta condición solo la tiene el 19% respecto del total, mientras que en los estratos socio-económicos más altos se alcanza al 89.7%. Incluso contar con un aparato de televisión, en los estratos más bajos de la población mexicana, solo se presenta en el 17% (La Jornada, 22 de abril, 2020. Texto de Dora Villanueva. “Aflora brecha social ante urgente educación y trabajo on line ).
Cuando aún se podían discutir estrategias, políticas y el desarrollo de experiencias, de innovaciones pedagógicas y de gestión de los conocimientos, de las ciencias, de las humanidades, del arte, de las ciencias sociales y la tecnología, por la decisión de emprender una nueva reforma educativa en todo el sistema, nos cayó el chubasco infectado. La SEP decidió apostarle a la educación a distancia y por televisión, a las evaluaciones en línea, al cierre de escuelas y a mantener un ciclo escolar semi-arreglado, sin pensar que se había legislado, apenas hace muy poco,  en esta reforma educativa que permite la transformación del sistema educativo con iniciativas de gran calado y visión, para mejorar la equidad socio-educativa; promover la innovación y realizar mejoras pedagógicas sustanciales; impulsar una nueva gestión de la política pública; movilizar a los millones de maestros, profesores e investigadores con los que cuenta el país, como una fuerza de tarea para impulsar la reforma educativa (como lo mandata el nuevo Tercero Constitucional); y, hacer valer la idea de empezar  a construir “la nueva escuela mexicana”. Las crisis siempre son espacios que permiten generar oportunidades. Pero no, se decidió reproducir el sistema escolar tardío de clases en aula, pero ahora en línea y en televisión. 
La reforma al Tercero Constitucional creó un organismo para impulsar esta capacidad crítica y transformadora: el Organismo Nacional de Mejora de la Educación, del cual se esperaban medidas y alternativas para dar cuenta de su misión original. Hasta ahora, es como si ni existiera. 
Como ya se ha señalado en diversos foros y por diversos autores, en el sistema educativo de México, el régimen académico, ahora y frente al nuevo escenario que se viene, no debe estar sostenido por clases, ni por esquemas meramente formales y rígidos, tampoco solo a distancia, sobre todo cuando se sabe que, en su gran mayoría, como se ha señalado antes, los estudiantes pobres no cuentan con las condiciones para mantenerse con tareas y clases de ese tipo. Los que tienen computadoras en sus casas, internet, teléfonos inteligentes, bibliotecas y facilidades para tener todo el tiempo para llevar a cabo sus tareas son una minoría en el país. 
Lo que ahora ha cambiado con la pandemia y esto será mayor aún después de esta, es el conocimiento. Lo que no se pudo prever, los paradigmas que se creían suficientemente desarrollados, la tecnología que creía que todo lo podía hacer en un clic de botón, los grandes laboratorios, las universidades que pensaban que contribuían con gran certeza en un nuevo desarrollo nacional, regional o mundial. Todo ello, se ha trastocado. 
La SEP y las  universidades, deben de organizar un nuevo sistema de aprendizaje social que proporcione materiales de estudio de todo tipo (casa por casa); entregar laptops de forma masiva (hay instrumentos de este tipo muy baratos que pueden conseguirse); que las compañías de telefonía móvil, comenzando por TELMEX, otorgue de forma gratuita capacidad y tiempo para usar los celulares de los estudiantes (ya se sabrá cómo controlar esto, por supuesto) como auxiliares; diseñar y promover softwares accesibles para toda la población escolar y familiar, que promuevan una educación lúdica, entretenida, constructivista, con acceso a libros, revistas y bancos de datos y bibliotecas de todo tipo;  abrir todos los canales de televisión con programas de contenido educativo y cultural; organizar una línea telefónica masiva de profesores como asesores,  para consultas de los estudiantes de todo tipo y nivel; y, eliminar la idea de que quién no haya cubierto sus clases a distancia, será reprobado cuando la pandemia esté controlada (¿?), y eliminar todo tipo de exámenes ahora y para después. Esto y mucho más.
Todo ello urge. Ojalá que se pueda entender que estamos en un periodo de enorme incertidumbre, que requiere de un amplio consenso, sensibilidad social y decisiones a la altura de las actuales circunstancias, y evitar que durante el tiempo que dure esta calamidad y después, el país tenga más pobreza y desigualdad. Esta es la gran tarea educativa y de aprendizaje que deben promover las universidades. El tiempo para llevar a cabo estos cambios será largo, pero la educación es permanente y para toda la vida.
Y en esta perspectiva, a futuro, para el IESALC de la UNESCO, el panorama del sector de educación superior en la región, lo cual vale también para México, que dejará la actual crisis sanitaria y educativa, incidirá de manera profunda en las instituciones de educación superior, dado que implicará  prepararse para a un regreso a clases en una crisis económica, de recesión y con recortes en la inversión pública, al mismo tiempo que se requerirá preparar iniciativas inclusivas , de igualdad educativas y de no  discriminación, lo cual, “implica atender las necesidades pedagógicas , económicas y también emocionales de aquellos estudiantes con mayores dificultades para continuar su formación en modalidades no tradicionales (Ibidem. Newsletter Señal; s/p). 
También enfatiza que en el periodo que se avecina post-pandemia, la apertura de clases deberá de contar con nuevas medidas de seguridad, de sanidad y que generen seguridad (por ejemplo, distancia entre las bancas, reuniones de grupo, asesorías, etcétera) que deben organizarse pensando en un tiempo de larga duración  y desde condiciones no previstas (por ahora no existentes) para asegurar “esquemas de continuidad formativa” (Idem) que deberán plasmarse en modelos distintos de enseñanza-aprendizaje. 

PERSPECTIVAS Y PROPUESTAS

LA RECONSTRUCCIÓN DEL PRESENTE PARA UN FUTURO DISTINTO: soluciones glocales
  El COVID-19 no se gestó en América Latina, se propagó como en muchos países del mundo por la globalización, por la facilidad de viajar de un lado a otro, por el comercio de bienes y servicios, por la concentración en megalópolis , y por la fácil relación humana cotidiana, que en cascada reprodujo a un ínfimo protagonista microscópico que sigue infectando a millones de personas por la vía de minúsculas proporciones de saliva o por el contacto físico. 
El virus llego tarde a nuestra región, y las medidas que se tomaron también fueron indolentes, y la respuesta de poner todo lo peor del sistema rígido y tradicional de clases presenciales en línea o en televisión, no ha podido hacer reflexionar sobre lo que tanto se ha mencionado en las investigaciones educativas respecto de las limitaciones de reproducir el esquema formal en uno masivo informal. A ello se debe agregar que tampoco se ha reflexionado, ni se han tomado medidas para evitar profundizar la desigualdad escolar y social, porque más del 50% del total de los estudiantes en el sistema educativo nacional no cuentan con las herramientas, lugar de estudio, accesibilidad, conectividad de calidad o con ningún tipo de posibilidad para acceder y continuar con sus clases, fuera de sus escuelas. 
Tampoco se han tomado medidas respecto de la crisis económica (que durará más que la pandemia) que se ha provocado por el confinamiento y la recesión mundial y nacional, que abarca a enormes sectores de la población, sobre todo los que viven en el mercado informal (que son más de los cuentan con un trabajo en activo ), y que se ha considerado  como una de mayor impacto que la del año 1929 (Fondo Monetario Internacional) o como la de 2008 (Banco Mundial). 
De acuerdo con un artículo de Thomas Piketty (Le Monde. París, 10 de abril, 2020), el horizonte de esta crisis económica y social será largo, y llegará afectar de manera mayúscula a los países en desarrollo y más pobres, que son los que no cuentan con condiciones para enfrentar semejante choque, dados sus precarios sistemas de salud y su profunda desigualdad económica. La extensión del confinamiento, en este estado de cosas, requerirá, dice el autor, un verdadero Estado Social y no uno carcelario, dado que se prevén estallidos sociales radicales ante el desempleo y la pobreza generalizada (su frase es: “la certeza es que apenas comienzan los grandes trastornos político-ideológicos”). Ante ello propone, a nivel mundial, una moneda común y orientar el mayor de las inversiones al servicio de un proyecto de desarrollo fundado en la inversión en la juventud y en las infraestructuras, un registro financiero internacional para gravar a los grandes capitales y poder lograr el mejoramiento sanitario y educativo para todos los habitantes del planeta.
En el trabajo de Foladori y Delgado Wise, de la Universidad Autónoma de Zacatecas, ya citado, se plantean, ante ello, dos escenarios: el inicio de una fase post-neoliberal de desarrollo capitalista, o la génesis de un proceso de transición hacia otro régimen de organización social (idem, p. 147).
La propuesta que ha sido apoyada por la Organización de las Naciones Unidas, impulsada por el representante de México ante este organismo, el Dr. Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, va en el sentido de insistir en las soluciones de colaboración compartida y solidaria, para evitar la mercantilización de las vidas y de los sistemas de salud ante la pandemia. Lo mismo están haciendo los grupos de médicos cubanos, muchas ONGs y algunas naciones. Esto da cuenta, así sea en tendencia, que la opción de una solución global desde una nueva fase de organización social y económica, es la única para evitar profundizar la desigualdad que ha empezado a alcanzar niveles nunca antes vistos, inclusive en países considerados -antes- como desarrollados.
Asimismo, la UNESCO, se ha manifestado de muchas maneras en el anterior sentido, articulando la misma condición imbricada de educación-pandemia-crisis económica, y por ello ha reorientado el trabajo de sus oficinas nacionales y regionales para dar prioridad a las acciones a favor de los sectores más vulnerables y desfavorecidos, y facilitar la continuidad de la educación para todos a través del aprendizaje remoto, aunque no solo, dada la existencia de amplias brechas digitales entre los países. 
Para la educación superior, el IESALC-UNESCO (Instituto para la Educación Superior en América Latina y el Caribe) está impulsando un proyecto de reflexión regional, sobre el papel de universidades y de las instituciones de educación superior frente a la actual pandemia, sobre todo enfatizando las condiciones de vida y estudio de millones de estudiantes que han ingresado de manera abrupta a una dinámica no planificada de clases a distancia , que afecta su cotidianidad en el hogar y en sus familias, en sus gastos, pero sobre todo en el desarrollo de sus capacidades de aprendizaje y, en algunos casos, de su estancia en otras universidades y de su movilidad internacional. 
El IESALC alerta respecto de aquellos que no cuentan con las condiciones de calidad y continuidad en sus estudios, y que pueden ser un sector que vea frustradas sus aspiraciones de escolaridad y deserten o entren en una situación de rezago, dado que los estudios a distancia  requieren de contar con una alta tasa de conectividad de calidad, y aún el uso generalizado de teléfonos móviles es limitado para tales casos cuando no se cuenta con la capacidad y el espacio requeridos, y esto afecta, sobre todo a las poblaciones más pobres, rurales, indígenas o de existencia en precariedad urbana o semiurbana.
Frente a un discurso omnipotente que lleva a exagerar las bondades de la virtualización y a descalificar las desigualdades que esta potencia, será necesario seguir luchando por una universidad realmente humanista, que retome los principios de democracia, autonomía, autogobierno y cercanía con la sociedad para una nueva transformación institucional.

NOTAS:

1.  Investigador titular. Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM. Coordinador de la Cátedra UNESCO “Universidad e Integración Regional”. 
2.  Investigador invitado de la UNAM. Exrector de la Universidad Nacional de Educación (UNAE) de Ecuador. 
3.  Profesora-investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica, Costa Rica.
4.  Profesora e investigadora del posgrado de la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Rio Grande del Sur, Brasil.
5.  Profesor voluntario de la Universidad Federal de Rio Grande del Sur, Brasil.
6.  Profesor y directivo de la Universidad Nacional de las Artes, Argentina. 
7.  Investigadora de CLACSO  (Argentina) y profesora de la Universidad de Buenos Aires
8. https://www.argentina.gob.ar/noticias/salud-confirma-el-primer-caso-de-c...
9. La Universidad de Buenos Aires, una de las más gravitantes del sistema, adoptó como medida la modificación el calendario académico para dar inicio al cuatrimestre a partir del 1 de junio, dando la libertad a que cada Facultad se organice en función de ello.
10. “Many cities are important hubes of travel and trade; hence an uncontained outbrake would result in severe economic consequences beyond live lost. More importantly, these urban centers risk becoming conduits of transmisión to the world. As seen form the spread of COVID-19, diseases now follow major patterns of travel connections both domestically (with major cities in China connected by high speed rail) and internationally  through fligths. For example, as Feb 17, 2020, there were 172 exported cases of COVID-19 from China to 25 countries, with 156 secondary cases in 14 countries, and these were mostly in major cities with travel connections to China”. Vernon Lee; Marc Ho; Chen Wen Kai; Ximena Aguilera; David HEymann and Annelies Wilder-Smith. “Epidemic preparedness in urban sittings: new challenges and opportunities”. www.thelancet.com/infection. Published online March 27, 2020. https://doi.org/10.1016/S1473-3099 (20)30249-8
11. Guillermo Foladori y Raúl Delgado Wise. “Para comprender el impacto disruptivo del covid-19, un análisis desde la crítica de la economía política”. Revista Migración y Desarrollo, Vol. 18, No. 34, primer semestre, 2020; pags. 139-156.
 

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