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Una cervecita por favor

Pumas, hoy ya no depende de sí mismo y en la última fecha podría incluso disputar el duelo contra Pachuca sabiéndose eliminado
Una cervecita por favor
12/11/2019
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Siempre me han llamado la atención dos tipos de personas. De chico, los niños a los que les permitían todo, esos a los que en mi casa se referían como a los que sus papás estaban “echando a perder” (me los imaginaba marchitándose por dentro) y quizá por eso me llamaban tanto la atención.

El segundo tipo de personas que nunca dejarán de sorprenderme son las que parecen programadas para sabotearse a sí mismas. Tipos que, a la distancia, parecen tener todo puesto para conseguir lo que quieren, pero interiormente están a una mala decisión de destrozarse. Y siempre lo hacen, no fallan. Invariablemente toman esa mala determinación.

Hay quienes combinan ambas cosas: los consentidos con capacidad de autoboicot. Y, por supuesto, como bien se dice que se juega como se vive, el futbol no podía estar exento de situaciones como esta, y el balompié mexicano mucho menos. Finalmente, tanto los futbolistas como las instituciones son producto de la sociedad.

En nuestro país, Pumas es ese niño consentido y, desde hace dos semanas, nos está demostrando que están empecinados en complicarse la vida. Han hecho hasta lo imposible por no entrar a la Liguilla, cuando el destino parecía obstinado en darles una mano para que pudieran disputar el título del futbol mexicano.

En la Jornada 17, el empate ante Puebla los tenía casi en la lona, pero todos los resultados se acomodaron y los universitarios se fueron a dormir el domingo con las posibilidades intactas. Entonces llegó el viernes 8 de noviembre y Rayados vapuleó a Tijuana. Los del Pedregal ya dependían de sí mismos y, encima, el domingo recibían a Juárez.

En Ciudad Universitaria, el cuadro de Míchel llegaba como victimario de uno de los equipos más débiles de la Liga. En la cabeza de todos estaba que Pumas dormiría en zona de Liguilla. Hasta que saltaron a la cancha los futbolistas.

Pumas, hoy ya no depende de sí mismo y en la última fecha podría incluso disputar el duelo contra Pachuca sabiéndose eliminado. Su capacidad de autodestrucción es llamativa y quizá, sólo quizá, sea producto de años y años de ser los consentidos de la Liga. Porque la palabra fracaso difícilmente se escucha ligada a los de la UNAM.

Siempre escudados en que son un representativo universitario, y con poco presupuesto, a ellos no se les trata igual que, por ejemplo, al Cruz Azul. Pero, eso sí, los Pumas se enorgullecen de ser parte de los llamados “grandes”. Y es fácil integrar ese grupo sin las exigencias que eso conlleva.

Y es por eso que los felinos se “echaron a perder”. Pumas es el alcohólico que festeja sus seis meses de sobriedad con una cervecita. Adendum. Knut me preguntó cómo es posible que ahora las Chivas vuelen y metan de a tres por juego. La verdad, no supe qué decirle. 

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