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Cuento de nunca acabar

La realidad es que, ni con la tecnología, se han evitado injusticias ni se le ha robado la esencia al futbol
Cuento de nunca acabar
28/01/2020
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Hay personas a las que no hay manera de darles gusto. Esos que hasta cuando se hace lo que ellos dicen, encuentran la manera de hacerla de jamón. No hay manera de comprobarlo, pero creo que en cada familia hay por lo menos un miembro de ese abominable grupo. Tristemente para mí, uno de mis primos más cercanos en edad es así. No daré nombres, porque francamente es mejor evitar el drama familiar que provocará si se siente exhibido.

Le cuento: cuando yo era un niño, a los adultos se les ocurrió que para Navidad sería fantástico llevar a un señor disfrazado de Santa Claus para que le entregara un juguete a cada chamaco. Pues llegó el falso Santa y todo era perfecto hasta que al primo “N” le pareció poca cosa el espectacular coche a control remoto que le tocó, porque a mí me dieron un balón (un horrible Estrella Súper Crack).

Tras un berrinche de proporciones épicas del escuincle, los papás decidieron que nunca más invitarían a Santa. Hoy, ese muchacho no está en ningún grupo de Whatsapp familiar, porque si no sería imposible definir cualquier cosa relacionada con una reunión. Igual no le va a gustar nada; entonces, mejor evitar sus quejas durante la planeación.

El aficionado al futbol, en su mayoría, es como mi primo. Hace años se desgarraban las vestiduras exigiendo el uso de la tecnología para evitar injusticias. En cuanto se anunció la llegada del VAR, esos mismos pusieron el grito en el cielo, porque “el error y la polémica son parte del juego”.

La realidad es que, ni con la tecnología, se han evitado injusticias ni se le ha robado la esencia al futbol. El fanático del equipo perjudicado por la marcación del VAR difícilmente aceptará que se hizo bien al señalar el penalti. Y quien apoya al cuadro al que se le favoreció con una marcación inexistente, siempre encontrará algún argumento para justificar que sí se hizo lo correcto.

Para muestra dos ejemplos: El americanismo aún se queja del penalti a Guido Rodríguez en la final. El antiamericanismo asegura que el contacto no es suficiente para decretar pena máxima. Y otro más fresco: el sábado anterior, en el estadio de las Chivas, se marcó un penalti para la mayoría irreal, pero para el aficionado recalcitrante del Rebaño, la falta es clara.

Al final, el futbol es una pasión. Y esa emoción se apodera de todo. Lo único que podría acabar con las polémicas es que el futbol se convirtiera en un juego de caballeros, en el que quien cometa una infracción, lo acepte y a quien le señalen una falta que no es, se acerque al árbitro para que corrija y se evite la injusticia. Pero aún así, siempre habrá un berrinchudo, a sus 40 añotes. Si no, sólo revisen sus grupos de Whatsapp.

Adendum. Knut todavía no entiende por qué siguen llegando refuerzos al futbol mexicano. Sólo dice: “Ya van tres jornadas, no es lógico”.