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Cuando ganar no es todo

El futbol no entiende de razones, pero en México hay un hombre que, quizá, lo ha sufrido más que cualquiera
Cuando ganar no es todo
20/08/2019
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La vida no es justa. Escuchar eso es el primer golpe de realidad que la mayoría de las personas reciben. En una situación tan insulsa como la de recibir un permiso entre hermanos o un castigo en la escuela, la parte afectada de inmediato reclama y el adulto —desde su lugar de superioridad y autoridad— emite esas cinco palabras que son una verdad tan grande como el Estadio Azteca: la vida no es justa.

Y en el futbol, dicha sentencia se puede confirmar con una frase lapidaria y cruel: eres tan bueno como tu último resultado. Por supuesto que el futbol no es justo, hay ocasiones en que una pelota pega en el poste y recorre dramáticamente la línea de gol sin entrar, dejando sin premio al equipo que mejor jugó. Muchas otras, el árbitro se convierte en el padre de la injusticia.

Pero reducir todo a ese último resultado es la sinrazón más grande que la pelota nos otorga. Porque de ser así, el mundo del futbol está lleno de fracasados, porque solamente hay un ganador y, a veces, hay cosas mucho más importantes que ganar.

El futbol no entiende de razones, pero en México hay un hombre que, quizá, lo ha sufrido más que cualquiera. Su rostro refleja las derrotas en forma de arrugas, su piel se ha curtido tras mil batallas y muchos sinsabores inexplicables. Su nombre es Ricardo Antonio La Volpe. ¿O alguien puede asegurar, sin sonrojarse, que su palmarés no corresponde con su sabiduría?

Su lista de trofeos es casi inexistente: apenas una Liga con el Atlante y una Copa Oro con la Selección Nacional, en 36 años de trayectoria. Tuvo más títulos a la mano, pero siempre le resultaron esquivos. Con Atlas, en 1999, la ilusión murió en los penaltis; con Boca Juniors se le escapó una Liga imposible; con el América se quedó a un minuto de tener una feliz Navidad, y el título del Toluca en el Apertura 2002, cuando dirigía por teléfono, se le contabiliza a Alberto Jorge.

El futbol no es justo, porque todo se mide mediante los éxitos y los trofeos. Nada sirve más que ganar. Pero si analizamos en profundidad, lo hecho por La Volpe supera a la vulgaridad de un resultado.

Cómo olvidar la manera en que jugaban su Atlante campeón y su Atlas en 1999, es imposible desestimar que —bajo su batuta— el mundo señaló a México como la probable sorpresa de Alemania 2006, del mismo modo que es difícil no asociarlo con los futbolistas que formó y mejoró, y no olvidemos que Pep Guardiola hurgó en la mente de Rafa Márquez para conocer los conceptos de Ricardo.

Minimizar a La Volpe, con respecto a su último resultado, sería una injusticia gigantesca. Es verdad que la vida no es justa, pero no todo se reduce a ganar. A veces, se trasciende sin ganar, y otras no se logra trascender ni ganando. O díganme, sin meterse a internet, quién fue campeón en 1963 o en el Clausura 2003.

Adendum. La situación del Veracruz es crítica y un hombre del tamaño y la trayectoria de Enrique Meza no merece ser señalado por lo que sucede con el cuadro jarocho.