Se encuentra usted aquí

Asako I & II: Soñar y despertar, o el aprendizaje de los sueños

Erika Karata, protagonista de Asako l & ll: soñar o despertar
03/09/2019
18:44
-A +A

No hay elementos de una grandilocuencia evidente en Asako I & II: Soñar y despertar (Netemo sametemo, 2018), del japonés Ryūsuke Hamaguchi. No hay en ella las agudas exploraciones sociales e individuales de Hirokazu Kore-eda, y aunque su comportamiento tiende al minimalismo, no se arriesga tanto como los filmes del coreano Hong Sang-soo, que se fijan sobre todo en amenas conversaciones acompañadas de bibimbap. Sin embargo hay algo en el ritmo de Hamaguchi y en el romanticismo tan peculiar del filme que resulta imposible desligarlo de la estética dominante en Asia Lejana. También es difícil ignorar que esta delicada fantasía de amor y destino es mucho más intensa de lo que parece en la superficie gracias a un cineasta diestro, capaz de interpretar la pasión desde un silencio a veces absoluto.

Probable descendiente de Yasujirō Ozu, Hamaguchi no tiene prisa por contar sus historias ni ánimo para la pirotecnia visual de Akira Kurosawa y sus discípulos. Basta conocer la duración de Happy Hour (Happî awâ, 2015), de más de cinco horas, para suponer que el estilo de Hamaguchi es épico, pero los primeros minutos de Asako nos demuestran su lealtad a lo íntimo. En una exposición de fotografía, la Asako del título (Erika Karata) se encuentra con Baku (Masahiro Higashide), un muchacho de cabello desordenado y sandalias de playa que demuestra en su atuendo su carácter ligero: romántico en el sentido más desastroso. Asako lo sigue en unas escaleras eléctricas y el sonido se convierte en una ausencia entrañable, expresiva del enamoramiento inmediato de la protagonista. Más adelante, Hamaguchi nos mostrará un choque en motocicleta con sólo un travel que mira a los personajes tumbados junto al cadáver de la máquina, mientras que en otra escena el terremoto de Tōhoku es representado a oscuras: sólo el sonido de un teatro sin electricidad nos lo describe. El carácter sutil de Hamaguchi es constante en el sonido y las imágenes, que nos libran de lo tremendo para dirigirnos a lo cotidiano, sin embargo la realidad no parece la aspiración esencial del director.

Hay algo inusual en el sentimentalismo de Asako: a menudo es excesivo, casi como si se tratara de un anime donde abundan las notas agudas de un piano en la banda sonora; algunos personajes son estereotipos que obedecen a un fin específico —como alivio cómico, por ejemplo—, y el destino es fundamental en la trama, que pasa del pacto de amor a un abandono inmediato y luego se dobla. Baku desaparece un día sin decir por qué, y tiempo después Asako se encuentra con Ryôhei (Higashide), un hombre idéntico a su ex novio que ella convertirá en su nuevo amante. Lo que podría ser un artefacto meramente fatídico y hasta fantástico se convierte en una exploración compleja de la nostalgia cuando Ryôhei dice estar agradecido por su apariencia. Si no se pareciera a Baku, dice, tal vez Asako no se habría fijado en él. Sin embargo el remordimiento de Asako no sólo está en haber empezado a salir con Ryôhei por esa razón. Lo que en un comienzo parecía una caricatura se va convirtiendo en una grisácea historia —en tono y en color— donde la nostalgia queda exhibida como el fútil intento de destruir el presente. Asako misma parece notarlo cuando dice hacia el desenlace que creía haber madurado en su sueño de amor con Ryôhei, pero tras un vuelco siente haberse despertado idéntica a la muchacha que fue a dormir.

Además de las rimas en la narrativa que subrayan el tema del doble, Hamaguchi narra como desde la perspectiva de los microbios en un beso: pasamos de seguir a Asako a concentrarnos en Baku, para después del último abrazo regresar a Asako y de ahí a concentrarnos en Ryôhei. Todo sucede con suficiente tiempo en medio como para que pensemos que Asako es una historial verosímil, pero Hamaguchi simplemente está disfrazando su sueño. Es mentira ese lugar común de que la vida diurna es más rara que los sueños, y con Asako Hamaguchi parece decirnos que soñar con la realidad es lo verdaderamente inusual. En esa mezcla encontramos la extrañeza de lo imposible hablándonos francamente de lo probable que es equivocarnos, y quizás ahí, en el reproche nocturno, es donde aprendemos a vivir.


Twitter:@diazdelavega1

 

Alonso Díaz de la Vega
Primer crítico cinematográfico mexicano seleccionado por Berlinale Talents, finalista del Primer Concurso de Crítica Cinematográfica de la Cineteca Nacional. Cofundador de Butaca Ancha. Ha escrito...

Comentarios

 
 

MÁS EN OPINIÓN