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“Me matan si no trabajo, y si trabajo me matan” 

31/05/2020
03:00
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Frase del título, de Nicolás Guillén

Hace más de 300 años, inaugurando el siglo XVIII, el médico italiano B. Ramazzini abrió un sendero analítico al construir la bisagra trabajo-enfermedad. Como precursor de la medicina del trabajo, reconociendo su impronta, estudiosos del trabajo y de la salud, y de su articulación, han hecho aportaciones que no deben ser soslayadas en estos tiempos de pandemia. Dejours planteaba que trabajar puede ser un soporte emocional, sin eludir como señalaba R. Ricchi en su célebre trabajo de La muerte obrera, que “trabajar enferma”, sobre todo por las condiciones en que se realiza la actividad –insistirán J.C. Neffa y C. Rodríguez, entre otros-, lo que implica atender el problema de la salud en condiciones históricas (estos tiempos extraordinarios lo son).

No se trata entonces de un problema de envejecimiento o de condiciones de vida, asociadas éstas a “estilos de vida”, sino a las condiciones de trabajo específicas en que se desenvuelven los trabajadores. Esta es una posición teórica, en la que se plantea la distancia entre el pensamiento médico-social frente al pensamiento biomédico, ubicando “a los procesos biopsíquicos humanos como procesos históricos y no como procesos naturales”, como bien apuntaba A.C. Laurell.

Bajo esta premisa, hay un conjunto de actividades que están en el centro del problema. El caso del personal médico y de enfermería, y en su efecto de contagio en los círculos concéntricos inmediatos, de camilleros e incluso personal administrativo, es lo de mayor relieve. Pese a su gravedad, vamos a dirigir nuestra atención hacia otros sectores sociales.

Señalábamos líneas arriba que las condiciones y medio ambiente en que se realiza la actividad coadyuvan en la presencia de la enfermedad. A partir de este argumento se puede suponer que hay condiciones y medio ambiente de trabajo que favorecen la mayor prevalencia de contagios de coronavirus. Con esto, sin negar la influencia de lo biológico, los responsables de la comunicación diaria sobre la situación de la pandemia en México (el equipo comandado por López-Gatell) plantean día con día las “Comorbilidades asociadas en defunciones acumuladas”, en un orden que se repite siempre: Hipertensión, Diabetes, Obesidad, Tabaquismo, Insuficiencia Renal Crónica, EPOC, Enfermedad Cardiovascular, como los principales, subrayamos nosotros, en el campo de lo biológico (aunque las fronteras con lo social son difusas, si pensamos en que si el hombre es lo que come, un lugar en la determinación de la afección biológica lo tiene el consumo desmedido, en sus distintas modalidades de azúcares, sal, harinas, presentes en infinidad de productos “alimenticios”).

López-Gatell, comentábamos en un artículo anterior, ha hecho alusiones a las condiciones sociales de pobreza y desnutrición, pero no ocupan un lugar en el diseño conceptual de los factores, y por ello no se ve a la pobreza o a la desnutrición en los indicadores e índices, en la estadística oficial que presentan. Todo lo enunciado es el resultado de la provocación del importante y sugerente estudio realizado en Gran Bretaña por la Office for National Statistics (ONS) –es una paradoja que esto ocurra en la tierra de B. Johnson-, instancia que identificó a los principales grupos de riesgo, refiriendo la edad, pre-condición médica, clase, etnia y género. Bajo esta anteojera (Página 12, 17/05/2020) se planteaba que “Los dos primeros forman parte del consenso de epidemiólogos a nivel mundial [edad y precondición médica, como síntesis de Hipertensión, Diabetes, Obesidad, etc.], pero la ONS sorprendió con la medición socioeconómica y étnica. El fuerte impacto de estos dos factores vaticina un futuro problemático para la cuestionada relajación del confinamiento”. Dime en qué trabajas, si sigues trabajando, y en qué condiciones, como parte de una problemática a develar. En un documento que aún es vigente, y de uso cotidiano en las escuelas de administración, se planteaba por Robbins y Judge un trato discriminatorio a los afroamericanos: “por lo general se les juzga peor que a los blancos en las decisiones de empleo…calificaciones más bajas en las entrevistas de trabajo, les pagan menos y se les asciende con menos frecuencia”. No nos apartamos de lo que queremos subrayar.

En la investigación de la ONS, los trabajadores manuales con “baja remuneración, son cuatro veces más pasibles de morir por el covid-19 que los “white collar workers”, trabajadores de oficina y sectores profesionales, correlato de procesos de trabajo que exige contacto entre muchas personas. La muerte en británicos negros y de origen pakistaní es 2,5 veces mayor a la de la población blanca. A trasluz de esta información, la reflexión sobre las Comorbilidades en nuestro país puede mirarse desde este ángulo complejo.

Por ejemplo, en el periódico boliviano La Razón (07/05/2020) se señala que las amas de casas y los comerciantes fueron identificados como los sectores que no cumplen en su totalidad las medidas bioseguridad para evitar contagios de coronavirus. Los mercados y centros de abasto son terrenos fértiles al que concurren trabajadores para intercambiar mercancías, para vender y comprar y, posteriormente, realizar por ejemplo al interior de los hogares parte de procesos de trabajo relacionados con la preparación de alimentos.

Situándonos en otra parte del continente, pero en situaciones similares, se titulaba en una nota que 50% de las víctimas por Covid-19 en la CDMX eran empleados, amas de casa y tianguistas (PublImetro, 19/05/2020).

Haciendo un corte al 18 de mayo, en la información se señalaba que “La mayoría de los empleados y comerciantes en mercados o tianguis eran hombres y las amas de casa, mujeres”.

Podemos concluir como se apunta por el Observatorio Social del Coronavirus, Salud de nuestros pueblos, ALAMES, Número 02, mayo 2020, que aparentemente “el virus afecta a todas las personas por igual, sin distinción de clase, raza, etnia, género, pero las condiciones socioeconómicas que constituyen la escena donde el virus se desata (vivienda, territorio, ingresos, accesos sanitarios y recursos tecnológicos) imprimen sobre la aparente igualdad anterior condiciones de profunda heterogeneidad…La desigualdad es el sendero por donde avanza el coronavirus”. Es decir, me matan si no trabajo…
 

UAM Xochimilco

Alejandro Espinosa Yáñez
Departamento de Producción Económica, Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco