Abre los ojos, baja la espada y optimiza el proceso

“No tiene autonomía, sino que hace lo que ellos le digan.” —Juan G. Corvalán.

Si bien las estatuas de la Iustitia se empezaron a representar con ojos vendados a partir del Siglo XV, son suficientes centurias como para no haberse dado cuenta de la sobrepoblación. Las leyes (con modificaciones y algunas sin ellas) siguen funcionando, pero el volumen de solicitudes ya no son las que eran hace cientos de años. ¿Cómo pueden las cortes y juzgados definir la prioridad y llevar a proceso casos entre las montañas de documentos con revisiones humanas hoy en día?

Muchas veces vemos a la innovación tecnológica con la cabeza enfrascada en empresas que han sabido aprovechar sus avances para crecer, generar ganancias y evolucionar. También tenemos la visión de los nuevos emprendedores, utilizando la tecnología para irrumpir industrias tradicionales, movilidad, logística, finanzas. Pero hay instituciones cuya irrupción se tiene que hacer desde adentro, casualmente se me vienen a la mente la contabilidad y la abogacía.

A mediados o finales de los años ochenta los despachos de contadores no eran cerca de lo que concebimos hoy. No había ejércitos de auditores con laptops bajo el brazo pasando de empresa en empresa, probablemente el primer contador que pensó en eficientar el trabajo que hacían los despachos no fue visto con los mejores ojos. Imagino la escena llegando con los socios y haciendo la “Cuenta T” mostrando el ahorro en tiempo y precisión al adoptar hojas de cálculo. 

Con el volumen de documentos ante los que se afronta una corte, con detalles específicos, con diferencias en casos de un tema pero con contextos individuales ¿qué herramienta podría ayudarlos a eficientar sus procesos? Pues sí, la inteligencia artificial (específicamente el machine learning supervisado). Cabe aclarar que no sería para sancionar o definir, pero si para organizar y mejorar el tráfico de casos por urgencia. 

Esto es justo lo que está adoptando la Corte Constitucional, el máximo tribunal de Colombia. Aunque no son los primeros en el continente en adoptar algo así, Estados Unidos y Argentina cuentan con diferentes sistemas informáticos en sus estrados judiciales, son quienes han anunciado recientemente la adopción de tecnología de inteligencia artificial para procesar sentencias digitalizadas. 

Se trata de un sistema llamado Pretoria (Pretor era un auxiliar en la justicia romana) que puede analizar y clasificar en segundos los expedientes que a una persona le tomarían días o semanas. Además al procesar la información puede identificar características y criterios clave para cada proceso, lo que facilita la tarea de designación al juez. Esta escalabilidad y eficiencia es una maravillosa noticia si imaginamos el agotamiento, sin mencionar el #ruidoblanco en la cabeza al final del día, de alguien que pudiera revisar 30 expedientes diarios. Además, al levantarse para ir a tomar un merecido descanso se entera que solo ese día llegaron cerca de dos mil casos. 

Pretoria es pariente de Prometea, que se utiliza en Argentina para resolver pleitos judiciales. Ambas fueron justamente ideadas por el Laboratorio de Innovación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Buenos Aires (UBA).  En el caso de Colombia también se involucró a una institución académica del país cafetero, la Universidad del Rosario y organismos privados. Los desarrolladores indican que según sus cálculos, la plataforma tiene una tasa de acierto del 90% y no dudo que con el tiempo se vaya afinando y perfeccionando. 

La dama de la justicia no vió venir el mar de casos que nacen con la sobrepoblación, con la aceleración económica y un mundo más interconectado. No tiene que bajar la balanza y la espada porque como las computadoras, como ella, no se cansan por las jornadas, pero la gran diferencia es que ellas nunca deberían de ser las que den carpetazo final a un caso. Podrán decir que jurisprudencias o qué similitudes hay con otros casos, presentarlos, pero siempre tendrán será la señora o el señor Juez quien deberá tener la palabra final. 

Me alegra ver que se hay aires de adopción y transformación digital en lo que para muchos son Instituciones lentas, tediosas pero esenciales para nuestra vida en sociedad.  El campo de la innovación todavía tiene mucho terreno para crecer, hay campos verdes. Incluyendo el de los auditores que tendrán que revisar que esos sistemas sigan haciendo lo que se les pidió y sigan corroborando que la educación que se le dió a la máquina ha mejorado su tasa de acierto o poder ver por qué ha bajado o si ha sido amañada por algún hack, ya que no faltará el curioso o peor, el maloso, que lo intente.  

Al final, somos humanos enseñando a las máquinas ciegas a hacer cosas que vemos, que sabemos con los prejuicios que tenemos, los sesgos inconscientes que traemos y el vacío de desconocimiento que ni siquiera cargamos.

white-noise

Nota: La opinión de Ricardo Blanco es personal y no refleja la del medio ni la de la empresa para la que trabaja. 

ricardo [at] mrwhite.world

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