Me ligué a mi vecina en una fiesta swinger

A nuestra llegada había solamente una pareja y los organizadores de tan eróticos eventos
OTRAS
23/07/2016
11:11
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Emprendimiento, amor, trámites útiles. Historias sencillas para situaciones difíciles
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No supe en que momento, pero de pronto me vi en medio de la pista bailando con ella mientras nos besábamos en repetidas ocasiones; nuestros maridos nos observaban y se observaban con extrañeza.

Todo había iniciado como parte de uno de mis trabajos de investigación. Fue nuestra primera visita a un lugar así de los más de 15 que existen en la Ciudad de México, y siendo que los bares comunes manejan altos costos y visitantes de toda edad, opté por un lugar donde pudiera evitar los cuarentones libidinosos y fue como encontré las fiestas de Swingers Jóvenes México (SJM).

A nuestra llegada había solamente una pareja y los organizadores de tan eróticos eventos, estábamos asustados no sólo por lo improvisado del lugar sino por la reacción que podrían tener si descubrían que mi celular estaba grabando el audio de cada conversación.

El acoso de dos parejas que llegaron después intensificó nuestros nervios y es que en estos lugares la comunicación visual es la más importante; es la que te indica quien quiere contigo o quién no. Por supuesto, las miradas insinuantes no son problema para ellos siempre y cuando se respete la regla de honor: “No, es no”. La situación empeoró cuando estando el lugar lleno entró una pareja más; ella decidió sentarse dos sillas después de mi esposo y él se quedó de pie en la puerta. Mi esposo me miró desconcertado y en sus mejillas se coloreo un tono ruborizado:

Oye, conozco a ese chavo…

¿Cual?

El que está parado en la puerta viene con la chava de acá lado que trae una gabardina negra

¿De dónde lo conoces? –pensé que podía ser algún antiguo compañero de escuela o de trabajo.

Es nuestro vecino

Nos miramos totalmente sonrojados y me detalló que vive en la misma calle, apenas cinco casas arriba de la nuestra y que nuestros hijos compartían la misma guardería. Bueno, no nos podía decir nada o juzgar de alguna manera pues los cuatro estábamos en el mismo lugar, aunque ellos pensarían que con el mismo fin.

Mis vecinos optaron por estas prácticas donde los involucrados comentan tener un matrimonio o relación estable, sin tabús ni una doble moral pues, según Zoraida Méndez psicóloga sexual de la UNAM afirma que su base es la confianza y el autoconocimiento, ya que cada pareja sabe que sentimentalmente están con la persona correcta y no la arriesgan en este tipo de prácticas porque sólo se vuelve parte de la recreación sexual que ambos experimentan.

Nos filtramos como novatos todo el tiempo, fuimos parte de las atrevidas dinámicas de rechazar y hacer propuesta a alguna pareja, aceptamos y dimos bombones boca a boca, las chicas bailamos sensualmente para ellos y por supuesto mi pareja y yo nos deleitamos visualmente de quienes robaron nuestra mirada y alteraron nuestros sentidos; pensamos en la posibilidad de tener una experiencia sexual diferente y unirnos a las más de 5,000 parejas activas que existen en la Ciudad de México, cifra estimada por el organizador del lugar quien ha visitado todos los lugares destinados a ellos en la capital y zona metropolitana.

Ya eran varias horas de diversión, parejas entraban y salían de las habitaciones y cuartos oscuros. Yo, seguía bailando en la pista con el resto de chicas quienes no titubeaban en embarrarme sus esculturales cuerpos y pasear mis manos debajo de su ropa, comprobé que el papel de la mujer es el más importante pues suele ser ella quien da el primer paso para concretar el intercambio. Mismo método que supongo mi simpática vecina intentó usar cuando me tuvo frente a ella y me sonreía coquetamente mientras bailamos (aunque parecía más interesada en mí que en mi pareja), saqué por un momento mi lado bisexual, ese que el 70% de las mujeres swingers poseen.

¿Sabrá que somos vecinas? En tres años yo nunca la había visto en la misma calle y a juzgar por sus atrevidos besos pensé que ella tampoco. Cuando percibí que el coqueteo subía de tono y definitivamente no me veía con ella o con su esposo en la intimidad decidí salir de la pista.

Después de cinco horas de diversión y análisis visual, todas las parejas nos daban le mejor lección del concepto de fidelidad que existe en la sociedad, una sociedad con matrimonios tradicionales con fecha de caducidad y donde el 70% de mujeres infectadas de VIH fue a causa de sus parejas formales según los últimos datos del CENSIDA en 2014.

Casi al final de la fiesta nos volvimos a encontrar, ahora sin una pista de baile ni reggaetón. Era momento de reconocernos los cuatro y ella era la única que desconocía lo embarazoso de la situación. De cualquier modo, ir a la tienda de la esquina o ir a dejar a mi hijo a la escuela no es la misma experiencia.

 

 

Por Jael Mejía

 

Ilustrador Elihu Shark-O Galaviz

@elihumuro
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