22 | JUL | 2019

Entérate. Cuatro historias de acoso en dependencias

08/01/2018
03:36
Redacción
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“Me dejaban pornografía en mis cajones”

Después de dejar su bolsa negra, prender su computadora, y sentarse, una trabajadora de la Dirección General de Integración, Análisis e Investigación del Inegi se sorprendió de abrir su cajón derecho y encontrar que alguien había puesto revistas pornográficas. No era la primera vez que una acción de acoso le ocurría. Se armó de valor y denunció que tres compañeros de trabajo la hostigaban y acosaban, incluso, uno de ellos la había tocado sin su consentimiento. La trabajadora pensó que haber alzado la voz y denunciar los hechos se daría un castigo ejemplar a sus compañeros que la acosaban. Se equivocó. El resultado de la queja derivó en la absolución de dos trabajadores y se condenó a otro a una suspensión de tan sólo cinco días.

“Me miraba entre la blusa y se acercaba”

La joven trabajadora de la sede de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) en la Ciudad de México se sentía intimidada cada vez que su compañero de trabajo se paraba detrás de ella, sin motivo alguno. “Le miraba entre la blusa o bien, se acercaba a ella”, dice la denuncia que ella interpuso para terminar con estas acciones de acoso sexual. El 28 de junio de 2012 se presentó la queja. El expediente comienza a guardar polvo en un archivero gris, debido a que la denuncia fue puesta ahí “por falta de elementos”. Ella tiene que seguir soportando, día a día, las miradas de acoso y acercamientos de su compañero de trabajo debido a que, según la dependencia, “la persona denunciada permaneció en su lugar de trabajo”.

“Sentí cómo él se hundía en mí”

Una joven estudiante de la Universidad Autónoma de Aguascalientes pensó que hacer una estancia en el Colegio de Postgraduados campus San Luis Potosí sería una de las experiencias más agradables en su formación académica; sin embargo, una práctica al manantial Media Luna cambió su opinión. Cuando su profesor les pidió que se sumergieran al lago para obtener muestras de plantas acuáticas. “Sentí cómo él me hundía por la espalda y comenzaba a sacarme a flote tocándome mi pecho", declaró la alumna. La denuncia de la estudiante fue interpuesta el 10 de noviembre de 2015 por el director de ese campus y presentada ante el Jurídico del Colegio sin que a la fecha, más de dos años después, se tenga información. 

Su esposo se convirtió en su hostigador

 Ella lo había conocido en la Dirección General del Servicio Público de Información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. El contacto diario hizo que primero fueran amigos, después novios y, unos meses más tarde, contrajeron matrimonio. Años después, ella decidió separarse de su esposo, aunque todavía seguiría siendo su compañero de área en el Inegi. Sin embargo, él no aceptaba eso, por lo que la acosaba, hostigaba, gritaba e insultaba en las instalaciones federales. Las vejaciones hicieron que la trabajadora se decidiera a interponer una denuncia. Pero esto no sirvió de nada, puesto que las autoridades competentes decidieron archivar su denuncia. El argumento que presentaron fue: “por falta de elementos”. 

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