Se encuentra usted aquí

Nelson Mandela. El triunfo del preso

Su salida, luego de 27 años encarcelado, ayudó a convertir el traumático fin del apartheid en un proceso pacífico que culminó en su elección como el primer hombre negro en presidir su país
Nelson Mandela. El triunfo del preso
ARCHIVO REUTERS
15/07/2018
02:08
Jerónimo Andreu / Corresponsal
-A +A

Nelson Rolihlahla Mandela (1918-2013) es el gran protagonista de la Sudáfrica poscolonial, pero durante 27 largos años fue simplemente el preso número 466/64. Su salida de la cárcel, en 1990, ayudó a convertir el traumático fin del apartheid en un proceso pacífico que culminó en su elección como el primer hombre negro en presidir su país.

Educado para ser un humilde dirigente tribal, desde el bachillerato se rebeló contra el sistema de segregación racial que dejaba el dinero y el poder en manos de la minoría blanca. Estudió Derecho, se unió al Congreso Nacional Africano (CNA) para defender los derechos de los negros y se radicalizó en 1948, cuando el supremacista Partido Nacional de Sudáfrica (PN) dividió legalmente el país entre blancos, mestizos, indios y negros, en orden descendente de derechos.

Mandela recorrió Sudáfrica promoviendo la desobediencia civil, incluidas las acciones violentas. Su implicación con el brazo armado del CNA (al que se le atribuyen 30 muertes) lo llevó a ser condenado a cadena perpetua por terrorismo.

Su encierro, a partir de 1963, fue de una terrible dureza, primero en la isla Robben y después en las prisiones de Pollsmoor y de Víctor Verster. Ni siquiera se le permitió asistir a los sepelios de su madre y su hijo mayor, fallecido en un accidente de tráfico.

Mientras, la Guerra Fría llegaba a su fin. Estados Unidos y Reino Unido retiraron su apoyo al régimen de Sudáfrica, bastión de los valores anglosajones en un continente en el que los procesos de independencia habían tomado con frecuencia la forma de revoluciones marxistas.

Las sanciones económicas comenzaron a asfixiar al país y una gran campaña impulsó la liberación de Mandela.

Ésta llegó en 1990, cuando él tenía 71 años. Apoyándose en su carisma y su capacidad para forjar consensos, tomó las riendas de la transición para que el 17 de junio de 1991 las tres cámaras del Parlamento sudafricano (blanca, mestiza e india) derogasen la última ley del apartheid.

Las negociaciones con el presidente Frederik de Klerk culminaron en la convocatoria de las elecciones de 1994, que Mandela ganó gracias a su popularidad nacional (era conocido como Madiba, abuelo venerable) e internacional (premio Nobel de la Paz en 1993). Para la historia quedarán las imágenes de su toma de posesión, rodeado por los mismos generales blancos que habían dirigido la represión contra los negros.

En el poder, invitó a otros partidos a unirse a su gabinete, promulgó una Constitución y creó una comisión para la reconciliación que investigó las violaciones de derechos humanos.

Cumplió su promesa de dejar el gobierno a los cinco años. Desde entonces trabajó de mediador en los conflictos de Angola, Burundi y República Democrática del Congo. Al frente de una fundación con su nombre, trabajó para erradicar la pobreza en África y combatir el sida.

A los 85 años se retiró de la actividad pública con una cita que resume su célebre buen humor: “No me llamen, los llamaré yo”. Nueve años después falleció de una infección respiratoria en su hogar de Johannesburgo. Su funeral fue un acontecimiento internacional.

Mandela fue una persona tan cortés como reservada, con un carácter austero, en consonancia con la vida de disciplina y privaciones que llevó en la cárcel. Su vida sentimental no fue sencilla. Se casó tres veces y tuvo seis hijos. Su esposa más conocida fue la segunda, Winnie Mandela (fallecida el pasado abril), un personaje lleno de claroscuros y condenada por participar en palizas y asesinatos a adolescente supuestamente traidores al CNA.

Mandela es un caso extraordinario. Muchos mitos políticos del siglo XX, como Gandhi, el Che o Martin Luther King, murieron de forma prematura. La imagen de los que sobrevivieron (Fidel Castro, Yasser Arafat) sufrió el desgaste del poder. Mandela sobrevivió a su propio mito y cumplió las enormes expectativas depositadas en él.

Mantente al día con el boletín de El Universal

 

COMENTARIOS