19 | FEB | 2019
La infancia no debe verse como un negocio, dicen los creadores. (FOTOS: JORGE ALVARADO. EL UNIVERSAL)

Fomentan educación en niños con títeres “reciclados”

11/02/2018
01:07
Claudia González
Toluca, Méx.
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Gustavo y su esposa son egresados de arte dramático de la UAEM; buscan dejar un mensaje positivo y de cuidado del ambiente

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Para abonar en la creación de una infancia con valores y recuperar el tejido social, además de apostar por el cuidado del medio ambiente, el grupo de titiriteros Argot de Toluca crea historias, personajes y una alternativa de diversión “reusando” materiales de desecho, con los que dan vida a insectos, animales, indígenas, rancheros, caballeros, que conviven en el mundo que anhelan los adultos dejar a la niñez.

Gustavo Arias Tapia y su esposa, ambos egresados de la Facultad de Humanidades de la Licenciatura de Arte Dramático de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), aprendieron todo sobre este arte —que no es considerado dentro del plan de estudios— pero que permite acercarse a los niños de una forma sencilla, para depositar en ellos conocimientos e información que “les será útil en la vida”.

Hace 28 años, estos titiriteros iniciaron en esta arista del teatro; con pelotas de unicel, botes de leche, latas de aluminio y hasta PVC o esponjas, crearon personajes de ficción que traen consigo enseñanzas profundas para animar a los niños a dar un vuelco en su forma de vida y convivencia con su entorno.

“Al principio éramos cuatro o cinco los que integrábamos el grupo, después quedamos nosotros dos y una enorme familia llena de mojigangas, guantes, marionetas, por decir sólo algunos de los tipos de títeres”, platicó Gustavo.

Sentado sobre una silla dando la espalda al teatro donde se desarrollan los cuentos, sostiene por momentos a uno de los personajes como si fueran parte de la conversación, “ellos son los que permiten llevar a los alumnos en las escuelas y a sus padres o maestros historias que aportan alguna enseñanza, la idea es que valoren de forma distinta a la habitual a su familia, los vecinos, la amistad y el planeta”.

Su trabajo se trata también de la impartición de talleres de creación de títeres, que insertan en una comunidad, y el objetivo es hacerlos funcionar, acercarlos a la gente para hacerles ver que aparte de ser divertidos, los títeres ayudan a los niños a formarse, desarrollar su creatividad, fomentar la iniciativa, aprender a culminar proyectos, entre otras cosas.

Mediante la elaboración de títeres con material que otros consideran de reciclaje, pero ellos lo califican como reutilizable, enseñan a los niños ejercicios de coordinación, sobre la disciplina y otros hábitos que forman y que les serán útiles en el futuro.

“A veces el adulto pierde de vista que el niño comienza a ver el mundo desde lo que aprende a hacer, por eso nosotros nos preocupamos por la formación del menor. La idea es que todo el material que requerimos lo podemos rescatar de caer en la basura y de convertirse en un agente contaminante para el planeta”, señaló Gustavo.

Explicó que ellos no le llaman reciclar, sino reusar los materiales, porque no le cambian la forma original al producto, sino que le dan utilidad. Por ejemplo un bote, que se transformó en un personaje.

En este mundo, donde Octavio que es un bocón, como se llama a esta clase de títeres, o donde habitan Morris y Yoko, la idea no es ver a la infancia como un cliente que paga, sino como un público que absorbe las palabras que escucha para después mejorar su entorno y como personas.

“Hay quienes manejan todo con un guante, otros que hacen una dupla perfecta en el tórax del muñeco y las piernas del humano.

“La idea de este concepto es llevar a los menores a un plano donde con diferentes tamaños cada participante de las historias o cuentos lleve un mensaje positivo al receptor del mensaje”, dice. Esta agrupación imparte cursos diversos sobre elaboración de títeres, que van desde el guiñol, el de guante, el bocón, el de varilla, marote, las marioneta de hilos, las mojigangas de gran formato, el de sombras, el javanés y el japonés o el de mesa.

Esta pareja no tuvo instrucción en la escuela ni ha cursado por una especialización, el proyecto es insertar en la comunidad la convivencia que desde hace tiempo no logran en las ciudades como Toluca, en el Estado de México.

“El títere no es algo que hayan tomado en cuenta los egresados de la licenciatura en Humanidades, pero existen nuevas posibilidades de llevar mensajes agradables para la niñez y crear un mundo menos expuesto a cosas negativas como la envidia, la corrupción o la indiferencia, esta última fomentada por el individualismo que generan los gadgets como el iPad o el celular”, narró Gustavo.

Su escuela ha recorrido ya varios puntos de la capital mexiquense, actualmente montaron un espectáculo en el Teatro para universitario de la Cámara Esvón Gamaliel de Toluca.

El matrimonio espera poder captar la atención del público local para después seguir recorriendo otras comunidades por todo el Valle de Toluca.

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