Manolita
Historias de sabor

Se encuentra usted aquí

La boca se le hizo agua al recordar el sabor

09/10/2018
12:53
-A +A

Un buen día Felipe decidió regresar al pueblo, venia con los hombros caídos, su mismo sombrero, el mismo andar, con la camisa fajada a cuadros y el pantalón recién lavado, como si no lo hubiera usado para trabajar; cambio los guaraches por botas y su andar parecía diferente. Entró al pueblo y se detuvo unos minutos para observar el paisaje, habían pasado los años y aquello seguía igual.

Algunas tejas rojas de las casas se habían movido un poco de lugar, pero continuaban coloreando de rojo los techos dando uniformidad al caserío. Aquella imagen era la misma que guardaba en la memoria Felipe, chimeneas con humo blanco, la neblina baja y el rocío de la mañana le daban al pueblo un aire melancólico.
dscn8837.jpg
Desde aquella posición pudo observar a algunas mujeres que salían de sus casas con canastas y botes para comprar leche y pan. Don Jacinto ya tendría a esa hora los botes llenos de leche recién ordeñada, seguro estaba espumosa y tibia como siempre, pensó el recién llegado, la boca se le hizo agua solo al recordar aquel sabor.

Era un chamaco inquieto, recordó y sonrió, en aquel tiempo salía de casa de su madre corriendo, el empedrado del pueblo prácticamente a diario amanecía mojado, hacia equilibrios para no resbalar, tenía que ser el primero en llegar al establo.
fachada.jpg
En su cabeza se proyectaba cada uno de los momentos de su niñez y de su juventud; había sido feliz largo tiempo, hasta que su inseparable amigo lo convenció de conocer mundo, tras muchos días de platicas sobre las maravillas que podrían encontrar afuera del pueblo, Felipe se decidió a marcharse con Margarito e ir a conocer mundo, su madre derramó algunas lagrimas pero lo dejo ir con la condición de que le escribiera de cuando en cuando y le contara sobre aquel mundo maravilloso.

Era hora de regresar... Habían pasado algunos años de ausencia y tenía deseos de tomar aquella leche recién salida de la ubre de las vacas de Don Jacinto, echarles un trozo de chocolate acompañado del pan que su padre hacia para las fiestas del pueblo.
b61_6540.jpg
Finalmente, Felipe se echo a andar, las botas no eran la mejor opción para transitar por aquellas hermosas calles empedradas y húmedas, sin más resbaló y como si fuera solo un niño soltó la carcajada por su torpeza, el morral que llevaba entre la espalda y el brazo rodo cuesta abajo y sólo se detuvo cuando encontró una piedra que le impidió el paso, Mas adelante y aún en el suelo alcanzó a distinguir a su madre, con el andar pausado y envuelta en el reboso para que la humedad y el frio no le calaran los huesos.

Aquella escena la había imaginado una y otra vez, se froto los ojos para confirmar que aquel pueblo era el mismo que había dejado atrás y en el que sus padres eran importantes por que hacían el pan que todo consumían y que ofrecían en la fiesta grande del pueblo.
ex_convento_de_la_natividad_tepoztlan_3.jpg
Como pudo se levantó y dando traspiés llegó al morral, lo levantó y continúo su carrera, madre, madre, grito de tras de la mujer del reboso, yo iré por la leche; la mujer volvió la cabeza y clavo la mirada en el hombre, tan solo paso su áspera mano por la mejilla tostada  de Felipe, puso el bote en su mano y como si el tiempo no existiera le dio la bendición, solo alcanzó a decir no tardes te espero como siempre junto al fogón, hay gordas de piloncillo, como me las pides siempre.

img_3995.jpg
Apasionada de México y su cultura, estudió Sociología en la UNAM, se ha dedicado por más de 15 años a difundir y promover los atractivos turísticos, culturales e históricos de nuestro país a través...
 

COMENTARIOS