Colores, alegría y una extraordinaria tradición

OTRAS
18/09/2018
12:36
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Apasionada de México y su cultura, estudió Sociología en la UNAM, se ha dedicado por más de 15 años a difundir y promover los atractivos turísticos, culturales e históricos de nuestro país a través...
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El pasado domingo tuve la portunidad de ir al Palacio de las Bellas Artes a la función de gala de Ballet Folklórico de Amalia Hernández, sencillamente espectacular.

Acompañado por la Orquesta Escuela Carlos Chávez, el espectáculo sorprende a todo el público que pasa de la sorpresa al llanto, la alegría, la risa, los aplausos y a los gritos de emoción por cada uno de los bailes que se presenta.

El espectáculo es un homenaje a México y sus tradiciones, al amor, al orgullo y al color, se viaja pór todo el país a través del baile y la música que nos identifica. El estado de guerrero representado con los sones de Tixtla es elegante y deslumbrante por su colorida en amarillos que llenan el escenario y recuerda los hermosos rayos de los caminos del sur.

La noche de los Mayas de Silvestre Revueltas arranca aplausos desde el inicio, La Adelita es otra de las piezas que se interpretan en una estampa revolucionaria y que hace que el ánimo crezca en la presentación, con silbidos y ruidos de matracas que el propio publico de manera espontánea reproduce.

Los Mayas es otro de los homenajes a una de las civilizaciones más importantes del mundo basada en el Popol Vuh y el Chilam Balam, con la danza de la seducción y la danza de los murciélagos.

Una sorpresa en esta puesta en escena fue la interpretación coral de la famosa canción Veracruz, de Agustín Lara, que con elegancia fue interpretada desde los balcones por jóvenes vestidos elegantemente de jarochos.

En seguida, en un punto muy alto del ánimo de los espectadores, con un extraordinario manejo de los tiempos emocionales, la fiesta de Tlacotalpan y el zapateo incansable de los bailarines dejan atónitos a los presentes que aplauden y bailan en sus butacas motivados por la gran fiesta.

La fiesta concluye y el telón rojo cae, la Orquesta sorprende al público con los primeros acordes de vals Dios Nunca Muere, del famoso compositor oaxaqueño Macedonio Alcalá.

Un espontáneo grita desde el segundo piso Viva Oaxaca y la gente responde el viva como propio y se desatan los aplausos.

La danza de la pluma es el homenaje a Oaxaca y a su famosa Guelaguetza, es la bienvenida del pueblo mixteco y zapoteca a la festividad y el recordatorio de la conquista a manos de los españoles, de penacho blanco uno de los interpretes me recodó el relato que se hace en Oaxaca sobre esta danza, Moctezuma recibe al conquistador dicen los bialarines de Cuilapan Guerrero.

El viaje continuó hasta el estado de Sonora y la legendaria Danza del Venado, homenaje que se hace al pueblo Yaqui que se distingue por ser un pueblo cazador. Hay que decir que esta representación ha trascendido al mundo y que es reconocida como un ejemplo de la magia imitativa.

Después de múltiples aplausos, a lo lejos se escuchan los sones huastecos con una estampa romántica llena de color y emociones.

Se hace de nuevo el silencio para dar inicio a las suertes charras acompañadas de mariachis, bailes y canciones de Jalisco, que parte del público corea y plamea al ritmo de la música.

El final es espectacular con el jarabe tapatío que se interpreta en dos ocasiones pues la gente se pone de pie eufórica.

Los aplausos no cesan, una breve explicación del espectáculo y agradecimientos dan paso al Huapango de Moncayo, que rinde un homenaje a la historia del ballet con vestuarios de otras épocas, entonces los espectadores contemplan sorprendidos el color de este país, la belleza de la representación y el rito con danzas de Yucatán , de Oaxaca, de Papantla, Veracruz; de Tamaulipas, de Chiapas, de Tlaxcala, Puebla, Jalisco, San Luis Potosí, Sonora y Chihuahua.

Pareciera que todo terminó con el último acorde de Moncayo, pero la orquesta continúa interpretando música que nos identifica, es el turno del Danzón Nereidas, los bailarines salen de las puertas laterales y bailan en los pasillos del primer piso, a mi lado nuestra anfitriona Marisú lanza aplausos y grita: guapos, guapos. Los bailarines invitan al público a bailar, desde luego la entusiasta anfitriona es seleccionada por uno de los guapos, a mi lado Gilberto a quien también invita una de las bailarinas y que sin más es ampujado por la euforia y tímidamente toma la mano de su compañera de baile.

Estamos todos sorprendidos, incluso el que nunca baila lo hizo con garbo y alegría.

Gracias querida Mari por esta inolvidable velada, ahora todos sabemos que en México todos bailan, sino pregúntenle al señor Solís.

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