Octavo día
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Zozobra

Foto: José María Velasco, Pensamientos.
15/09/2017
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Aunque fueron publicadas hasta 1919, varias de las zozobras de Ramón López Velarde se escribieron hace cien años. También hace cien años Rafael López le escribió en una dedicatoria:

“Imagino tu sensualidad de católico / en la misa del Arte. Sutilmente diabólico / distraes a los fieles con tu ambigua actitud”. Sólo por cerrar la rima, completo la estrofa: “Diácono que con manos perfumadas de sándalo, / en tu cáliz elevas hostias rojas, escándalo / de Sancho, que comulga lívido de inquietud”.

La piedad y la travesura surgen en el jerezano con igual franqueza. Su tensión de provinciano fascinado y a la vez asfixiado por la gran ciudad aparece también cuando retrata, entrañable, la amable figura femenina que ha conocido el destierro. “Ya la provincia toda / reconcentra a sus sanas hijas en las caducas / avenidas, y Rut y Rebeca proclaman / la novedad campestre de sus nucas. / Las pobres desterradas / de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, / aroman la Metrópoli como granos de anís”. En su propia nostalgia, él se les ofrecía como guarida: “Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, / como si a mí viniese / la lúcida familia de las hadas, / porque oléis al opíparo destino / y al exaltado fuero / de los calabazates que sazona / el resol del Adviento, en la cornisa / recoleta y poltrona”.

Le duele, claramente, el dolor hermano de rostros anónimos que, sin embargo, pareciera reconocer con dulzura y reconocerse en ellos como hijo y como amante. Por eso aún en el más íntimo y enigmático de sus propios sufrimientos se adivina la solidaridad humana y el fervor patrio. “Mi corazón leal, se amerita en la sombra. / Yo lo sacara al día, como lengua de fuego / que se saca de un ínfimo purgatorio a la luz; / y al oírlo batir su cárcel, yo me anego / y me hundo en la ternura remordida de un padre / que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego. // Mi corazón leal, se amerita en la sombra. / Placer, amor, dolor… todo es ultraje / y estimula su cruel carrera logarítimica, / sus ávidas mareas y su eterno oleaje. // Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. / Es la mitra y la válvula… Yo me lo arrancaría / para llevarlo en triunfo a conocer el día, / la estola de violetas en los hombros del alba, / el cíngulo morado de los atardeceres, / los astros, y el perímetro jovial de las mujeres”.

Y justo aquí el intercambio de dedicatorias con Rafael López se entiende: “Mi corazón, leal, se amerita en la sombra. / Desde una cumbre enhiesta yo lo he de lanzar / como sangriento disco a la hoguera solar. / Así extirparé el cáncer de mi fatiga dura, / seré impasible por el este y el oeste, / asistiré con una sonrisa depravada / a las ineptitudes de la inepta cultura, / y habrá en mi corazón la llama que le preste / el incendio sinfónico de la esfera celeste”.

Pero ¿dónde está ahí la patria?, me preguntará, con razón, quien procure deshilvanar el enigma. En el corazón de tantos hijos suyos que buscan aprender a amar. Mirando la inocencia amenazada de sus hijas desterradas y la pérfida fetidez de las ciudades con su cultura inepta, siguen dispuestos a lanzar el corazón, porque quieren amar, pero no saben cómo.

También la tierra zozobra, y un flujo incontenible de solidaridad se desborda sobre ella. Orgulloso de ti, México, a pesar de tus inconsistencias, sigues siendo un altar de corazones ofrecido en oblación.

(“Zozobra” se encuentra en las Obras de Ramón López Velarde compiladas por don José Luis Martínez, México 1990, 175-233).

Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico de la Arquidiócesis de México.

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