“Mi papá merece ser recordado”

Parte Cinco:
Un sistema fallido

Retrato de Priscila Pacheco Romero hija del periodista Francisco Pacheco Beltrán (Foto:Hans-Maximo Musielik)




Priscilla Pacheco Romero lleva un meticuloso registro de todos los eventos que ha vivido desde la muerte de su papá, el periodista Francisco Pacheco Beltrán, asesinado el 25 de abril de 2016.

Para lo que no cabe en su memoria, creó respaldos físicos: ha construido una cronología con cada reunión, cada llamada, cada correo y cada mensaje intercambiado con las autoridades en una libreta de pasta de colores; en una caja vieja de cereal guarda los recibos de gastos de traslado y alimentación con la esperanza de tramitar un reembolso; hasta ha acuñado una colección de tarjetas de presentación que le regalaron distintos funcionarios públicos a lo largo de los años junto con sus promesas incumplidas de brindarle atención.

A sus 29 años, Priscilla trabaja en el área jurídica de una universidad. El resto de su tiempo lo dedica al estudio meticuloso de los cuatro tomos de la carpeta de investigación del caso de su padre, asesinado en la puerta de su casa en Taxco, Guerrero cuando ella tenía 24, y a presionar a las autoridades. Las enormes pilas de papel viven almacenadas en el clóset del cuarto de la joven abogada junto a los peluches que adornan su pared.

Priscilla PachecoPriscila Pacheco (29) coloca cuidadosamente los tomos del caso de su padre sobre su cama. El expediente completo lo guarda en su armario, entre su ropa y varios libros de derecho de la facultad. Su dormitorio, además de ser espacio personal, funge en ocasiones como oficina privada. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

Desde el año 2000 y hasta octubre de 2021, en México han asesinado a 145 periodistas, según datos de Artículo 19 y desde 2003 han desaparecido a 25, según el registro de Reporteros Sin Fronteras. La gran mayoría eran reporteros locales. De todos los casos, algunos autores materiales han sido investigados, juzgados y sentenciados. El caso de Pacheco Beltrán no es uno de ellos. En este caso no hay autores materiales identificados, ni autores intelectuales, ni pistas.

Cinco años después del homicidio, la investigación sigue abierta y la fiscalía no tiene resultados respecto a quién ideó o perpetró el crimen —a pesar de que la familia sospecha de un funcionario público cuyo nombre se menciona y se replica en redes sociales y ha aparecido en narcomantas colgadas por Taxco. La Feadle no respondió a la solicitud de comentario.

Las víctimas indirectas, incluyendo a las familias de estos 145 periodistas asesinados y 25 desaparecidos, rara vez ven garantizados sus derechos —como el acceso a una investigación expedita y conocer la verdad de lo ocurrido. Esta investigación encontró que ninguna de esas 170 familias ha recibido reparación integral del daño.

Pacheco Beltrán era una persona de carácter duro. “Él decía que para este trabajo había que tener un estómago fuerte”, recordaron Priscilla y Verónica Romero Zamora, su viuda, en entrevista —especialmente para cubrir obra pública, que era lo que a él más le gustaba.

Hace 23 años, Francisco, su esposa Verónica y sus tres hijos, Alí, Priscilla y Paloma, unieron esfuerzos para empezar a publicar un pequeño periódico independiente que vendían a 5 pesos y que con el paso del tiempo se convertiría en El Foro de Taxco. Empezaron imprimiéndolo en una máquina de punto y poco a poco escalaron la operación llevando los archivos del diario en disquetes y CDs a una imprenta. Pacheco Beltrán llevó la versión auditiva a la radio bajo el nombre de Taxco Internacional, creó la página de internet y publicaba vídeos en YouTube.

Entre todos repartían el periódico caminando por Taxco: empezaban por la presidencia municipal, donde dejaban 10 ejemplares, después dejaban otros más en los negocios sobre el camino al mercado y ahí se lo entregaban a la gente que ya lo estaba esperando. Priscilla empezó a repartir periódicos con su papá a los 6 años, y con orgullo dice que fue su primer trabajo. Francisco también llevaba el diario a los suscriptores en las comunidades fuera de Taxco manejando su bocho blanco.

Ese mismo bocho blanco fue el que usaron Verónica y Priscilla para huir de Taxco mucho después, cuando recibieron su primera amenaza de muerte.





Priscilla estudió la carrera de derecho y, después de titularse, pasó casi todo 2015 trabajando con su papá en Taxco. “Lo ayudaba en contabilidad, a repartir el periódico, puse una tienda de abarrotes y mi papá la atendía porque era la oficina (del periódico)”, recordó en entrevista. A inicios de semana, Priscilla acompañaba a su papá a repartir El Foro de Taxco a Chilpancingo y después “pasábamos a Iguala a mandar el periódico a Chicago” donde lo leía la comunidad migrante. Lo entregaban a un amigo de la familia que conducía un camión de pasajeros de Guerrero a Illinois, Estados Unidos, una vez a la semana.

Finalmente, en octubre de ese año, la aventura de administrar la tiendita y ayudar con El Foro de Taxco terminó cuando Priscilla entró a su nuevo empleo dentro del Departamento de Contratos y Convenios en la Oficina de la Abogada General de una universidad fuera del estado. Llevaba seis meses trabajando ahí cuando, el 25 de abril de 2016, Francisco la llevó a la estación de camiones a las 6:00 de la mañana para tomar el autobús que la llevaría hasta su trabajo.

Mientras estaba en el trayecto, con el celular en silencio dentro de su bolsa, mataron a su papá. En cuanto Priscilla se enteró, “de las primeras personas que llamé fue a quien era mi jefa”, recordó, “le dije que necesitaba hablar con ella, que habían matado a mi papá. Ellos ya lo sabían, ya era noticia”.

PriscillaVerónica Romero Zamora, sostiene una bolsa de plástico con la ropa ensangrentada que vestía su marido Francisco el día que lo asesinaron. La bolsa, intacta, sigue teniendo los sellos que el Ministerio Público le puso cuando la clasificó como evidencia, antes de devolvérsela a la familia. (Foto:Hans-Maximo Musielik) PriscillaBolsa de evidencia con la ropa que Francisco Pacheco Beltrán llevaba puesta el día de su asesinato. (Foto: Hans-Maximo Musielik)

Después del asesinato, Priscilla pidió licencia y se quedó en Taxco con su mamá. Fue ella quien identificó el cuerpo de su papá en la morgue de Iguala, la más cercana a Taxco. Ayudó a su mamá con el funeral, la cremación de Francisco, se aseguró de que hubiera peritos presentes cuando la fiscalía local se quiso llevar las cosas que Francisco llevaba con él al momento de su muerte, atendió a quienes los buscaron del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas de la Secretaría de Gobernación, de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión (Feadle) y de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV).

El domingo 26 de abril de 2016, un día después del homicidio, recibieron al Ministerio Público y a representantes de la CEAV en el patio de su casa donde las autoridades se instalaron con mesas e impresoras. Cada miembro de la familia se registró como víctima. Les prometieron apoyos, una beca para que la hermana menor de Priscilla terminara la preparatoria y la resolución del caso. Declararon ante los funcionarios del Ministerio Público. El proceso duró cinco días. El jueves 1 de mayo, cuando habían terminado, llegaron los representantes de la Feadle. Y volvieron a empezar.

Cuando todas las autoridades se fueron, la fiscalía dejó policías estatales apostados afuera de la casa, pero aún así un par de intrusos intentaron entrar. Un mes y medio después del asesinato, Priscilla recibió su primera amenaza directa.

Estaba atendiendo la tiendita de abarrotes cuando entraron dos hombres desconocidos. Le traían un mensaje. Le dijeron “que si yo le seguía buscando, la siguiente iba a ser yo”, recordó Priscilla, “y que si no quería que a mi mamá o a alguien les pasara algo nos teníamos que ir y teníamos 3 días”.

Era 10 de mayo. Por ser día festivo, ni el Mecanismo de Protección ni la Feadle ni la CEAV le ofrecieron ayuda a Priscilla cuando los buscó. El teléfono del Mecanismo, según recuerda, mandaba al buzón y el representante de la Feadle le pidió que esperara a que fuera día hábil. La Feadle no comentó por tratarse de una investigación abierta. El Mecanismo de Protección se deslindó del evento ya que ocurrió en una administración pasada.




Sus hermanos no estaban en Taxco, así que Priscilla y su mamá empacaron lo que pudieron —incluyendo la urna con las cenizas de Pacheco Beltrán— y metieron todo al bocho blanco. La policía estatal las escoltó 20 kilómetros, después las dejó solas. “Salimos el 11 de mayo de 2016 a las 5 de la mañana con la esperanza de volver algún día”, explicó Priscilla. A finales de 2021, ese día no ha llegado.

Se instalaron en un nuevo estado, en una nueva ciudad. Rentaron un departamento con el único sueldo que tenía toda la familia: los 4 mil 200 pesos que ganaba Priscilla quien se reincorporó a su trabajo en el área legal de la universidad por la situación de desplazamiento. “He tenido que contar a mis superiores mi historia, ya que me he visto en la necesidad de pedir permisos, incluso ausentarme por algunos días”, explicó Priscilla, “saben que estoy en un proceso terapéutico y mi actual jefa me apoyó para poder ingresar a la especialidad de derechos humanos”.

El Mecanismo de Protección los contactó cuatro meses después de llegar a su nuevo departamento. Les ofrecieron medidas de protección, pero para eso, les dijeron, tenían que vivir todos juntos y en una casa independiente. Se mudaron a la casa donde actualmente viven los cuatro, su perro —un husky blanco de ojos azules— y su gato.



PriscilaVerónica Romero Zamora juega con su perra Husky de ojos azules. Aunque tras del asesinato de Francisco Pacheco Beltrán, por seguridad, tuvieron que desplazarse y cambiar de residencia, hay dinámicas familiaraes que no han cambiado. (Foto: Hans-Maximo Musielik)
PriscilaLas cenizas de Francisco Pacheco Beltrán en un altar de la casa donde su familia ahora vive desplazada después de huir de Taxco con amenazas en mayo de 2016, dos meses después del asesinato. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

El año 2016 terminó y 2017 empezó sin que la familia recibiera ningún apoyo de la CEAV: ni la beca que le habían prometido a la hija menor de Francisco, ni un reembolso por el traslado bajo amenaza, ni recursos para alojamiento dadas las circunstancias de desplazamiento ni manutención para alimentación.

Ese mismo año, mientras la familia batallaba por adaptarse a un nuevo estado, a una nueva casa y a los estragos del estrés postraumático, la CEAV gastó más de 5 millones de pesos en un servicio de jardinería y fumigación —monto que excedía el máximo establecido por investigación de mercado para esos servicios. La contratación fue por adjudicación directa a Fireky S.A. de C.V., una empresa inhabilitada ese año por la Secretaría de la Función Pública. También durante 2017, la CEAV realizó gastos no comprobables por más de 200 mil pesos en viáticos y gasolina para vehículos de servicio, según un informe de la Auditoría Superior de la Federación.

Pero algo bueno estaba por suceder, al menos eso parecía. Cuatro días antes de que terminara 2017, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) reconoció que a los cuatro miembros vivos de la familia Beltrán Pacheco se les había violado su derecho a la justicia. La CNDH emitió recomendaciones a ocho instancias. Y con el inicio de 2018, los apoyos empezaron a llegar.

Cuando retomaron comunicación con la CEAV, resultó que los funcionarios de la institución no podían encontrar el registro de Priscilla, Verónica, Alí y Paloma, así que tuvieron que darse de alta una segunda vez ante el Registro Nacional de Víctimas (RENAVI). Sus registros no eran los únicos perdidos. El RENAVI está plagado de duplicados e inconsistencias, según un informe publicado por la CEAV en otoño de 2021.




Una vez arreglado el registro, la familia empezó a recibir una manutención mensual por parte de la CEAV, así como asesoría jurídica, pero nunca les reembolsaron los gastos de 2016 y 2017 ni les dieron la beca para la hermana de Priscilla.

La familia actualmente tiene cámaras de seguridad proporcionadas por la Secretaría de Gobernación afuera de la casa de Taxco. Aunque se descomponen a menudo, han grabado a hombres quitando mantas que la familia ha mandado colgar exigiendo se esclarezca el crimen. También tienen cámaras afuera de la casa donde actualmente viven, que capturaron las imágenes de un hombre armado intentando entrar en febrero de 2021. Además, su casa está rodeada de alambres de púas.

Desde 2017, cuando se instalaron en la casa de dos pisos donde actualmente viven y donde tienen su altar con las cenizas de Francisco, la familia retomó El Foro de Taxco. A veces imprimen algunos ejemplares caseros para compartir o guardar de recuerdo. Ya no lo sacan en imprenta para repartir en Taxco desde que el prensista que se encargaba de eso también recibió una amenazas de muerte. Ahora lo publican, sobre todo, en la página web y a través de WhatsApp.




JorgePertenencias y fotografía del periodista Francisco Pacheco Beltrán (Foto:Sara Mariana Benitez Sierra Documentos: Cortesía familia Pacheco)
Esquema cuatro

“A pesar de que él ya no está, nosotros hemos seguido su lucha”, explicó Priscilla, “porque él era fiel creyente de la democracia y de la libertad de expresión y su trabajo aquí está”.

En febrero de 2018, Priscilla recibió una llamada de la Feadle. En vez de un avance en el caso, le avisaron que habían recibido un testimonio anónimo que aseguraba que el asesinato se trataba de un crimen pasional. Regresarían el caso a la fiscalía de Guerrero. Priscilla necesitaba desesperadamente hablar con su asesor jurídico de la CEAV, pero ese mismo día su abogado le mandó un WhatsApp comentándole que se iba de la institución. “Ojalá te haya ayudado”, escribió.

Desde su creación en 2014, la CEAV ha brindado 15,938 asesorías jurídicas a nivel nacional, según datos de la institución. Esta investigación encontró que la calidad de esas asesorías suele ser deficiente e inconsistente. Tan solo Priscilla ha tenido 3 asesores jurídicos diferentes en el transcurso de los últimos cinco años. La actual abogada asignada al caso apenas lleva unas semanas con ellos y conoce poco del caso.

“Nosotros no le estamos pidiendo un favor al Estado”, dijo Priscilla con la voz entrecortada, “es su obligación y nos han tratado muy mal, muy mal, muy mal”.


JorgeRecibos de gastos diarios generados a partir de 2016 que la CEAV dejó de reembolsar. De forma intermitente hubo otros que a partir de 2018 sí fueron abonados. (Foto: Cortesía familia Pacheco)




De todos los casos presentados en esta serie, el de Pacheco Beltrán es el único donde la CNDH emitió una recomendación individual y personalizada para brindarles reparación integral. A pesar de que la investigación del caso sigue estancada en la Feadle, una recomendación de la CNDH podría impulsar el proceso de la reparación integral independientemente de que el Ministerio Público resuelva el caso.

En otros casos de periodistas, una recomendación de la CNDH ha ayudado a facilitar la reparación integral. El reportero Pedro Canché de Quintana Roo recibió una reparación en 2017 después de ser detenido ilegalmente y lesionado en 2013.

Ese caso, “tenía una recomendación de la CNDH y tenía el dictamen del Grupo de Expertos de la ONU sobre la detención arbitraria”, explicó Leopoldo Maldonado Gutiérrez, Director de Artículo 19, organización no gubernamental que representó a Canché y representa a la familias de Moisés Sánchez Cerezo, periodista asesinado en 2015 en Veracruz, y a la de Francisco Pacheco Beltrán.

Una recomendación de la CNDH convertiría el caso de Pacheco Beltrán en el más cercano a obtener una reparación integral, sobre todo con el antecedente de Canché. Pero “ante la falta de criterios claros al interior de la institución y ante la cantidad de casos que van llegando, pues no hay claridad sobre por qué en unos casos sí y en otros no estaban atendiendo y avanzando las reparaciones”, dijo Maldonado Gutiérrez, “el avance que se tuvo con Pedro Canché ha sido un fracaso absoluto en el caso de Moisés (Sánchez Cerezo) y de Francisco Pacheco”.

Desde 2018 los funcionarios de la CEAV han argumentado que la recomendación de la CNDH sobre el punto de reparaciones no está dirigida específicamente a la institución, por lo que se niegan a tramitar la reparación integral. La CEAV no respondió a la solicitud expresa de comentario sobre la recomendación de CNDH.

Textualmente, la CNDH emitió una recomendación dirigida a la CEAV, entre otras instituciones, que incluye la necesidad de brindar medidas de reparación. Pero en la sección de reparaciones, la recomendación dice que “se tomen las medidas necesarias para que, en vía de reparación del daño, se brinde” a Priscilla, sus dos hermanos y su mamá, acceso a la averiguación previa e información sobre el caso.

“Ellos lo toman como tal: me está recomendando, pero no me obliga”, explicó Maldonado Gutiérrez, “desde nuestra perspectiva, la recomendación debía ser suficiente y así lo marca la Ley General de Víctimas”.



Historia 5Priscila Pacheco (29) escucha uno de los audios grabados por su padre durante su tiempo de periodista. Los objetos personales, además de ser posible evidencia, se convierten en guardianes de memoria y consolidan recuerdos. (Foto: Hans-Maximo Musielik) Historia 5En casa de la familia Pacheco se acumulan documentos y objetos que permiten reconstruir parcialmente la vida y carrera de Don Francisco Pacheco Beltrán, periodista asesinado en 2006 en Guerrero. Una foto suya en la portada de un periódico local clamando justicia no solo es denuncia sino muestra de cariño entre pares. (Foto: Hans-Maximo Musielik)

A pesar de todo, cinco años después del asesinato de su papá, Priscilla sigue asistiendo a las reuniones con la CEAV, la CNDH, el Mecanismo de Protección y la FEADLE. Continúa llevando un registro meticuloso de los acuerdos. Hace malabares con su trabajo, la edición de El Foro de Taxco, tener una vida social a los 29 años y la investigación del caso.

“Estamos cansados, muy, muy cansados; física y mentalmente agotados. Yo tengo ansiedad, depresión y estrés postraumático ya diagnosticado”, dijo, “pero no me voy a dejar caer porque mi papá merece ser recordado”.





Historia 5La vida continúa y Priscila y su familia siguen publicando el Foro de Taxco. Por seguridad hubo cambios, pero en las noches y en las tardes el cuarto de su hermano Yamil Alí Pacheco (31), se convierte en pequeña redacción improvisada; junto a la cama la computadora y a un lado del armario la impresora. (Foto: Hans-Maximo Musielik)

Historia 1

“Lo único que quiero que me digan es por qué”

Parte Uno: Cuando el caso es reciente

María Fernanda de Luna Ferral y su mamá, la periodista María Elena Ferral Hernández, tenían un vínculo especial. Desde muy pequeña, Fernanda acompañaba a su mamá a hacer entrevistas y cubrir eventos; a los 18 años empezó a trabajar con ella. María Elena era su mamá, su jefa y su guía. Por eso cuando asesinaron a María Elena en marzo de 2020 el vacío que dejó fue tan grande. Desde entonces, la vida de Fernanda es completamente diferente: se tuvo que mudar a otra ciudad, decidió seguir su vocación y ha encontrado una nueva familia —una muy poco convencional.

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“Somos —de los olvidados— los más olvidados”

Parte Dos: Una sentencia no basta

Rosalba Ruiz Bautista y Ricardo Monluí Cabrera estuvieron casados más de 30 años, hasta que un hombre siguió a la pareja en su rutina de domingo y mató a Ricardo, periodista veracruzano, sin conocerlo. Rosalba ha aprendido a reconstruir su vida sin su pareja, con la compañía de sus hijos y sus nietos y valiéndose del deporte como terapia. Meses después de que le arrebataran a su marido, Rosalba encaró al asesino, testificando en el juicio que lo condenaría por ese y otro asesinato.

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Rosalba Ruiz Bautista
Jorge Uriel Sánchez Ordoñez

“Tratar de que no vuelva a suceder”

Parte Tres: Subir a instancias federales no es garantía

Jorge Uriel Sánchez Ordoñez ama el ajedrez, los acertijos, y desenmarañar madejas de información. Todo eso se lo enseñó su padre, el periodista Moisés Sánchez Cerezo, antes de ser desaparecido y asesinado en enero de 2015. Desde entonces, Jorge ha mantenido vivo el legado de su papá mientras encuentra maneras de generar un ingreso y superar el miedo constante de saber que el asesino intelectual de su padre sigue suelto.

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“Hacer justicia a través de la memoria”

Parte Cuatro: El limbo de las personas desaparecidas

En un país con miles y miles de personas desaparecidas —más de 90 mil para ser precisos— sus hijos esperan. Esperan una investigación que resuelva los enigmas de la ausencia. Esperan que sus papás regresen. Esperan tener un ápice de verdad en un mar de incertidumbre. Uno de ellos es Aldo García Caballero, uno de los seis hijos de José Antonio García Apac, periodista michoacano desaparecido en noviembre de 2006. Aldo fue la última persona en hablar con su papá por teléfono justo cuando un grupo de hombres detenía a García Apac, minutos antes de que lo desaparecieran. Eso fue hace 15 años. Desde entonces, Aldo espera.

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Aldo García Caballero
Priscilla Pacheco Romero

“Mi papá merece ser recordado”

Parte Cinco: Un sistema fallido

Desde los seis años, Priscilla Pacheco Romero repartía el periódico con su papá, el reportero Francisco Pacheco Beltrán por las comunidades de Taxco, Iguala y sus alrededores. A sus 24 años, después de titularse como licenciada en derecho, Priscilla pasó un año trabajando con su papá. Pero desde que lo asesinaron en la puerta de su casa hace cinco años, Priscilla se dedica a buscar justicia en un país donde exigir sus derechos es tan exigente como un trabajo de tiempo completo y tan frustrante como ir siempre a contracorriente.

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