“Tratar de que no vuelva a suceder”

Parte Tres:
Subir a instancias federales no es garantía

Retrato de Jorge Uriel Sanchez Ordóñez, hijo de José Moisés Sánchez Cerezo. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

La casa de Jorge Uriel Sanchez Ordoñez en Medellín de Bravo, Veracruz está congelada en el tiempo. El primer piso tiene unas cuantas varillas de esperanza en el techo —esas hebras de acero que sobresalen de la construcción dejando abierta la posibilidad de edificar otro piso. Fue lo último que construyó su papá, el periodista local José Moisés Sánchez Cerezo, antes de que lo desaparecieran el 2 de enero de 2015. La casa también está rodeada de una malla ciclónica cubierta con alambre de púas y tienen cámaras de seguridad —medidas de protección que instaló la Secretaría de Gobernación antes de que el cuerpo de Moisés apareciera sin vida 22 días después.

Para Jorge, de 36 años, la malla ciclónica, el alambre de púas y las cámaras, “dan un poco la sensación de seguridad, pero nomás hacia adentro”, explicó, “sale uno y esa seguridad se siente que se empieza a perder”. Además, tiene un botón de pánico que puede apretar si está en una situación de riesgo y dos escoltas asignados a su protección a quienes Jorge puede llamar cuando quiere salir de casa para que lo acompañen.


Jorge Uriel SanchezParte de la seguridad perimetral que reciben Jorge Uriel y su familia. Por un lado les ofrece protección , por otro es un recuerdo constante de lo sucedido. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

Hace siete años, el 31 de diciembre de 2014, la familia de Jorge recibió un mensaje, pero no eran deseos de un próspero año nuevo. Su mamá María Josefina le contó a Jorge que el entonces alcalde de Medellín de Bravo, Omar Cruz Reyes, planeaba “darle un susto” a su papá. Cuando Jorge le preguntó a Moisés si eso era cierto, le dijo que sí. Pero le aseguró que no se tenía que preocupar. Hacerle algo sería una tontería, le dijo, ya que solo atraería más atención a la administración de Cruz Reyes.

Pero el 2 de enero de 2015, como un presagio, la amenaza se materializó.

Jorge no estaba en su casa cuando llegó un grupo de ocho hombres con armas cortas y largas preguntando por Moisés. Él se enteró después, a través de lo que le contaron su vecina y su mamá: entraron por su papá y se lo llevaron en una camioneta. En la calle, dos policías vieron pasar el convoy que llevaba a Moisés sin hacer nada.

Desde el año 2000 y hasta octubre de 2021, en México han asesinado a 145 periodistas, según datos de Artículo 19 y desde 2003 han desaparecido a 25, según el registro de Reporteros Sin Fronteras. La gran mayoría eran reporteros locales. De todos estos casos, las autoridades sólo han identificado a un puñado de autores intelectuales. El ex alcalde Omar Cruz Reyes es uno de ellos, pero ninguno —incluyendo a Cruz Reyes— ha sido sentenciado.

Las víctimas indirectas, como estas 170 familias de los periodistas asesinados o desaparecidos, rara vez ven garantizados sus derechos, como tener acceso a una investigación expedita y conocer la verdad de lo ocurrido. Ninguna de esas 170 familias ha recibido reparación integral del daño.

El día de hoy, la familia de Jorge subsiste de la venta de comida que preparan en el horno de leña del patio de la casa. “Yo soy prácticamente el ayudante”, dijo Jorge entre risas, “porque lo hacen mi esposa y mi madre”. Ellas se encargan de la preparación de tamales de pollo, barbacoa y chiles rellenos que preparan los lunes, miércoles y viernes. Los vecinos de la colonia se pasan por la casa para comprar. También venden huevo, plátano, cebolla, aceite y latas de leche evaporada, así como PET y material reciclable.


JorgeProductos que Jorge y su esposa ofrecen en su tiendita de barrio en la parte frontal de su propiedad. Son varias actividades las que sustentan sus necesidades básicas para vivir. (Foto:Hans-Maximo Musielik) JorgeSi José Moisés Sanchez apoyaba su actividad periodística con sus ingresos de taxista, su hijo, José Uriel Sanchéz lo hace subido a su carrito de tamales y con una tiendita de abarrotes que operan desde su casa. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

Junto con la venta de comida, Jorge se dedica al periodismo, como su papá —aunque no le genere ingresos. Moisés tampoco vivía del periodismo y para generar ingresos conducía un taxi.

Desde muy chiquito, Jorge empezó a ayudar a su papá con: La Unión. La voz de Medellín, el medio que Moisés fundó en 1986 para informar a su comunidad. Empezó a acompañarlo desde que La Unión era una hoja tamaño carta fotocopiada y repartida entre vecinos. Después aprendió a pegar el periódico que Moisés imprimía en tres hojas carta o dos hojas oficio “formando un mural” en las ventanas de las tienditas para que más gente lo pudiera leer.



Poco a poco, después de terminar su carrera técnica, fue Jorge quien le enseñó a Moisés a usar una cámara reflex para poner fotos más profesionales en la publicación y, con la llegada del internet, publicó la versión web de La Unión en un sitio de Blogspot. Jorge tenía 18 años cuando trabajó en un laboratorio de fotografía, primero atendiendo el mostrador y después revelando. Lo que aprendió de Photoshop y Corel Draw lo usó para La Unión y también le metió diseño editorial con programas como InDesign e Illustrator. Hizo el nuevo logo del periódico. Juntos, le cambiaron el lema a La Unión de “la verdad, aunque duela” a “La voz de Medellín”.



Jorge Uriel SanchezUna foto de Moisés Sánchez Cerezo en la casa de su hijo, Jorge, colocada encima de las medallas que han recibido los hijos de Jorge, nietos de Moisés. (Foto:Hans-Maximo Musielik)


“Yo no me involucré pensando en que iba a hacer periodismo”, recordó Jorge, “me involucré pensando en que compartía tiempo con él, y de alguna manera yo le ayudaba en lo que él hacía”.

Pero le agarró el gusto. A finales de 2021, siete años después del asesinato de su padre, Jorge sigue haciendo periodismo. Lo motivan tres cosas. En primer lugar, darle seguimiento al proyecto de su padre. En segundo lugar, explicó, “es una manera de rebelarse y decir ‘bueno, pues no funcionó’” ese intento de los asesinos por cortar el flujo de información de Medellín, “no hay una victoria para ellos”, aseveró. Y en tercer lugar, añadió, “porque me gusta mucho”.

Jorge disfruta encontrar información e irla jalando como madejas de hilos que esconden la verdad. “Me gusta mucho eso de desentrañar”, explicó. Así empezó a investigar una red de corrupción en los contratos de recolección de basura a nivel municipal en 2018, que publicó un año después, en 2019, en La Unión.

Su reportaje tuvo tanto impacto en la región, que el ayuntamiento intentó (sin éxito) que lo corrieran de su trabajo. En ese entonces estaba en la sección de sociales de una revista. Para Jorge, el periodismo se trata de fiscalizar al poder, como su padre le enseñó. “Al estar vigilantes y exhibir lo que está sucediendo, vamos guiando a los funcionarios para que no roben tanto”, explicó.





El 4 de enero de 2015, dos días después de que se llevaran a Moisés de su casa, las autoridades locales detuvieron a los dos policías que dejaron pasar al comando armado que desapareció al periodista. Al día siguiente, detuvieron a dos más, y el 6 de enero suspendieron a toda la policía municipal, dejando a Medellín de Bravo a cargo de la Policía Estatal. A finales de enero de 2015, cuando el cuerpo sin vida de Moisés ya había aparecido, arrestaron al escolta del alcalde de Medellín y a dos policías municipales más.

Los policías que dejaron pasar al comando fueron sentenciados a 25 años por homicidio. A Jorge le llegaron a mencionar que la reparación del daño podría ser de entre 110 y 120 mil pesos, pero el caso se cayó por irregularidades, truncando el camino a la reparación del daño. Después se les presentó otro cargo, por incumplimiento de un deber legal, pero los policías apelaron. Hace seis años están en proceso, sin sentencia y sin resolución.

El de Moisés no es el único caso donde los procesos judiciales contra los autores materiales se atoraron por inconsistencias: en el de Gregorio Jiménez de la Cruz, asesinado en 2014, hay detenidos hace ocho años alegando que los torturaron en el proceso; en el caso de Anabel Flores Salazar, asesinada en 2016, se encontró y sentenció a los autores materiales, pero apelaron y todo el proceso va a volver a empezar.

Ese enero de 2015, mientras la fiscalía local detenía a los policías de Medellín de Bravo, el alcalde Omar Cruz Reyes pidió una licencia de 59 días, misma que el congreso de Veracruz concedió. Una vez que Cruz Reyes había salido de Medellín, el Congreso lo desaforó. Ya desaforado se le giró una orden de captura.

En ninguno de los casos de periodistas asesinatos y desapariciones “hay autores intelectuales sentenciados, puede haberlos en proceso y con una orden de captura pendiente”, dijo Leopoldo Maldonado Gutiérrez, director de la organización Artículo 19 que representa el caso de Moisés, donde hay una orden de captura para el ex alcalde. Otro caso con orden de capturar es el del asesinato de Javier Valdez Cárdenas donde se identificó al autor intelectual, quien se encuentra purgando una condena en Estados Unidos por otro crimen; jamás ha sido juzgado ni sentenciado por ordenar el asesinato del periodista.


Jorge Uriel Sanchez Jorge Uriel SanchezSegún recordó su hijo Jorge, a Moisés lo conocían como “la agencia de Medellín”, porque siempre compartía información y contactos de fuentes con sus colegas periodistas. La prensa en otras regiones del estado dependían de la cobertura de Moisés para informar sobre Medellín de Bravo. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

Esquema uno

A diferencia de los casos de María Elena Ferral Hernández y Ricardo Monluí Cabrera, el caso de desaparición y asesinato de Moisés Sánchez Cerezo subió a instancias federales: a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión (Feadle).

“Nuestra pelea desde el principio fue que lo atrajera la Feadle precisamente porque no había condiciones de imparcialidad y objetividad en el estado de Veracruz y de independencia del órgano de investigación respecto al gobernador”, dijo Maldonado Gutiérrez.

Esa pelea legal terminó a finales de 2016. Duró prácticamente dos años, tiempo durante el cual se dejó de recabar evidencia fundamental que terminaría afectando las posibilidades de sentenciar a los culpables. Desde entonces, la investigación está a cargo de la Feadle pero no tiene avances.

En diciembre de 2018, con la entrada de la actual administración, Jorge y su familia viajaron a la Ciudad de México donde acordaron una agenda de trabajo con la Feadle y el Mecanismo de Protección de la Secretaría de Gobernación.



Las autoridades se comprometieron a interpretar las sábanas de llamadas, a rastrear el vehículo en el que se llevaron a Moisés, a identificar la banda que operó el crimen, a hacer diligencia de campo en la zona de Medellín de Bravo y a sostener reuniones mensuales o bimensuales a partir de 2019 con la familia para discutir los avances. “El caso es que cuando nos tocaba la reunión nos dijeron que no había nada y ya después de plano nos dijeron que ni fuéramos”, recordó Jorge. Al tratarse de un asunto todavía en averiguación, la Feadle no ofreció comentario.

La carpeta de investigación de la Feadle tiene 30 tomos, pero para diciembre de 2021, Cruz Reyes no había sido detenido.



Historia 3Jorge sostiene una foto de su papá, Moisés Sánchez Cerezo, periodista desaparecido y posteriormente asesinado en 2015, con el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, a quien Moisés admiraba. “Ha sido muy indiferente con los movimientos sociales que lo llevaron al poder”, dijo Jorge sobre el presidente, “creo que le ha quedado a deber mucho a los movimientos sociales de personas desaparecidas, de periodistas asesinados”. (Foto:Hans-Maximo Musielik)


Jorge, sus hijos y su mamá María Josefina están registrados en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) a nivel federal. Han recibido apoyo psicológico y recetas médicas para la gripe, así como apoyo en gastos funerarios. También tuvieron asesoría jurídica hasta 2018, cuando cambió el delegado y les dejaron de dar seguimiento.

Historia 3Después del asesinato de Moisés Sanchéz Cerezo, las autoridades pusieron un puesto de control policial en frente de su casa. Hoy todo lo que queda, son unos sacos rotos, parcialmente rellenados de arena que el ganado local usa como zona de descanso. (Foto:Hans-Maximo Musielik)



Historia 3La perrita en la fotografía fue adoptada por los policías que estaban cerca de los sacos rotos que menciona Jorge. Ahora se quedó a vivir cerca de su casa y tiendita. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

De todos los casos en esta serie, el de Moisés Sánchez Cerezo y María Elena Ferral Hernández son los únicos donde la fiscalía ha identificado a un autor intelectual y le giró una orden de captura.

A pesar de que en el caso de Moisés se determinó que un agente del Estado, el alcalde de Medellín, fue quien ordenó la desaparición y el posterior asesinato, el delito no se ha clasificado como violación a derechos humanos por ninguna instancia nacional. En 2016, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió una recomendación general para un grupo de periodistas con identidad protegida, dentro de los que se presume se contempló el caso de Moisés. Sin embargo, nunca se ha hecho una clasificación o recomendación al caso en específico.

“Estamos buscando que se haga en el foro internacional debido a que el Estado mexicano ha dejado completamente en el abandono a la familia”, dijo Maldonado Gutiérrez, quien lidera el equipo que busca llevar el caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Jorge tiene bajas expectativas de que las autoridades estatales o federales resuelvan el caso. Está consciente de que puede haber negligencia, complicidad o corrupción alimentando el ciclo de impunidad. Hasta diciembre de 2021, la cuñada de Cruz Reyes era la síndica de Medellín.



Pero Jorge sigue impulsando la resolución del caso para que sirva como prevención en el futuro. “Creo que al final tiene que servir un poco lo sucedido”, explicó, “para tratar de que no vuelva a suceder”.



Historia 1

“Lo único que quiero que me digan es por qué”

Parte Uno: Cuando el caso es reciente

María Fernanda de Luna Ferral y su mamá, la periodista María Elena Ferral Hernández, tenían un vínculo especial. Desde muy pequeña, Fernanda acompañaba a su mamá a hacer entrevistas y cubrir eventos; a los 18 años empezó a trabajar con ella. María Elena era su mamá, su jefa y su guía. Por eso cuando asesinaron a María Elena en marzo de 2020 el vacío que dejó fue tan grande. Desde entonces, la vida de Fernanda es completamente diferente: se tuvo que mudar a otra ciudad, decidió seguir su vocación y ha encontrado una nueva familia —una muy poco convencional.

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“Somos —de los olvidados— los más olvidados”

Parte Dos: Una sentencia no basta

Rosalba Ruiz Bautista y Ricardo Monluí Cabrera estuvieron casados más de 30 años, hasta que un hombre siguió a la pareja en su rutina de domingo y mató a Ricardo, periodista veracruzano, sin conocerlo. Rosalba ha aprendido a reconstruir su vida sin su pareja, con la compañía de sus hijos y sus nietos y valiéndose del deporte como terapia. Meses después de que le arrebataran a su marido, Rosalba encaró al asesino, testificando en el juicio que lo condenaría por ese y otro asesinato.

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Rosalba Ruiz Bautista
Jorge Uriel Sánchez Ordoñez

“Tratar de que no vuelva a suceder”

Parte Tres: Subir a instancias federales no es garantía

Jorge Uriel Sánchez Ordoñez ama el ajedrez, los acertijos, y desenmarañar madejas de información. Todo eso se lo enseñó su padre, el periodista Moisés Sánchez Cerezo, antes de ser desaparecido y asesinado en enero de 2015. Desde entonces, Jorge ha mantenido vivo el legado de su papá mientras encuentra maneras de generar un ingreso y superar el miedo constante de saber que el asesino intelectual de su padre sigue suelto.

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“Hacer justicia a través de la memoria”

Parte Cuatro: El limbo de las personas desaparecidas

En un país con miles y miles de personas desaparecidas —más de 90 mil para ser precisos— sus hijos esperan. Esperan una investigación que resuelva los enigmas de la ausencia. Esperan que sus papás regresen. Esperan tener un ápice de verdad en un mar de incertidumbre. Uno de ellos es Aldo García Caballero, uno de los seis hijos de José Antonio García Apac, periodista michoacano desaparecido en noviembre de 2006. Aldo fue la última persona en hablar con su papá por teléfono justo cuando un grupo de hombres detenía a García Apac, minutos antes de que lo desaparecieran. Eso fue hace 15 años. Desde entonces, Aldo espera.

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Aldo García Caballero
Priscilla Pacheco Romero

“Mi papá merece ser recordado”

Parte Cinco: Un sistema fallido

Desde los seis años, Priscilla Pacheco Romero repartía el periódico con su papá, el reportero Francisco Pacheco Beltrán por las comunidades de Taxco, Iguala y sus alrededores. A sus 24 años, después de titularse como licenciada en derecho, Priscilla pasó un año trabajando con su papá. Pero desde que lo asesinaron en la puerta de su casa hace cinco años, Priscilla se dedica a buscar justicia en un país donde exigir sus derechos es tan exigente como un trabajo de tiempo completo y tan frustrante como ir siempre a contracorriente.

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