“Lo único que quiero que me digan es por qué”

Parte Uno:
Cuando el caso es reciente

Retrato de María Fernanda de Luna Ferral (Fotografía: Hans-Maximo Musielik)

María Fernanda de Luna Ferral vive en un refugio temporal desde hace 20 meses. Todos los días la joven de 25 años se despierta, se baña, se cambia y baja a la sala donde se queda hasta que termina el día y vuelve a empezar. Vive, en sus palabras, “una monotonía terrible”. Desayuna, come y cena acompañada de sus tres escoltas: policías estatales encargados de protegerla, quienes se han convertido en lo más cercano que tiene a una familia.

Pero dos años antes su vida no era así.

A principios de 2020, Fernanda estudiaba derecho en la Universidad de Veracruz, campus Poza Rica, y en las tardes trabajaba con su mamá, la periodista María Elena Ferral Hernández, editándole sus notas para el portal informativo que fundó en la zona norte de Veracruz: Quinto Poder.

También le editaba su columna “La Polaca Totonaca” que María Elena terminaba de escribir pasada la medianoche para que Fernanda la leyera y le hiciera ajustes antes de mandarla al Diario de Xalapa y publicarla en su página de Facebook pasadas las 4:00 horas. “Me gustaba mi trabajo, me gustaba ayudarla”, dijo la joven de cabello negro, cara redonda y mirada firme.

Todo cambió el 30 de marzo de 2020. Ese día, antes de salir de su casa en Papantla a las 7:00 para hacer una entrevista, María Elena se despidió de su hija dos veces. Regresó una vez más porque se le había olvidado algo y se despidió una tercera vez.

Para entonces el coronavirus ya había llegado a Veracruz. Nadie estaba exento de los nervios que implicaba una crisis sanitaria de esa magnitud, pero cuando sonó el celular de Fernanda a las 14:07 horas de ese lunes, su primer pensamiento no tuvo nada que ver con la pandemia.

“Desde que vi en el registro del teléfono que era mi tío algo en mí dijo: ya, ya fue; tu peor pesadilla se está haciendo realidad”, recordó.

En la llamada le dijeron que su mamá había sido atacada; dos hombres en moto le dispararon cuando iba en su coche. Murió seis horas después, a las 20:15, en un hospital local.

Desde el año 2000 y hasta octubre de 2021, en México han asesinado a 145 periodistas, según datos de Artículo 19 y desde 2003 han desaparecido a 25, según el registro de Reporteros Sin Fronteras. La gran mayoría eran reporteros locales. Veracruz es el estado más letal para periodistas en todo el país, con 28 reporteros asesinados desde el año 2005 a la fecha y 8 periodistas desaparecidos del año 2003 a la fecha, según datos de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de Periodistas (CEAPP).

Ninguna de las familias de periodistas asesinados y desaparecidos ha recibido reparación integral del daño.

Semanas antes del asesinato, Fernanda ya lo veía venir. A mediados de marzo, María Elena estaba escribiendo su columna en la sala cuando Fernanda vio el título de reojo: La lucha por el poder. Al leerla completa le dijo “mamá, nos van a matar si publicas eso, no lo hagas. Te van a matar”. Pero su mamá le dijo que la gente tenía que saber cómo estaba la situación en Papantla. La columna era el resultado de una investigación de la periodista sobre tres asesinatos políticos en la zona.

El temor de Fernanda no era infundado. Su mamá y ella vivieron con amenazas de muerte desde que tiene memoria. María Elena siempre le dijo que algún día la podían matar. María Elena tuvo sus primeras escoltas en 2006, cuando Fernanda tenía 8 años; se los quitaron en 2017, tres años antes de su asesinato.

“Los escoltas fueron retirados por Seguridad Pública de manera unilateral y en su momento la CEAPP no insistió”, dijo Israel Hernández Sosa en entrevista, refiriéndose a la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas, de la cual es Secretario Ejecutivo desde diciembre de 2020. Agregó que “en su momento no estimaron que el riesgo persistiera”.

Maria Elena FerralMaría Elena Ferral Hernández, periodista que vivió al menos 11 años bajo amenazas de muerte, “se cambiaba de apariencia para despistar al enemigo; el viernes antes (de su asesinato) fue a la estética y se tiñó el pelo negro, negro, negro”, recordó su hija Fernanda. (Foto & Montaje: Hans-Maximo Musielik. Fotos originales: Cortesía de Fernanda Ferral)
Maria Elena FerralMaría Elena Ferral Hernández, de espaldas, durante unas entrevistas en Veracruz. Su hija María Fernanda de Luna, recordaba cómo su madre mencionaba los retos y dificultades adicionales que suponía su profesión para ella siendo mujer. (Foto:Hans-Maximo Musielik. Foto Original: Cortesía de Fernanda Ferral).

En abril de 2020, las autoridades locales arrestaron a seis personas involucradas en el asesinato de María Elena Ferral Hernández. Ese mismo mes, la CEAPP gestionó el traslado de Fernanda para sacarla de Papantla; la reubicaron en otra ciudad donde vive en el refugio temporal desde el cual publicó la segunda parte de La lucha por el poder, la última columna de su mamá. Un mes más tarde, Fernanda fue víctima de un atentado: balearon el coche donde viajaba, pero sobrevivió.

Para pagar la renta del refugio donde vive, más el desayuno, comida y cena de ella y sus escoltas, Fernanda recibe apoyos de la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención Integral a Víctimas (CEEAIV) en Veracruz. Inicialmente también recibía apoyo para manutención y recursos para la renta de la CEAPP, pero se detuvieron cuando Fernanda decidió iniciar una carrera política.

“Yo no tuve una infancia normal”, explicó relatando que desde los 3 años su mamá la llevaba a cubrir eventos de gobernadores, regidores y candidatos, “pero no se lo reprocho. No tenía con quién dejarme y me sirvió porque vi lo que me gustaría hacer”. En esas coberturas escuchando discursos, presenciando mítines, viendo a su mamá entrevistar políticos, Fernanda descubrió su vocación.

La oportunidad de lanzarse por una diputación federal se presentó con las elecciones intermedias de 2021 cuando el Partido Verde le ofreció una candidatura. Recorrió 15 municipios con sus escoltas, escuchando a la gente. Pero la campaña vino con un precio: por entrar a la contienda y regresar a la zona de riesgo, la CEAPP le retiró la mensualidad de manutención.

Maria Elena FerralMaría Fernanda de Luna Ferral, 25, resguardada por uno de sus tres escoltas, a quienes considera familia. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

“Lo que hemos planteado de medidas es la atención emocional especializada es decir: no basta con tener un escolta o extraerte de tu lugar de origen”, dijo Ana Gladys Vargas Espíndola, Co-fundadora de Tech Palewi, una organización especializada en crisis y duelo que diseña modelos de reparación del daño. Vargas Espíndola propone que la atención del Estado se enfoque “no sólo al caso, sino en ver más a la familia para generar actos de justicia que empiecen a reparar, por ejemplo generando una fuente de trabajo”.

Solo un caso de periodistas agredidos en Veracruz ha recibido reparación del daño por la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención Integral a Víctimas (CEEAIV).

Fernanda perdió la diputación y ahora tiene una fuente de ingresos menos al mes. Parte de las promesas del gobierno, tras el asesianto de su madre, incluyeron conseguirle un empleo. A finales de 2021, eso no ha sucedido. El único sueldo que percibe hoy en día proviene del convenios que tiene con un municipio para publicar boletines en su portal informativo, Quinto Poder, el que fundó su mamá y donde trabajaron juntas hasta el asesinato de María Elena. Pero la mayoría de ese ingreso se va íntegro para pagar al corresponsal del Quinto Poder en Papantla a fin de mantener vivo el medio.

Según un informe publicado por la CEAPP en 2018, de los 318 periodistas veracruzanos encuestados entre 2017 y 2018, el 31% trabajaba en más de un medio de comunicación; el 83% trabajaba entre 6 y 7 días de la semana y el 46% menciona cubrir más de 8 horas al día, sin cobrar horas extras. Antes de ser asesinada, María Elena Ferral Hernández mandaba más de 8 notas al día a diferentes medios, incluyendo su columna La Polaca Totonaca publicada en el Diario de Xalapa, a pesar de que no le pagaban por ella.

Maria Elena FerralUna máquina de tiempo de 12 documentos. Diferentes acreditaciones de prensa que fueron usadas por María Elena Ferral Hernández a lo largo de su desempeño periodístico. Cada una definió una fase profesional en su vida trazando su evolución, sus intereses y la consolidación de una carrera. (Foto:Hans-Maximo Musielik. Documentos: Cortesía de Fernanda Ferral)

Aunque ahora es su única ocupación, Fernanda no pensó dedicarse al periodismo, al menos no al principio. A pesar de la admiración que le tenía a su mamá, la veía totalmente consumida por el trabajo y ella no quería eso para su vida. Sin embargo, con la muerte de María Elena eso cambió.

Fernanda decidió entrarle al periodismo por la falta de su madre, pero después siguió porque la gente se dejó de preguntar por qué la habían asesinado. En 2005, María Elena ganó el Certamen Nacional de Periodismo, que otorga el Club de Periodistas de México, por su investigación sobre el homicidio de Raúl Gibb Guerrero, otro periodista asesinado en la zona norte de Veracruz en ese mismo año. Así fue que Fernanda decidió continuar con el legado de su mamá: hacer periodismo para “seguir recordándolos, seguir escribiendo de ellos, porque cuando dejamos de escribir de ellos es donde se olvidan”.

Maria Elena FerralMedalla y foto del recuerdo de Maria Fernanda Ferral Luna recibiendo el premio del Certamen Nacional de Periodismo del Club de Periodistas de México en 2006. (Foto:Hans-Maximo Musielik. Foto original y medalla: Cortesía de Fernanda Ferral)

La investigación del asesinato de María Elena Ferral Hernández está abierta, la lleva la Fiscalía Especializada de Delitos Electorales y en Delitos contra la Libertad de Expresión de la Fiscalía General del Estado de Veracruz. A los seis detenidos originales se agregó uno más, sumando siete detenidos de los 11 involucrados. Entre los cuatro que continúan libres se encuentra Basilio Camerino Picazo, señalado como presunto autor intelectual del crimen. Camerino Picazo es un político local, ex diputado federal de la zona norte de Veracruz que había amenazado anteriormente a María Elena. Actualmente tiene una orden de captura, pero se encuentra prófugo.

Se buscó comentario de la Fiscalía Especializada en Veracruz, pero no se obtuvo respuesta.

Éste es el caso más reciente de esta serie, aunque no de Veracruz: desde entonces han asesinado a dos periodistas más en el estado. A pesar de que la fiscalía ha mostrado avances significativos en la captura de 7 de los 11 responsables en el homicidio de María Elena, aún falta la detención de los autores intelectuales y la resolución del caso, llegar a juicio oral y obtener una sentencia condenatoria.

La cifra de reparación integral determinada por el Ministerio Público en el caso del asesinato de María Elena Ferral Hernández podría ser de 100 mil pesos, pero ese paso sigue siendo muy lejano. Si el caso de Ferral Hernández logra sortear los niveles de impunidad en el país, Fernanda todavía tendrá que esperar hasta que los culpables agoten la posibilidad de apelar o ampararse para iniciar el proceso de reparación.

De acuerdo a Juan Carlos Gutiérrez Contreras, Director de Idheas, organización no gubernamental especializada en litigio estratégico en Derechos Humanos, “no hay un plazo establecido” para lograr acceder a la reparación integral, “pero pueden ser muchos años”. Primero, por la posibilidad de que nunca investiguen y juzguen a los culpables, pero también porque, cuando hay acusados detenidos, hay que agotar todas sus opciones de defensa, incluyendo apelaciones a la sentencia y amparos.

Además, el 24 de septiembre de 2021, la CEEAIV cambió a la abogada que le daba asesoría jurídica a Fernanda y no le han mandado un reemplazo. Desde entonces no conoce ningún avance del caso.


Maria Elena FerralUna mirada más para su madre. Una foto en blanco y negro en la que aparece descansando entre coberturas en el típico puesto callejero donde periodistas renuevan energías con un refresco y cualquier platillo rápido. (Foto:Hans-Maximo Musielik)

Por ahora, Fernanda está completamente enfocada en otro de sus derechos: la verdad. “Lo único que quiero que me digan es por qué y que me den a los verdaderos, a los que fueron, no que me engañen”.

Esquema uno
Historia 1

“Lo único que quiero que me digan es por qué”

Parte Uno: Cuando el caso es reciente

María Fernanda de Luna Ferral y su mamá, la periodista María Elena Ferral Hernández, tenían un vínculo especial. Desde muy pequeña, Fernanda acompañaba a su mamá a hacer entrevistas y cubrir eventos; a los 18 años empezó a trabajar con ella. María Elena era su mamá, su jefa y su guía. Por eso cuando asesinaron a María Elena en marzo de 2020 el vacío que dejó fue tan grande. Desde entonces, la vida de Fernanda es completamente diferente: se tuvo que mudar a otra ciudad, decidió seguir su vocación y ha encontrado una nueva familia —una muy poco convencional.

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“Somos —de los olvidados— los más olvidados”

Parte Dos: Una sentencia no basta

Rosalba Ruiz Bautista y Ricardo Monluí Cabrera estuvieron casados más de 30 años, hasta que un hombre siguió a la pareja en su rutina de domingo y mató a Ricardo, periodista veracruzano, sin conocerlo. Rosalba ha aprendido a reconstruir su vida sin su pareja, con la compañía de sus hijos y sus nietos y valiéndose del deporte como terapia. Meses después de que le arrebataran a su marido, Rosalba encaró al asesino, testificando en el juicio que lo condenaría por ese y otro asesinato.

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Rosalba Ruiz Bautista
Jorge Uriel Sánchez Ordoñez

“Tratar de que no vuelva a suceder”

Parte Tres: Subir a instancias federales no es garantía

Jorge Uriel Sánchez Ordoñez ama el ajedrez, los acertijos, y desenmarañar madejas de información. Todo eso se lo enseñó su padre, el periodista Moisés Sánchez Cerezo, antes de ser desaparecido y asesinado en enero de 2015. Desde entonces, Jorge ha mantenido vivo el legado de su papá mientras encuentra maneras de generar un ingreso y superar el miedo constante de saber que el asesino intelectual de su padre sigue suelto.

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“Hacer justicia a través de la memoria”

Parte Cuatro: El limbo de las personas desaparecidas

En un país con miles y miles de personas desaparecidas —más de 90 mil para ser precisos— sus hijos esperan. Esperan una investigación que resuelva los enigmas de la ausencia. Esperan que sus papás regresen. Esperan tener un ápice de verdad en un mar de incertidumbre. Uno de ellos es Aldo García Caballero, uno de los seis hijos de José Antonio García Apac, periodista michoacano desaparecido en noviembre de 2006. Aldo fue la última persona en hablar con su papá por teléfono justo cuando un grupo de hombres detenía a García Apac, minutos antes de que lo desaparecieran. Eso fue hace 15 años. Desde entonces, Aldo espera.

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Aldo García Caballero
Priscilla Pacheco Romero

“Mi papá merece ser recordado”

Parte Cinco: Un sistema fallido

Desde los seis años, Priscilla Pacheco Romero repartía el periódico con su papá, el reportero Francisco Pacheco Beltrán por las comunidades de Taxco, Iguala y sus alrededores. A sus 24 años, después de titularse como licenciada en derecho, Priscilla pasó un año trabajando con su papá. Pero desde que lo asesinaron en la puerta de su casa hace cinco años, Priscilla se dedica a buscar justicia en un país donde exigir sus derechos es tan exigente como un trabajo de tiempo completo y tan frustrante como ir siempre a contracorriente.

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