Yo voluntario

#HistoriasDelSismo

Victor Trejo
Al igual que miles de voluntarios, no pude quedarme cruzado de brazos. Viajé a la Ciudad de México para participar en las brigadas. No sabía en qué podría ayudar. Lo único que sabía era lo que había visto por la televisión: ciudadanos deshaciendo la montaña de escrombros una piedra a la vez. Sabía que tenía que ayudar en algo, aún fuera levantando basura o acarreando cubetas vacías, sabía que habían otros mexicanos en extrema necesidad.
Pero no quiero hablar de lo que hice sino de lo que los demás hicieron por nosotros, los voluntarios.

 

Desde el negocio que nos ofrecía WiFi, café y baños a los voluntarios, desde los vecinos que nos daban las gracias al vernos caminar, en fila en dirección al derrumbe. A las personas que preparaban comida y la repartían a la brigada que esperaba su turno para entrar, a los vecinos de la condesa, que a las 11 de la noche y más tarde aún llegaban a ofrecernos café, champurrado, fruta, tortas, comida; a quienes compartieron sus extensiones eléctricas para que los voluntarios cargaran sus teléfonos y usaran su red. A quienes hicieron posible que funcionaran albergues, para que descansáramos, comiéramos, usáramos baños sin tener que volver a nuestras casas. A quienes ofrecían transporte gratuito a los voluntarios. A  quienes nos dieron masajes para relajarnos después de 8 horas cargando botes llenos de piedras. 

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Todos participaron, de la manera que pudieron, incluso aunque fuera con sencillos mensajes de aliento, que nos hacían renacer después de una jornada de trabajo. Porque eso, era lo que nos hacía falta para volver al día siguiente. Quiero compartir 20, 30 fotos de esto.
 
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