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Se frustra retorno a Filo de Caballos

Desplazados planeaban volver en caravana a sus pueblos; exigen a las autoridades que retiren a los hombres armados

Se frustra regreso de desplazados de la sierra de Guerrero
En las instalaciones del auditorio municipal de Chichihualco, en la Sierra de Guerrero, hombres, mujeres y niños estaban decididos a volver a sus pueblos, que dejaron el pasado domingo por la presencia de un grupo armado. (ARTURO DE DIOS. EL UNIVERSAL)
Estados 17/11/2018 03:23 Arturo de Dios Palma Actualizada 04:09

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Chichihualco.— Todos se alistaban para salir. Las mujeres y los niños preparaban las pocas cosas que tenían regadas en las escaleras del auditorio municipal de Chichihualco, en la Sierra de Guerrero. Los hombres se formaban en medio del salón, todos portando una playera blanca con la leyenda de la Policía Ciudadana de ese municipio, que es una especie de autodefensa.

Todos estaban decididos a volver a sus pueblos, los mismo que dejaron el pasado domingo tras de la irrupción de un grupo armado.

Eran las 2 de la tarde. El acuerdo era comer y salir en caravana rumbo a la comunidad de Filo de Caballos, que está tomada por unos 3 mil civiles armados, como se ha informado. Horas después, como a las 5, llegó una llamada que les advertía que no salieran; que en la comunidad de Los Morros, dos pueblos antes de llegar aFilo de Caballos, los hombres armados tenían rato disparando a las casas.
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Tras la llamada el plan de regresar a sus pueblos se desactivo. “Se generó miedo entre la gente y si no quieren irse, pues no los podemos arriesgar”, explicó Crescencio Pacheco González, el ex coordinador de la Policía Ciudadana de Leonardo Bravo.

El plan era salir en caravana, por delante iría la Policía Ciudadana y atrás las mujeres y los niños. No sabían qué se encontrarían: si habría una confrontación, una emboscada o una balacera; pero lo que ocurriera, para los desplazados el responsable sería el gobierno del estado.

Esta vez no lograron regresar, pero advirtieron a la Federación y al gobierno estatalo: o sacan a los armados de sus pueblos o se van en caravana a la Ciudad de México, como las que han emprendido hondureños, salvadores, guatemaltecos y nicaraguenses para llegar a Estados Unidos.

Sin condiciones dignas. El auditorio de Chichihualco es insuficiente para albergar a 2 mil personas. Los espacios son reducidos, apenas hay dos baños; todos duermen en colchonetas que no quitan lo duro del suelo y con un cobertor que apacigua el frío. Comen lo suficiente para saciar el hambre y se bañan cuando se puede.

“Nosotros ya nos queremos ir, los niños acá están desesperados, ya no sabemos cómo hacerle para entretenerlos”, cuenta una mujer con un bebé en los brazos, mientras con la mirada sigue a sus otros dos pequeños que corren por el auditorio.
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Pero la mayoría tienen razones más profundas para querer regresar: en sus pueblos aún están sus familiares, los que no han podido salir. Allá se quedaron, sobre todo, adultos mayores. Otros están preocupados por sus animales, temen que se mueran de hambre o que los armados se los roben. Unos más quieren volver porque les han dicho que sus casas están saqueadas, balaceadas y, algunas son utilizadas como cuarteles por los invasores.

El lunes en la tarde, comenzó el éxodo en las comunidades Campo de Aviación, Los Morros, La Escalera, El Naranjo, Carrizal de la Vía, Balsamar y Tepozonalco. Un día antes llegaron unos 3 mil y se enfrentaron con otro grupo durante cuatro horas. Murieron siete civiles, hubo decenas de heridos y muchas casas y carros quedaron balaceados. El miedo los empujó a salir de su pueblo.

Cinco días después, el miedo no es lo único que está provocando los desplazamientos, también la escases. Los alimentos comenzaron a terminarse, cuentan los desplazados.

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