18 | ENE | 2020
Las especialistas consideran que las corrientes marinas, afectadas por el calentamiento global, mueve enormes masas del sargazo al Caribe. Fotos/ADRIANA VARILLAS. EL UNIVERSAL

Sargazo. Su paso ahoga hábitat del sistema arrecifal

24/12/2019
02:57
Adriana Varillas / corresponsal
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La presencia masiva de la macroalga afecta la calidad del agua que los corales requieren

“Nunca imaginé que vería morir el arrecife que describí, cuando era joven y estudiaba Biología”, lamenta la divulgadora de la Ciencia, Patricia Santos, al hablar sobre la veloz degradación de los arrecifes de coral en el Caribe Mexicano, debido al Calentamiento Global y al embate de fenómenos emergentes, como la llegada masiva de sargazo o el Síndrome Blanco.

Su charla transcurre dentro de un hospital privado en Cancún, ante un grupo de médicos reunidos, por primera vez, para comprender cómo el aumento de la temperatura comienza a incidir negativamente en la salud, no sólo de los ecosistemas, sino de la humanidad.

Ahí, la escuchan explicar cómo el hiperconsumo, la contaminación del aire, del agua y de la tierra, agudizan el Cambio Climático y hunden al planeta en una crisis ambiental que compromete la existencia de los seres vivos, especialmente de las personas.

La situación -les confiesa- la ha llevado con un psicólogo para tomar terapia, ante la certeza de que la Humanidad va perdiendo terreno frente a la crisis ambiental, cavando su autodestrucción.

“Si perdemos la batalla por la conservación del medio ambiente, ninguna otra batalla tendrá sentido”, afirma.

La bióloga y feminista, quien se desempeña como jefa del departamento del Área Natural Protegida “Manglares de Nichupté”, en Cancún, coincide con otras y otros científicos, sobre la posible extinción local de especies de coral, primero, en el Caribe Mexicano; después, en el Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM), que comparte con Belice, Guatemala y Honduras.

Incluso va más allá, al hablar de la posible pérdida de todo el ecosistema coralino o de su probable mutación.

“Hay quienes afirman que la primera víctima ecosistémica del Calentamiento Global, serán los arrecifes; o sea, un ecosistema víctima, no sólo una especie. Los fenómenos están ocurriendo tan rápido, que las especies no se podrán adaptar. 

“Si el ecosistema arrecifal no se extingue, se convertirá en otro ecosistema, en un arrecife ‘mutante’; no lo podemos saber”, advierte, en entrevista con EL UNIVERSAL.

“Los muertos nos están protegiendo”: García Rivas

Después de sumergirse en los arrecifes para mostrar su estado, la directora del Parque Nacional Arrecifes de Puerto Morelos, María del Carmen García Rivas, admite que la pérdida del arrecife es una posibilidad.

La mortandad de algunas especies de coral se ha acelerado con el Síndrome Blanco, dejando macizos de roca sin aporte de servicios ambientales. 

“Sí puedo esperar lo peor. Siempre hay que prepararnos para el peor escenario. Si no hay arrecife, la erosión estaría impresionante, no le daría ni 10 años para mudarnos de la costa a otro sitio.

“Si mañana llega otro fenómeno emergente y destruye todos los esqueletos de carbonato de calcio -porque ahorita ya tenemos barrera de esqueletos- el arrecife quedaría planito (…) es una tragedia, una afectación nunca vista”, indica.

La funcionaria ve en ello el preludio de un “desastre” mayor: El colapso de otros ecosistemas, cuyas repercusiones sociales serán más fuertes que las ambientales.
“Aquí vamos a tener un caos social, a pelearnos por el agua, por la comida. De estas películas de Ciencia Ficción que dijiste ‘ojalá nunca pase’. Pero me parece que ya no es Ciencia Ficción. En muchos países, algunas islas tienen problemas de alimentación; otros sitios, de alimento, de agua.

“En el caso de Puerto Morelos, nuestra agua se va primero a la zona hotelera, que al poblado (…) y seguimos permitiendo desarrollos pensando que tener empleo es lo mejor de la vida, cuando finalmente no tienes bienestar (…) El problema es que nuestro motor es el dinero y es un motor que nos está matando”, señala.

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María del Carmen García Rivas, directora del Parque Nacional Arrecifes de Puerto Morelos, admite que sin este ecosistema, la erosión sería impresionante.

Fenómenos previstos y emergentes

Con estudios de posgrado en Ecología Costera, Invertebrados Marinos y Restauración de Ecosistemas de Manglar, Patricia Santos explica que el arrecife mesoamericano es blanco de fenómenos inimaginables que se conocen como emergentes no por su grado de urgencia o de “emergencia”, sino porque “emergen”, “surgen” a partir del cambio de las condiciones del ecosistema, para dar pie a otros fenómenos, igualmente impensables.

“Hablando de fenómenos globales, los fenómenos previstos son aquellos que los modelos teóricos ya nos anunciaban como efecto directo de la atmósfera: El aumento de la temperatura, el derretimiento de los polos, la pérdida de masa de hielo y probablemente ciclones, huracanes, sequías, inundaciones. Son fenómenos que se anticipaba que podían ocurrir.

“Los fenómenos emergentes son los que nos toman por sorpresa, son nuevos, como efecto de nuevas condiciones, como los volúmenes del sargazo y el Síndrome Blanco que no se tenían previstos y que están relacionados con los cambios en las condiciones de salud del medio ambiente”, ahonda.

 


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La calidad del agua vs salud arrecifal

La comunidad científica que estudia el Síndrome Blanco, coincide en que su veloz propagación en el Caribe Mexicano va ligada con la deficiente calidad del agua. La enfermedad es causante del desprendimiento del tejido vivo del coral.

Las acciones humanas, “que elegantemente llamamos Cambio Climático”, han cambiado las condiciones ambientales del agua, ideales para el coral y provocan desequilibrios que, poco a poco, se agravan por la acción de la propia naturaleza, indica García Rivas.

La funcionaria pone como ejemplo a Cancún, que cumple 50 años en abril del 2020. Su infraestructura turística fue concebida de forma planificada, casi con perfección, bajo un modelo masivo que se fue de las manos.

Se desarrolló sobre dunas costeras y agudizó la erosión natural de las playas; taló y rellenó manglares, que filtran los contaminantes que llegan al mar; dañó pastos marinos y enturbia el agua lagunar y del mar, con aguas residuales tratadas inadecuadamente o de plano, vertidas sin más. 

“Seguimos manejando mal las aguas residuales y los desechos. Echamos al ecosistema nitrógenos, fosfatos que no son ideales para los corales, organismos que crecen y se desarrollan en aguas estériles, limpias, claras, carentes de nutrientes”, reconoce.

Esta condición es favorable para el florecimiento de algas y macroalgas, como el sargazo, que en grandes cantidades “aporta un factor de estrés adicional a los corales”, indica Santos González.

Sargazo putrefacto, caldo de cultivo de bacterias y virus

El sargazo que llega al Caribe Mexicano es una macroalga pelágica de las especies Sargassum natans y Sargassum fluitans, que se reproduce de forma clonal, es decir, asexualmente, flotando en el mar; duplica su cantidad de materia viva (biomasa) en 18 días.

Su origen se remonta al llamado Mar de los Sargazos, un ecosistema descrito por Cristóbal Colón en 1492, ubicado en el Triángulo de las Bermudas, indica Brigitta Van Tussenbroek, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Lo que pasó es que se generó un nuevo Mar de Sargazos o un nuevo florecimiento de esas algas en una región en donde no era abundante, que es el Atlántico Sur, entre África y Brasil y en 2010 se generaron condiciones únicas que detonaron el florecimiento de las dos especies de sargazo”, expone.

En concordancia con otros científicos, la investigadora indica que las corrientes marinas, probablemente afectadas por el calentamiento global, movieron masas enormes de esas macroalgas, hasta el Caribe, cuyas costas jamás habían resentido el arribo de toneladas de esas macroalgas, que han creado un desequilibrio ecológico “enorme”.

Van Tussenbroek se especializó en el estudio del sargazo a raíz de su llegada atípica al Caribe Mexicano, en 2015 y de los impactos que tuvo para los pastos marinos, tema de su expertis. Luego de aquel boom que tomó por sorpresa a autoridades locales y federales, la macroalga prácticamente desapareció de forma natural en 2016 y 2017, hasta que en 2018 volvió a poner en jaque a gobiernos y empresarios. El 2019 no fue distinto.

Los efectos del sargazo en los corales


Los volúmenes de estas macroalgas pardas son tales, que al llegar a aguas someras, configuran alfombras flotantes que impiden el paso de la luz solar, necesaria para la fotosíntesis de un tipo de microalga, llamada zooxantela, que vive en simbiosis con el coral, al cual alimenta y le brinda energía, detalla la Maestra en Ciencias, Rosa Rodríguez, especializada en Ecología de Arrecifes coralinos en el ICMyL.
Una vez en la orilla de los litorales, el sargazo se acumula y se pudre, liberando componentes que además de teñir de ocre al agua, representan un potente aporte de nutrientes y materia orgánica que afecta al coral, debilitando sus defensas ante patógenos y bacterias y reduciendo su fuerza reproductiva, ahonda, Van Tussenbroek.

“La descomposición del sargazo y un factor adicional, que no contábamos, que es el ácido sulfídrico, genera una elevación de temperatura impresionante, hasta 3 ó 4 grados más. 

“Por otro lado, está cambiando toda la transparencia del agua y esta marea marrón se está yendo al arrecife, además de las bacterias que genera. Tal vez aquí vino el patógeno del Síndrome Blanco”, subraya, García Rivas.

Para Van Tussenbroek, el sargazo no necesariamente aportó el patógeno, pero sí deterioró la calidad del agua, dentro del sistema oligotrófico -carente de nutrientes y materia orgánica- que los corales requieren para funcionar bien y en equilibrio.

“Esto causa estrés al coral y es como las personas, si estamos bajo mucho estrés, llega una enfermedad y nos afecta mucho más. El patógeno no necesariamente llegó con el sargazo, pero como el coral ya estaba estresado por el calentamiento global, el deterioro de la calidad del agua por desarrollo y ahora por el sargazo, llega un patógeno y afecta más”, indica.

De acuerdo con algunas hipótesis, el aporte de nutrientes de esas aguas marrón, es de ocho a 14 veces mayor al generado por el desarrollo urbano y turístico del poblado de Puerto Morelos. La oceanóloga, Melina Soto, subraya que sólo el 38 por ciento de los hogares del poblado está conectado al drenaje; el resto usa deficientemente las fosas sépticas y no les da mantenimiento.

Impactos al arrecife coralino

Melina es coordinadora en México de Healthy Reefs for Healthy People, una iniciativa que agrupa a otras organizaciones para monitorear la salud del Sistema Arrecifal Mesoamericano y generar recomendaciones de manejo para la conservación de la barrera de coral, compuesta por atolones e islas, que bordean más de mil 500 kilómetros de costa.

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Melina Soto, coordinadora en México de Healthy Reefs for Healthy People

“Hasta el último año te hubiera dicho que el golpe más duro para el arrecife eran las macroalgas, que en los últimos 10 años han mas que doblado su cobertura y rebasa más del 25 por ciento en los arrecifes de coral. Esta proliferación es una grave ameanza a los corales.

“Se ha sumado el Síndrome Blanco y hoy es la causa de mortalidad número uno en los arrecifes de Quintana Roo; regionalmente sigue siendo la calidad del agua a través de su carga de nutrientes y el blanqueamiento, por el aumento de la temperatura, las mayores amenazas a nuestros ecosistemas”, cita como parte del diagnóstico.

Perder el arrecife -explica- implica comprometer la seguridad alimenticia de millones de personas asentadas en la región mesoamericana y del Caribe; el hábitat de numerosas especies de peces comerciales, la arena de las playas, el atractivo escénico que seduce al turismo y la protección contra fenómenos extremos como huracanes y tormentas.

“Además, el arrecife es fuente de numerosas particulas de las cuales se extraen compuestos que se usan para medicinas contra el cáncer o al alzheimer”, resalta.

Para Brigitta Van Tussenbroek, perder el arrecife disminuye deja a la población costera, más vulnerable ante tormentas y huracanes.

“Ya mucho coral murió por el blaqueamiento, por el Síndrome y está perdiendo la estructura tridimensional que puede disipar la energía de un huracán. Si en este momento nos pega un huracán como hace 14 años con Wilma, mi pronóstico es que nuestra costa será menos protegida y sufriremos más que en 2005 con ese huracán”.

***Este reportaje fue producido con el apoyo de la Earth Journalism Network de Internews

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