23 | FEB | 2019
El perro desde hace años vivía en el Pico de Orizaba y por las condiciones en las que vivió su corazón creció más allá del tamaño normal (TOMADA DE FACEBOOK)

Muere Citla, el "Ángel Guardián de la Montaña"

29/09/2017
01:27
Edgar Ávila / Corresponsal
Xalapa
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“Guau. Diosito me llamó, amigos”, se despide el can en la web; el perro será sepultado en las faldas del Pico de Orizaba

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Citla, el perro criollo conocido como el Ángel Guardián de la Montaña, falleció ayer debido a complicaciones por un tumor en su hígado. 

Al can, de 14 años, que habitaba en el Pico de Orizaba, la montaña más alta de México, se le detectó un tumor en el hígado que provocó retención de líquidos y un cuadro de anemia, por lo que desde hace una semana era tratado medicamente.

Sin embargo, no respondió al proceso y la mañana de ayer pereció. Desde hacía años vivía en el Pico de Orizaba, donde se refugiaba en la caseta de vigilancia en el Gran Telescopio Milimétrico a 4 mil metros sobre el nivel del mar; en la Cueva del Muerto a 4 mil 200 metros; y en la parte alta de la montaña a 4 mil 660 metros.

Mensaje de despedida. La querida mascota, considerada uno de los mejores alpinistas de México, se “despidió” en sus redes sociales de sus seguidores con un emotivo mensaje: “Grrrrrr, guauuuu, vamos llegando a la cumbre más alta. Diosito me llamó, amigos. Voy recontento y quiero que ustedes también lo estén. Guauuuuuu, me llevo muchísimo amor, desde aquí los veo. Grrrr”, escribieron en la cuenta oficial del can en Facebook.

El presidente del Club Alpino Mexicano delegación Ciudad Serdán (Puebla) y su cuidador, Hilario Aguilar Aguilar, reportaron horas antes que el hígado del can no respondía y que tenía líquidos en sus pulmones, por lo que era inminente su deceso.

La edad exacta del can se desconocía y la leyenda contaba que un albañil contratado —como muchos más— para construir parte del Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, que se encuentra a un costado del Pico de Orizaba, lo llevó a la montaña para que le hiciera compañía.

Los relatos recuerdan que desde entonces el perro se “pegaba” al andar de los alpinistas, a quienes seguía en su viaje a la inmensidad de esa zona y se convirtió en el guía de la montaña y en el ángel guardián de las personas que subían al techo de México.

Por las condiciones en las que el can vivió durante más de ocho años en la montaña, su corazón creció más allá del tamaño normal.

El viernes será sepultado en las faltas del Pico de Orizaba.

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