El futuro, entre la desolación y la esperanza

Expertos concluyen que, al extinguirse especies de coral, serán reemplazados por algas, lo que provocará la pérdida de la estructura original del arrecife y su biodiversidad, quedando sólo los esqueletos de carbonato de calcio, que serán erosionados con el tiempo

puerto morelos
Estados 24/12/2019 08:09 Adriana Varillas / corresponsal Cancún, Q. Roo Actualizada 08:56

Ante las presiones e impactos que enfrenta y las nuevas amenazas que acechan a los arrecifes de coral en el Caribe Mexicano, en el Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM) y en el resto del mundo, las teorías sobre el futuro de este relevante ecosistema se dividen. 

Para el investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Eric Jordán Dahlgren, en el mejor de los casos, los arrecifes del Caribe Mexicano serán otros y, en este siglo, podrían perder totalmente la capacidad de brindar los servicios ambientales que aún proveen.

“Lo que nosotros conocemos originalmente se va a ir perdiendo (…) El problema es que los corales son muy lentos en crecer y reproducirse exitosamente. En término biológicos, lo veo muy triste; probablemente mis nietos no van a ver nada parecido a lo que yo vi”, lamenta.

La coordinadora para México, de la iniciativa regional Healthy Reefs for Healthy People, Melina Soto, apela a la resiliencia de los corales: 

“Son organismos que han existido desde hace siglos y probablemente seguirán después de nosotros. No creo que los corales se extingan del todo, pero sí ciertas especies”, subraya, citando los registros de Jordán.

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La coordinadora para México, de la iniciativa regional Healthy Reefs for Healthy People, Melina Soto

“En los años 80, la mortalidad de corales como el Cuerno de Alce (Acropora palmata) y Cuerno de Ciervo (Acropora cervicornis), por la enfermedad de la Banda Blanca, casi los extinguió. 

“Y siguen ahí, aunque en menos cantidad. Entonces tenemos faros de esperanza que nos permiten seguir luchando por estos ecosistemas”, dice.

Uno de esos faros de esperanza es la Reserva de la Biósfera de Banco Chinchorro, una barrera de coral ubicada en el sur de Quintana Roo, que es la única que -hasta el momento- ha librado la presencia del Síndrome blanco, destaca Lorenzo Álvarez Filip, presidente de la Sociedad Mexicana de Arrecifes Coralino, quien menciona que los esfuerzos deben concentrarse en potencializar su conservación.

Los tres concluyen que, al extinguirse especies de coral, serán reemplazados por algas, lo que provocará la pérdida de la estructura original del arrecife y su biodiversidad, quedando sólo los esqueletos de carbonato de calcio, que serán erosionados con el tiempo. 

“Si siguen estas condiciones, podemos ver un panorama muy diferente dentro de cinco o 10 años”, resume Melina, quien agrega que el arrecife, hoy, ya está colapsado, pues no se asemeja al de hace 30 ó 40 años. Álvarez Filip, concuerda.
 

Esfuerzos insuficientes, pero indispensables y urgentes

Revertir la degradación actual, es casi imposible, pero para frenarlo o disminuirlo, la ciudadanía, organizaciones, la iniciativa privada y las autoridades han puesto en marcha acciones diversas. 

A nivel regional, entre 1997 y 1998, los 4 países beneficiados por el Arrecife Mesoamericano, firmaron la Declaratoria de Tulum, en donde se comprometen a conservarlo y protegerlo. Esos acuerdos no han sido aplicados eficientemente, ni revisados, ni renovados.

El Fondo del Medio Ambiente Mundial (GEF), financia el proyecto “Manejo Integrado de la Cuenca al Arrecife del SAM” (MAR2R), enfocado en la costa, las cuencas, los recursos costeros y marinos, y el monitoreo y evaluación de la iniciativa, durante 5 años.
 
Localmente, el Instituto Nacional de Pesca (INAPESCA) y el gobierno de Quintana Roo desarrollan desde finales del 2016 un proyecto para repoblar, con 265 mil corales, la zona arrecifal en el norte del estado, para el 2022. 

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Cruceros en Cozumel

La cifra podría llegar a las 300 mil colonias coralinas e incluye 13 especies, entre ellas, Acropora Palmata, Acropora conífera, Acropora cervicornis y miles de microfragmentos.

La Comisión de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), junto con la UNAM, Inapesca y Healthy Reefs elaboraron en 2019 un Plan de Acción para contrarrestar el Síndrome Blanco, lo que incluye acciones de sensibilización e información a la iniciativa privada, turistas y pobladores. El programa es voluntario.

Para el manejo del sargazo, el gobierno del estado invirtió en 2018 más de 300 millones de pesos en la colocación de barreras para detener su avance y retirarlo de playas públicas; su eficacia es resultado de la prueba y error. 

En 2019 repitió y afinó su estrategia; además incorporó la colaboración de la Secretaría de Marina (SEMAR) para atender el tema. El gobierno informó el 10 de diciembre pasado, que de mayo a octubre, se recolectaron 544.15 toneladas de sargazo en el mar y 84 mil 549, en la orilla de las playas, con la participaron de 22 mil 602 personas, entre funcionarios públicos y ciudadanía voluntaria.

Se colocaron 13 mil 377 metros de barreras en el mar, atendiendo una longitud de playa de 18 mil 057 metros. Además, se adquirieron 4 barredoras de sargazo.

Recientemente la administración estatal rescató y reparó, junto con la SEMAR, una embarcación sargacera que fue abandonada en 2015; tiene capacidad para recolectar hasta 80 toneladas diarias de sargazo en aguas someras; atracó en Puerto Juárez el nueve de diciembre pasado y entrará en operación durante la primavera del 2020. La Marina construye seis barcos para cosechar la macroalga y tiene un listo.

A iniciativa de la comunidad de Puerto Morelos, existe un Protocolo de Acción del Sargazo, el más avanzado en el estado, que involucra a la hotelería, la comunidad científica, prestadores de servicios y gobierno municipal. Establece las directrices para instalar barreras, usar barcazas, recolectarlo a mano, disponerlo en confinamientos especiales e industrializarlo. 

Al cierre del 2019, 12 de 17 hoteles de aquel poblado, compraron sus barreras y las colocaron en su frente costero. El Protocolo fue presentado en una reunión de Alto Nivel en Isla Guadalupe, territorio francés de Ultramar, en octubre pasado y ha sido base para orientar las acciones en el resto de la entidad.

En Cancún, más de nueve mil ciudadanos y funcionarios públicos, limpiaron manualmente las playas, durante 15 sábados, del 18 de mayo al 31 de agosto. Retiraron un promedio de 817 toneladas de macroalgas, como parte de una estrategia que el gobierno municipal denominó “Todos contra el sargazo”, premiada por el Reed Latino Awards 2019, como mejor campaña de prevención y protección civil.

De octubre a agosto de 2019, la administración municipal dijo haber recogido 17 mil toneladas de sargazo de las playas.

En paralelo, existen proyectos que concursan por fondos del Consejo Nacional para la Ciencia y Tecnología (Conacyt), a fin de construir Observatorios de Monitoreo de Sargazo y sistemas de alerta temprana; hay proyectos particulares para aprovechar y comercializar el sargazo, como fuente de energía, en la confección de calzado, libretas y utensilios de cocina. 
 

Urgen a detonar revolución ética y de conciencia

El cúmulo de esfuerzos enlistado, no basta, de acuerdo con las voces que aparecen en las dos entregas de este reporte. 

“Las medidas no alcanzan, pero se tienen que hacer. No necesita ser suficiente, ni lo oportuno, ni como anillo al dedo, pero hay que hacerlo. Es como un proceso nuevo, largo, complejo, con causa-efecto, a veces conocido, a veces desconocido. 

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La biológa, Patricia Santos

“Las acciones positivas, de cuidado, sanadoras, restauradoras, hay que hacerlas, porque probablemente haya algún cambio de fase, de nutrientes, de modificación genética que dé buenos resultados”, alienta, Patricia Santos.

Melina Soto, simplifica: “Hay que dejar de consumir como si hubiera otro planeta, porque solo tenemos este”. María del Carmen Rivas llama a la acción contundente.

“Se requiere de una revolución ética y de comportamiento; ser más activistas (…) Hay que ser más ciudadanos y hacer comunidad, pero el problema es que no todos sabemos ser comunidad. Tenemos que ser más respetuosos con nuestras vidas, con la naturaleza. Nos preocupamos mucho por la muerte y poco por la vida”, dice.

Santos González apela a la razón. “Ninguna especie inteligente destruye su ecosistema. Lo ético es reconocer que como individuos no estamos solos. No es moral saquear el planeta”, concluye.

* Este reportaje fue producido con el apoyo de la Earth Journalism Network de Internews

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