Le tocó decir: “¡Paren rotativas!”

En los 70, Juan José Rodríguez Batta cubrió el secuestro y asesinato del hijo del embajador de México en Estados Unidos Hugo B. Margáin
Juan José Rodríguez Batta, mejor conocido como JJ , también le tocó cubrir la primera visita del Papa Juan Pablo Segundo a México en enero de 1979; principalmente en lo concerniente a la seguridad (VALENTE ROSAS. EL UNIVERSAL)
2016-10-03
Aida Castro Sánchez
-A +A

[email protected]

“Todo el tiempo que pasé en EL UNIVERSAL aprendí mucho, fui comodín; es decir, hacía de todo un poco: estuve en la sección de Cables (Internacional), fui corrector de estilo, redactor, reportero de guardia, le entraba a todo”, dice el periodista Juan José Torres Batta al recordar los años que laboró en este diario. A los 33 años Batta inició sus estudios en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, de 1975 a 1979, tiempo en que también trabajó en este periódico al lado de Fidel Samaniego Reyes, su compañero de generación y cronista en esta casa editorial.

“Desde el inicio de la carrera, varios compañeros de la Septién, como Samaniego, Eduardo Arvizu Marín, Antonio Sienra Pacheco, quien llegó a ser Subdirector de este diario, Guillermo Valencia y Juan Rodríguez, estuvimos colaborando en el periódico”, nos dice el también ganador del certamen de Periodismo del Club de Periodistas de México en 1979.

Batta nos comparte que empezó sus pininos en el periodismo en los años cincuenta, cuando acompañaba a su padre, el diputado del PAN Juan Torres Ciprés, a las instalaciones de la revista La Nación, donde convivió con Carlos Septién. Después estudió Ciencia Política en la UNAM, carrera que dejó para dedicarse al periodismo.

Tras una trayectoria periodística de muchos aprendizajes, casado y con dos hijos, en 1980 dejó este diario y la ciudad para ir a radicar a León, Guanajuato, donde además de impartir clases de periodismo en el Instituto Latinoamericano de Ciencias y Humanidades, en 2014 se lanzó como candidato independiente por la alcaldía de León. Ahora, a sus 74 años estudia un doctorado en Ciencias de la Educación.

Ganador del Premio de Periodismo

La noche del 30 de agosto de 1978 el reportero JJ, como le decían en la redacción a Batta, hacía la guardia junto a su compañero Antonio Sienra, hace una llamada a las agencias del Ministerio Público en busca de la nota, en el municipio de Chalco le avisan que tenían el cuerpo de un hombre como de 35 años, blanco, robusto y con algo de calvicie, dentro de una bolsa de campaña, el cual sólo portaba calcetines, con una herida de bala de 9 mm en la pierna derecha. El cadáver tenía huellas de que habían intentado parar la hemorragia de la herida sin éxito y además presentaba golpes.

Ambos reporteros intuyeron que era algo importante pero no se imaginaron que se trataba del cuerpo de Hugo Margáin Charles, director del Instituto de Estudios Filosóficos de la UNAM e hijo del embajador de México en Estados Unidos, Hugo Margáin, y quien había sido secuestrado el 29 de septiembre en las inmediaciones de Ciudad Universitaria.

“Llegamos cerca de media noche, lo vimos en la plancha en el forense, no se había levantado acta ni nada, sacamos fotos, le preguntamos a un médico forense las circunstancias de la muerte, cuando llegaron diversas fuerzas policiacas y nos dijeron: ‘ya saben que no hay fotos, ni apuntes, ni nada’ y nos quitaron el rollo de las fotos”.

Personal de Gobernación ya había identificado el cuerpo y les mencionaron que nada de eso se iba a hablar. “Toño y yo nos miramos y dijimos, cómo que no se va a hablar; entonces para qué estamos aquí. Nos salimos, buscamos un teléfono para llamar a la redacción para dictar la nota. Les dijimos: ‘Creo que van a tener que parar las rotativas’. Como de película y sí hicieron eso, salió una portada para el DF y otra portada para provincia que era la primera que se iba, como las tres de la mañana”.

La nota se publicó el 31 de agosto de 1978, con el título “Secuestran y matan a Hugo Margáin Jr.”, firmada por los reporteros Juan José Torres y Antonio Sienra. Al año siguiente ganó el Certamen Nacional de Periodistas que otorga el Club de Periodistas de México.

Una entrevista que casi lo mata

El 8 de septiembre de 1974, Rubén Figueroa, candidato del PRI a gobernador de Guerrero, fue liberado, tras ser secuestrado por la guerrilla de Lucio Cabañas, según la versión oficial. JJ nos cuenta su experiencia al tratar de platicar con el priísta: “Cuando Figueroa fue liberado, me mandaron a entrevistarlo aquí por la Alameda, aunque sabía que no concedía entrevistas. Me paré enfrente de él, le pregunté si me daba una y me contestó muy golpeado: ‘No doy entrevistas’. Al seguir insistiendo se llevó la mano a la cintura, agarró su arma y me repitió: ‘Ya te dije que no doy entrevistas’. Tenía que cumplir con mi cometido pero llegué a la redacción y les dije pues no se pudo la entrevista y que casi me cuesta la vida”.

Los bombazos en Astor y Blanco

El 13 de mayo de 1978, las tiendas de ropa Astor y Blanco, ubicadas en el centro de la capital, se incendiaron tras un atentado de bomba atribuido a la organización guerrillera Unión del Pueblo. Noticia que Batta cubrió para EL UNIVERSAL.

“Un cuate se había ido de parranda a la cantina La Faena, en el centro de la capital y me habla como a la una de la mañana a la redacción para decirme: ‘JJ acabo de oír un bombazo y un edificio se está incendiando, creo que es uno de telas, creo que es el de Blanco’. Le respondí que se fuera a su casa porque no le creí, pensé que estaba muy borracho”, relata.

Al segundo bombazo, Batta avisó en la redacción y se fue a investigar. “Lo más tétrico que vi en la tienda Astor fue al velador que, tras el incendio, estaba agarrado de una reja, totalmente carbonizado. A los veladores para que no robaran los encerraban con llave, entonces este señor se quedó carbonizado en la puerta, agarrado de la reja, puro carbón. Ahí trabajé todo un día completo, desde la una de la mañana y parte de la noche. Como a las ocho nos dice el jefe de Bomberos: ‘Córranle muchachos está tronando el edificio… y se cayó sobre unos bomberos y los mató”.

Jóvenes bailarines, originarios de Michoacán, salieron a las calles a botear para reunir cerca de un millón de pesos y así cumplir su sueño de competir en un festival de danza folklórica en Turquía