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Arte que sana y acompaña

DÉCADA DE LOS CINCUENTA La ideología de los pintores de la época se plasmó en los murales de algunos hospitales
José Clemente Orozco con sus asistentes.
2016-05-23
Jimena González Bernal
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Cuando el usuario acude a un instituto de salud, difícilmente se percata de los elementos que hay a su alrededor. El estrés que provoca una consulta, tratamiento, visitar a un paciente, o peor aún, llegar al área de urgencias, evita identificar la sensibilidad hecha arte que algunos muralistas de la Escuela Mexicana dejaron como legado dentro de las instalaciones de estos lugares. 

Si se hace un recuento de lo que pasó durante los movimientos artísticos del siglo XX, se identifica una serie de obras de este estilo, atesoradas al interior de recintos hospitalarios, un ejemplo es el Centro Médico Nacional La Raza, en donde David Alfaro Siqueiros plasmó su monumental obra denominada “Muerte del Trabajador y marcha hacia adelante, la energía creadora” y “Por una seguridad social integral al servicio del pueblo”, donde se muestra el esfuerzo de los trabajadores mineros, el peligro de los accidentes de trabajo y el deber del Estado de proteger a sus ciudadanos.

De igual manera, se pueden apreciar magníficos murales en el Hospital Infantil Federico Gómez, con temas alusivos a la pediatría, los cuales son testimonio del trabajo de grandes maestros plásticos.

Con la intención de dejar al descubierto los detalles, en varias ocasiones EL UNIVERSAL llevó a sus lectores por un recorrido a través de líneas, para identificar los destinos donde se pintaron las piezas y así conocer las características que resaltan de cada una de ellas. 

Se entrevistó a Antonio González Orozco quien se dio a la tarea de describir “El Apocalipsis”, de José Clemente Orozco, que se encuentra en la que fuera la Iglesia de Jesús Nazareno que formó parte del primer hospital creado en América por Hernán Cortés, lugar que está por alcanzar 500 año de antigüedad en el Centro Histórico de la Ciudad de México. 

Por su parte, David Alfaro Siqueiros pintó en tres muros del vestíbulo del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional la “Apología de la futura victoria de la ciencia médica sobre el cáncer”. Asimismo se pueden apreciar bellos murales en el Instituto Nacional de Cardiología, elaborados por el gran pintor Diego Rivera. 

 

“Cada artista cuya obra me gustaba, me interesaba y analizaba, me hacía guiños para que la imitara. No hubiera sido difícil entonar mi voz como la suya”, 
Antonio González Orozco
Pintor y muralista mexicano 

 

Siguiente parada

 Rivera dio vida a “El pueblo en demanda de salud”, en un tablero de aproximadamente 100 metros cuadrados que se refiere a la historia de la medicina en México, haciendo una reproducción del códice de la Cruz Badiano. Durante una entrevista realizada por EL UNIVERSAL en 2014, Antonio González Orozco recordó los mejores momentos de su vida dentro del mundo del arte, así como sus principales trabajos, entre ellos “Historia de la Medicina en México”, que se encuentra en el Hospital de Jesús, cimentado por el conquistador.

Para ser exactos se halla debajo del friso colonial atribuido a Juan de Arrúe, en el primer piso, donde el último muralista vivo del Siglo XX, retrató entre la década de los 60 y 70, el encuentro de Moctezuma y Cortés, haciendo alusión a la medicina prehispánicas y el establecimiento de esta ciencia occidental en Latinoamérica.

 

Asimismo “El gran diario de México” ha registrado a través de sus páginas acontecimientos importantes como la inauguración de los murales de La Raza, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), cuyos protagonistas fueron David Alfaros Siqueiros y Diego Rivera, que, junto a José Clemente Orozco, se consideraron como los tres grandes muralistas de México.

 

“Por una seguridad completa y para todos los mexicanos”, es el título que dio Siqueiros a la pintura que realizó de 1952 a 1954, sobre una estructura hecha por del arquitecto Enrique Yáñez. Se trata de 300 m2 del vestíbulo del auditorio Antonio Caso, del Hospital de Jesús.

 

Un aliento artístico

 

La presencia de Rivera también se descubre al interior del Hospital Infantil de México Federico Gómez, con títulos como “La piñata” y “Los niños pidiendo posada”, de 1953, donde los personajes principales son los pequeños, que en la primera obra rompen uno de los elementos tradicionales de la Navidad, mientras que en la otra recrea el pasaje bíblico que pasaron María y José, pero con la presencia de menores.

Al legado artístico de este nosocomio se suman los trabajos de Fabby Rabel, con su obra de 1982 llamada “Hacia la salud”; “Este es mi mundo”, creación de David Correa en 2003 y de 1951 está “Desnutrición”, de Francisco Eppens. Asimismo se cuenta con “Translación”, de Carlos Torres, que data de 1999 y de este mismo año sobresale “La Familia”, de Miguel García Marqués de Jadraque.

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